Los muertos ajenos.

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Por JOSÉ DANILO SALAZAR

En los trece maravillosos años que viví en San Gil, ocurrieron varias  situaciones violentas que dejaron recuerdos que persisten en mi mente, a pesar de haber pasado varios años desde su ocurrencia, sobre todo porque algunos sucesos de ese tipo siguen siendo cotidianos, forman parte de nuestra realidad,  atravesada por una violencia recurrente que parece no tener remedio, que no para, y que llena de dolor a muchos seres humanos y sus familias.

La primera de esas historias ocurrió en mi vecindario, cuando mi esposa me preguntó si yo conocía  a doña Doris, porque corría el rumor que la señora se había enloquecido y que estaba de pelea con la familia de su marido, como yo no caí en cuenta de a quién se refería mi mujer, ella  me explicó con pelos y señales hasta que yo supe de quién era que me estaba hablando, la mencionada dama era una señora muy humilde, pero a la vez una persona muy servicial, yo la había visto unas pocas veces en mi casa, dándole una mano a mi mujer en sus oficios domésticos, y sabía que era muy conversadora si se le daba confianza, pero que llegando yo a la casa, la señora se ponía muy callada y se sentía apenada cuando la veía haciendo oficios domésticos; sucedió que llamaron a la mencionada señora a reconocer un cadáver que estaba en la morgue como N.N., y a  quién ya habían reconocido como su hijo y hermano, los suegros y cuñados de doña Doris cuando ella se presentó y miró el cadáver con detenimiento, negó conocerlo, situación que le generó insultos, improperios y amenazas de los parientes de su marido, quienes le reprochaban diciéndole que para haber sido mujer del fallecido y haber tenido hijos con él, era una descarada porque ahora que estaba muerto, le iba a negar un sitio de velación, para que pudieran despedirse del finado, sus amigos y parientes.

Ante la reacción de las familia del muerto, doña Doris soltó el llanto y decía que ese no era su esposo y que ella no iba a permitir que metieran un desconocido a su casa para que lo velaran. La familia de muerto insistía con argumentos y amenazas para que ella accediera a velarlo en su casa; le decían que no fuera desagradecida y mala mujer, que lo mirara bien, que por qué se negaba a reconocer al padre de sus hijos, y ella solo lloraba y decía que ese no era su marido, por lo que la familia del difunto creyó que la negación se debía al trauma emocional de encontrar a su esposo muerto después de un tiempo de no saber de él, porque el hombre era un agricultor que se desaparecía por dos o tres meses y a veces más tiempo, y volvía su casa con dinero y contando en qué parte había estado echando unos cultivos.

La situación de tira y afloje terminó cuando los parientes del finado compraron el ataúd y lo metieron a las malas a la casa de ella e iniciaron los rezos y la velación y la obligaron a estar pendiente para atender a parientes, familiares, conocidos y, por supuesto, los chismosos atraídos por la historia de la señora enloquecida por la muerte de su marido. Ella solo lloró y lloró, y entre uno y otro llanto le contó a todo el que quiso saber,  que ese no era su marido, y por lo general los que la escuchaban, salían compadecidos con la pobre señora que había perdido la cordura; así transcurrió parte del día y de la noche, el velorio fue suspendido a altas horas de la noche cuando el marido de doña Doris llegó, la llamó y le preguntó a quién estaban velando en la casa de ellos; los parientes del muerto ante la evidencia, se disculparon con ella y reconocieron que realmente ella si conocía a su marido y ellos estaban muy equivocados.

Esta historia podría considerarse graciosa, y hasta  ocasionar una  sutil sonrisa, si no fuera porque la misma realidad terrible de velar a un desconocido la vivieron varios de los familiares de desaparecidos en palacio de justicia, en la toma de la guerrilla del M -19,  cuando, luego de años de negación del holocausto, les entregaron unos restos calcinados a los que dieron sepultura, para enterarse después, que esos no eran los restos mortales de sus parientes, sino de otro masacrado en los mismos hechos; cuando el encargado de la retoma del palacio, a sangre y fuego, acabó con guerrilla, magistrados, empleados, visitantes, a quién no cayó asesinado en el sangriento ataque lo sacaron, torturaron y asesinaron sin ningún juicio. A esa actuación desmedida y arbitraria, se le llamó “rescatar la democracia maestro”, qué frágil memoria tenemos los colombianos, qué pobre sentido de la institucionalidad nos queda y qué poca herramientas para aplicar justicia y castigar  a los que delinquen sean enemigos del estado, o formen parte de él. Los villanos y los salvadores en ésta toma se igualaron en salvajadas.

El segundo episodio a que me referiré, ocurrió en la vereda” las vueltas de Curití”, allí, en un paraje desierto, aparecieron dos cadáveres que fueron colocados en la morgue de San Gil, al lado izquierdo de la capilla del cementerio. Se formó una verdadera romería para ir a curiosear y tratar de identificar a los muertos, el misterio no se resolvió, o yo no me di cuenta, posteriormente surgió la historia que esas dos personas jóvenes, masculino y femenina, eran guerrilleros del M-19, encargados de recibir el dinero del rescate de Camila Michelsen, hija de Jaime Michelsen, dueño o accionista mayoritario del banco de Colombia, e investigado en ese tiempo por manejos de dinero poco claros; según el rumor, al cobrar el rescate, estos supuestos negociadores no lo habrían entregado a la organización y se habrían fugado con el dinero, razón por la que fueron capturados y ajusticiados por sus compañeros delincuenciales.

Lo mismo que en el caso anterior, puede decirse que la situación sigue  ocurriendo hoy día, cada rato oímos de la aparición de fosas comunes, donde se sepultaron como N.N. personas de procedencia diversa, imagínese amable lector, si a uno de nuestros parientes, que no viven cerca de nuestra ciudad, lo desaparecen y arrojan su cadáver  cerca a nuestra residencia, aunque supiéramos de su desaparición es casi seguro que no se nos pasaría por la mente ir a la morgue para intentar identificarlo, convencidos que aparecerá por su vecindario de siempre; aun no sé como se enteraron las madres de Soacha, sobre la villanía cometida contra sus hijos, al hacerlos aparecer como guerrilleros dados de baja en combate, pero me imagino su incredulidad y desconcierto inicial.

La tercera historia tiene que ver con el asesinato en Bogotá del señor Gonzalo Chacón.  Sangileño, cuya familia donó a la curia de ese municipio una casa de retiro ubicada en la carrera novena con calle quince, donde pasan sus últimos años los sacerdotes retirados de su labor pastoral. El señor Chacón era propietario del zoológico “Santa Cruz”, en la vía al municipio de “Mesitas del Colegio”, sus restos mortales fueron traídos y sepultados en el cementerio local, posteriormente fue ordenada su exhumación para efectos de investigación, diligencia de la que me enteré por vivir frente al cementerio, cuando vi llegar la caravana policial y la aglomeración de curiosos me encerré en mi casa, sugestionado por la posibilidad de recibir malos olores, al día siguiente supe que al sepulturero le habían ofrecido unos pocos pesos y media de aguardiente “superior” como pago para desenterrar el cadáver, contó mi amigo el chismoso, que él se había pillado todo, por estar rezando en la capilla del cementerio a la hora de la exhumación, que le impactó que luego de tomarse a pico de botella la media de aguardiente, el sepulturero, sin ningún tipo visible de incomodidad sacó el cadáver que estaba  en terrible estado de descomposición, por llevar como dos meses enterrado, y que la única ceremonia que hizo, fue empaparse en alcohol terminado el procedimiento.

En los ochentas, como fruto de una negociación con las F.A.R.C., surgió el partido político La Unión Patriótica, o U-P, en esos años asesinaron al abogado Lucho Osorio, político liberal que asumió la silla de congresista de la que era suplente, pues el principal había dejado de asistir a sesiones sin presentar excusa; creo recordar que esta actuación le costó al el Dr. Osorio los afectos del partido liberal, razón por la cual fue candidato al senado por la U-P , lo curioso es que el Dr. Lucho había sido, abogado defensor de unos “masetos”, integrantes del movimiento “muerte a secuestradores”, fundado por los Ochoa luego del secuestro de su hermana Blanca Nieves; este grupo se reputa como pionero de las autodefensas que terminaron en para-militares con ayuda del estado.

Otro muerto de esta época de exterminio contra la U-P, fue un caballero,  que si mal no recuerdo, era hermano del señor Hernán Mota Mota, quien era el presidente del partido en esos momentos; en  Curití, municipio distante unos ocho kilómetros de San Gil, un día sábado en la tarde se llevó a cabo un acto de campaña en la plaza pública de la localidad, al salir la caravana del ramal de del citado municipio, a la vía principal, Bogotá- Bucaramanga, la caravana fue baleada, según los rumores, los asesinos se movilizaban en una camioneta que días antes  había sido detenida para ser  investigada por papeles, decían los chismes, que el Lunes siguiente a primera hora el vehículo le fue devuelto a su propietario.

Un grupo de amigos, entre los que se encontraba don Jorge Ferreira, famoso y honrado radio técnico, que aun vive, y algunos docentes, entre esos yo, salíamos dos o tres veces por semana a trotar por los alrededores de San Gil. Como don Jorge era el distribuidor de “Voz Proletaria“   en ese municipio, lo que costó un canazo de 15 días, en el gobierno del chiquito Lleras año 1968, y en el tiempo de la matanza selectiva, era suplente del concejal de la U-P en San Gil, por físico culillo, dejamos de salir un tiempo a trotar con él, pensando que a un ser bonachón y buena persona como don Jorge lo podrían asesinar muy fácilmente,  y nosotros  también estaríamos indefensos.

Espero que mis amigos santandereanos u otros puedan ayudarme a terminar esta crónica, que dejo en obra negra por carecer se datos para clarificar el fin de las segunda y tercera historias, sería bueno saber si realmente el M-19 asesinó por ese motivo a dos de sus integrantes, y conocer los motivos y autores del asesinato del señor Chacón.       

4 COMENTARIOS

  1. Que si graciosa la historia….
    de la señora que le cargaron el muerto de su marido…. graciosisima pero los anales de las otras muertes son francamente muy tristes y dolorosas, gracias Danilo por compartirnos sus extraordinarias cronicas .

    • Que si graciosa la historia….
      de la señora que le cargaron el muerto de su marido…. graciosisima pero los anales de las otras muertes son francamente muy tristes y dolorosas, gracias Danilo por compartirnos sus extraordinarias cronicas .

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