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LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

ActualidadMarginalidad: no más discursos

Marginalidad: no más discursos

La paz en Colombia no se dio en las dimensiones que se pretendió. Las negociaciones con un sector de las FARC fueron importantes pero no suficientes. Se califica como un paso inicial, a pesar de que los desarmados no han cumplido con las víctimas la satisfacción material y otros puntos para quedar a salvo con las pendientes cuentas de reparación como tránsito a la reconciliación definitiva. De todas maneras se reconoce que fue un acto decisivo que no admite arrepentimiento en las circunstancias de hoy, por encima de cualquier incordio. Ahora es necesario proteger a los firmantes, jefes y contingentes de base, y a los dirigentes sociales que tienden a fortalecer el tejido comunitario.

Nada mejor podría sucederle a la suerte de la República que los empeños de pacificación, dentro de la viabilidad institucional, se acordara con los alzados, incluyendo a los que manejan alijos de industria criminal y conexos, a determinar un ambiente de trabajo, educación, legalidad y tranquilidad, aplicado a sociedades enterradas en lo profundo, tiritando de temor y rezando a Dios y al diablo.

La mancha de sangre histórica que corroe las estructuras físicas y vivientes, no aguanta más soslayo como si se tratara de los de allá y no también de los de acá. Estos son procesos largos, con riesgo de reencaucharse el bandidaje, en razón de oferta y demanda del zumo narcótico que mueve su interés, hasta que se encuentre otro tipo de control. Pero en paralelo debe acometerse la ejecución de planes dirigidos a contrarrestar el desgarrador malvivir de una inmensa parte que no son seres alejados de la nacionalidad.

Las palabras inequidad, desigualdad, ausencia de lo básico para la vida decente, no pueden seguir siendo una narrativa de agenda, lo cual hace que sean fementidas y por ello creadoras de mitos sociológicos.

Juan Manuel Buitrago dijo en sus “Herejías” que un “método científico posible para sembrar un orden público en paz no existe”, pero es urgente vislumbrar y denotar un modelo eficaz de desarrollo para erradicar la miseria. Los cuadros de infrahumanidad en la Costa Atlántica y en especial en el litoral Pacífico, son dramáticos. La exministra afrodescendiente Paula Moreno en su artículo “Llegar tarde al Chocó”, al quejarse de un desplante presidencial de horario, dijo que “otra vez vienen a pronunciar discursos (…) pero nada concreto, ni paz ni equidad”, y agrega que el manejo gerencial y político que responde a esta hora crucial de la justicia social, se concrete porque “el poder es para plantear e implementar con celeridad soluciones medibles y visibles para el Chocó y el Pacífico”.

La persistencia de la pobreza en sitios álgidos (dolorosos), resulta por no existir un planteamiento continuo y presupuestalmente soportado, que repliegue en esos lugares el crecimiento, y por eso es vitrina de desahogo en campañas electorales que repite la corrupción con los niveles del resto del país; obras públicas dirigidas al despilfarro y el “lleve a manos llenas”, que impiden su uso adecuado; la politiquería es tan nefasta como las demás; en la violencia imperan varios grupos generadores que se alimentan de los corredores estratégicos del narcotráfico; la ilegalidad en todas sus formas que pone en riesgo claves económicas, tal el caso de Buenaventura que comienza a decaer en competitividad por efectos de su calado. Al Pacífico hay que colocarlo mundialmente en calidad de reserva ambiental y de la biodiversidad para obtener participación y estímulos de ayudas internacionales, además de lograr asistencia técnica que evite saqueos, que combata la minería ilegal, la proliferación del descuaje forestal, envenenamiento de ríos, mares y otras fuentes hídricas; a garantizar y propender por la presencia eficaz del Estado que según el filósofo John Rawls, los servicios públicos y el saneamiento ambiental son excelentes propulsores del accionar oficial;  lo mismo vías y usos multimodales;  aprovechamiento de la inteligencia de su etnia para fomentar la  investigación científica y la creación de riqueza. En fin, la transformación social y económica requiere de planeamiento, voluntad política y transparencia de los recursos. Es ya la marcha del cambio ¡No más discursos!

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