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PolíticaLos que se fueron y los que se quedaron

Los que se fueron y los que se quedaron

Por JUAN GUILLERMO ÁNGEL MEJÍA

 El ying y el yang, el circulo dividido por una línea en la cual el blanco se entremezcla con el negro, tal como el Taoísmo plasma la dualidad de todo lo que existe en el universo: es necesario el mal para que exista el bien, la muerte es la consecuencia de haber nacido, la luz requiere de la oscuridad para que se distinga la forma y el color.

Una muestra que nos llamó la atención de esa coexistencia de los opuestos es aquella que rueda en las redes: de un lado la fotografía del recientemente fallecido Herbin Hoyos, a quien califica como el portavoz de los secuestrados y enfrente, a quien denomina como el vocero de los secuestradores: a un lado está el apóstol de la libertad y de la vida, al otro Iván Cepeda, quien posa sonriente con los secuestradores abrazando a Santrich; a un lado el que habla a los miles que se pudren amarrados con cadenas en la manigua, al otro quien es sistemáticamente favorecido por las cortes y hasta logra que su esposa sea contratada en una de ellas; a un lado el solitario que habla a la media noche con los dolientes, al otro quien visita 21 veces a un testigo con excusa de verificar si se cautelan sus derechos; a un lado quien tiene que salir del país ante la amenaza a su vida, al otro aquel quien visita cárceles en el exterior, con viáticos oficiales, para conseguir testigos; cómo contrasta la modestia del uno con el boato del otro quien nos cuesta por lo menos centenares de millones de pesos; cuántas diferencias entre el amor y el odio.

Por sus fallos los conoceréis decimos parodiando a Jesús, así que para que brillen los jueces justos deben desaparecer los corruptos, necesitamos creer en la justicia, acatarla y respetarla por lo tanto esperamos que ella supere el trágico cartel de toga y rechace las ponencias y fallos contraevidentes y que violan los derechos de los defendidos.

Será que el caso ODEBRECH que ya produjo condenas en otros países finalmente se inicie en el nuestro y considere pruebas conocidas; que tal las declaraciones públicas de Prieto aceptando haber recibido dineros de una empresa extranjera para la campaña de Santos, o la declaración de confesos como el Ñoño Elías, o el tuso Ospina ignoradas por las cortes, o los escritos de quienes no pueden ser señalados de derecha como Aurelio Suárez y Armando Benedetti y que pasaría si la JEP oye los dolorosos audios que trasmitiera Las Voces del Secuestro.

Por lo menos merece un análisis la conducta de los magistrados quienes negaron a la defensa el derecho a contrainterrogar al único testigo del caso de mayor importancia en Colombia, personaje que ahora se esconde temeroso de que finalmente le pregunten como fue que preso tenía 6 teléfonos con distintos números, como y con qué adquirió desde la cárcel una finca cafetera, a qué se debían los lujos con que disfrutaba en la prisión, qué decían los chat que milagrosamente desaparecieron cuando se le cayó el teléfono a su asiduo visitante, el senador Cepeda.

Las Cortes están en mora de mirarse a sí mismas y corregir lo que sea corregible, reconocer los errores si los hubo y devolverle la respetabilidad a la majestad de la justicia

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“Hay golpes tan duros en la vida, yo no sé” tantos de los buenos, tantos de los que ya no hay que se han ido y nos duelen en el alma, el último que nos dejó, Carlos Eduardo Ángel, el ingeniero que sumaba y  restaba con su inteligencia, que no tomaba prestada la artificial que todo lo sabe, el compañero solidario cuando se necesitaba, el pereirano raizal con la bandera soldada al alma, el heredero de una raza que se arropó en la ruana sin olvidar la capa castellana,  hasta siempre viejo querido, buen tiempo y buena mar.

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