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LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

ActualidadMás Diálogo, Menos Guerra

Más Diálogo, Menos Guerra

DIMENSIONES

La evolución de la especie humana se ha fundamentado en la capacidad de ser colaborativos, de unirse para vencer los obstáculos de la naturaleza o atender circunstancias externas que dependen enteramente de la acción humana. Por ejemplo, cuando se requiere colmar las necesidades de una población, y para ello hay que desplazarse de un lugar a otro, pero para alcanzar ese objetivo, se debe atravesar un río; la situación exige, entonces, el trabajo conjunto de un grupo de personas para tender un puente que logre la meta propuesta. O cuando una región es devastada por fenómenos naturales como maremotos o sismos, es gracias a la ayuda fraterna de otras naciones que se puede dar la reconstrucción. En relación con las acciones que dependen del ser humano, como una invasión a otras comunidades, la defensa es posible que se dé de manera exitosa cuando la comunidad se une para proteger su territorio. La historia de la civilización es el producto de todas las acciones de este tipo que se han desarrollado a nivel local, regional, nacional y también mundial.

Parece, sin embargo, que no hemos aprendido la lección que se deriva de lo que se acaba de exponer: la colaboración y la ayuda entre los seres humanos da como resultado el progreso desde el punto de vista económico y social. La violencia, en cambio, trae consigo el germen de la destrucción, el atraso y el empobrecimiento de la mayoría de la población. Eso fue lo que pasó después de las dos guerras mundiales, de la gripe española y, recientemente, de la pandemia por el coronavirus. Cuando miramos el panorama global actual, nos encontramos con la terrible situación que están viviendo los ucranianos por la invasión rusa, que inició el 24 de febrero del 2022. Las imágenes que vemos diariamente son, de lejos, más dolorosas y devastadoras que los nueve niveles o círculos del infierno descritos por Dante: desolación, destrucción y cerca de 14 millones de seres humanos desplazados, a quienes se les ha arrancado toda su historia, sus querencias y su derecho a tener una vida digna como individuos, como familias y como país.

La denuncia contra este cruel y despiadado genocidio se debe hacer en todos los rincones del mundo, porque esta actitud de arrasar para dominar a una nación es la más primitiva que puede tener un ser humano. Así pues, la respuesta no puede ser igual de violenta, porque lo único que se logra es acrecentarla y generar un círculo vicioso de cada vez mayor desolación y muerte. En Ucrania, durante lo que va de la guerra, se han casado más de 4000 parejas; lo que algunos de los contrayentes han descrito en sus redes sociales como “actos de resistencia y esperanza”. No podemos perder la ilusión de un mundo donde prime el diálogo, la compasión, la solidaridad y el amor. Tal como lo expresó de manera genial el gran maestro Yogananda: “El mejor modo de contrarrestar la amenaza de la guerra es la fraternidad, tomar plena conciencia de que, como hijos de Dios, somos una sola familia”. www.urielescobar.com.co

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