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LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

ActualidadMe enamoré de un fantasma

Me enamoré de un fantasma

Me enamoré de un fantasma que solía venir en las noches cuando me iba a la cama; un fantasma que me visitaba en sueños, que me abrazaba fuerte y me regalaba calma. Me enamoré de un fantasma que jamás me dio besos, no tocó mi rostro, no acarició mi cabello, ni secó mis lágrimas cuando sollozaba. Me enamoré de un fantasma de carne y hueso, de  grandes ojos negros y cabellera rizada. Me descubrí enamorada del espectro que quedaba en mi memoria cuando me levantaba, el recuerdo de un beso bonito, una mirada brillante, una sonrisa silente, una lágrima salada. Me aferré a aquella idea del amor que quería pero que aún no encontraba y, queriendo verle a cada instante, elegí seguir dormida que en vigilia, despierta y aterrizada.

La promesa del amor a una imagen ligada, nubló mi juicio, cegó mi visión, me dejó sesgada. Un rostro conocido, los ojos saltones, la sonrisa blanca, la maraña en su pelo, lo linda que parecía ser su alma, me hizo recordar aquel sueño y quise pensar que se materializaba. Me enamoré de un fantasma que solo yo conocía, a quien solo yo buscaba, sin cuestionarme si existía  aquel que en mis sueños habitaba; me enamoré así, sin promesas, sin intereses y  sin causas. Me enamoré de la noche a la mañana de un cuerpo ausente, de una mente ocupada, de un deseo equívoco, sin reciprocidad, sin voluntad, sin ganas. Me enamoré del vacío que su ausencia dejaba, del silencio de las palabras que callaba, de lo paupérrimas de sus conversaciones cuando me hablaba, de lo mucho que soñé y lo poco que representaba.

Me enamoré de un fantasma que apareció de la nada, de un ser inexistente que mi imaginación recreaba. Quizá no me enamoré de él, sino de la necesidad de sentirme amada, del anhelo de compañía, del sueño que replicaba. Me enamoré de la imagen que mi mente asociaba con la emoción del amor que romantizaba. Cómo enamorarse de quién no existe? de lo irreal, de lo intangible, de un holograma. Cómo anhelar lo que no es, extrañar lo que no se ha tenido; es como esperar de regreso lo que no se puede ir, porque nunca estuvo en casa; como abrazar el tronco de un árbol esperando que susurre una palabra.

Me enamoré de un fantasma, de un ser inexistente y no hablo del espíritu que abandonó el cuerpo que habitaba, pues aquel que no está no ha dejado de ser, hablo de aquel que no es, porque nunca estuvo. Aquel amor que me visita en sueños, me hacer sentir abrazada, y pensando que era él, me enamoré de los huesos bajo la piel de una quimera, queriendo el alma que estaba lejos de la piel y los huesos, la esencia del todo, lo absoluto en la nada.

Abrazando el espacio vacío, sentí un frio que circundaba. Estaba añorando un imposible, queriendo cambiar el cauce del rio, pretendiendo sentirme amada por un muñeco de yeso, una imagen de pasta. Él es solo un cuerpo y el amor que sueño es completamente alma. El amor al que le ponemos un rostro por el miedo a no verlo en una mirada, o quizá en nuestro propio reflejo en  el agua estancada. No quiero su amor, no me hace falta esa falacia, ni la mentira piadosa que su desinterés disfrazaba, ni la culpa subyacente de una mala jugada. Esto fue solo un encuentro fortuito de un alma completa y un cuerpo sin alma, y como tal lo siento y lo suelto al viento, para que se disipe,  para que como vino, también se vaya.

2 COMENTARIOS

  1. Me pasó similarmente algo así. Es una pequeña y preciosa cura veer que hay otras almas que comprenden esta experiencia

  2. Simplemente hermoso y significativo .
    Transportas a otra dimensión con tus bellas inspiraciones.
    Gracias por hacerme partícipe.

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