¿Me ven?, ¿me escuchan?, de las provocaciones ontológicas en la educación virtual en la Pandemia

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Por: John Harold Giraldo Herrera

La escuela, en una de sus tantas definiciones, schole, tiene que ver con el tiempo libre, el ocio. Ahora en tiempo de pandemia, nos hemos dado cuenta de algo tan particular, los nativos digitales y aquellos que han usado las redes sociales y los dispositivos móviles como parte de su vida cotidiana, no se encuentran del todo satisfechos con lo virtual en el terreno educativo.

Surgen una serie de inquietudes y desafíos, sobre todo cuando el tema de la conectividad y la posibilidad de contar con una autopista donde nos encontremos en democracia, es decir, en el mismo nivel de flujo de información, se encuentra muy lejano. Sólo muy pocos han acumulado las megas necesarias para salir al paso al recibo y el compartir los datos con qué aprender y enseñar. Así los seres en red acuñan dos expresiones sustanciales, ¿Me ven?, ¿me escuchan? De las respuestas dependen la efectividad del acto pedagógico.

Cada estudiante y profesor ha preparado su modo de enfrentar la educación. Algunos ni se pueden ver por falta de electricidad, unos más descubrieron que sus smarphone sirven para algo más que ver fotos, enviar vídeos o compartir posteos en sus redes o andar ejerciendo de manera libre y amplia el texteo. Aunque sea dicho de una vez, aún en el proceso formativo, esas prácticas no cesan y mientras escuchan las disquisiciones de los maestros o enfilan su pensar, tener el aparato en la mano es para emplear la multidimensión de estar en una actividad, en otra y hasta en varias a la misma vez.

Hubo una época en que la educación batallaba dos grandes entelequias y se batían pugnas y célebres combates por encontrar unos mínimos consensos: ¿Para qué educar? Ha intentado argumentar el biólogo Maturana y desde los griegos, el impulso por encontrar menos que el vacío a ¿cuál es la sociedad donde queremos vivir? Y ¿cuáles son los seres humanos que se requieren en esa sociedad? No deberían quedar encajonadas y sacudir el polvo, ha de ser un imperativo. Parece que vamos aceptando sin más cualquiera sea el modo de sociedad. Como también no importa con quiénes convivamos, el hecho de dar por hecho que los otros son así, es ya una constancia. ¿No habrá modos diversos de vivir y de ser? ¿Y la máquina de la existencia habrá encontrado que no somos más que un ladrillo pegado a la pared como lo profirió Pink Floyd?

La clase virtual avanza, un estudiante al hablar de pronto pone una variante al me ven o me escuchan, y adjetiva, ¿Me veo bien?, ¿Me escuchan bien? Y el profesor de repente también ha intentado recursividades: al pasar del power point a una pizarra virtual o al de hacer una evaluación en filas y con cuaderno cerrado, de pronto dice: enciendan las cámaras para verlos a todos; o ejerce su soberanía y diseña un cuestionario en línea. El hecho dramático es que en lo virtual, las brechas han crecido, y unos ya están en el rótulo offline y otros gozan del privilegio de la sincronía.

En la UTP han revelado los resultados de una encuesta de percepción realizada a los docentes. Y además de lo que nos expuso el docente Renan Vega Cantor, sobre la uberización de la profesión docente, donde se debe buscar la carrera para poder llevar a cabo la enseñanza, es decir, una educación a destajo, con contrataciones pocos dignas, como por ejemplo, que en la UTP más del 80% de los profesores son o catedráticos o transitorios, en otras palabras sus garantías son ínfimas. Y la UTP ha tenido que dedicar un presupuesto para atender no sólo mercados y corresponder con ayudas humanitarias, sino dotar a una buena parte de ellos de sim card.

Las imágenes de niños colgados de un árbol buscando la señal, los que simulan un Pc para hacer sus tareas, aquellos que se desplazan horas para dar con el lugar apropiado, en fin, esa fuerza incontrolable por aprender y la inigualable capacidad de los profesores por enseñar, lo que hace es enamorarnos y asumir como una prioridad la educación. Hecho que medio capotean mandatarios, para así decirlo, en el discurso, pero lo que sigue de prioridad y eso que a dos años del mandato de Duque, y aunque fuera promesa, la seguridad -presupuestos inusitados en ello- no tiene mejora. Y no es por falta de coacción ni de estrategias, sino por las inequidades con las cuales se alimenta todas las demás tragedias, como también por la falta de oportunidades y de eso, es también es una hija abandonada: la escuela.

Mientras pasa la pandemia, asunto que veo lejano, la educación a distancia asistida por las Tic, ha violentado lo ontológico. El ser, ese poderoso sujeto, ese individuo dialógico, ese potente ser humano, indaga y explora, cómo entender si lo ven o lo escuchan, es como si ya estando adultos dijéramos: ¿gateo? ¿puedo hacer uso de mis manos?

La educación que nos aleje del miedo y que nos invite a ver que el hedor del virus humano, es también su contra. Esa es la educación a implementar. Por supuesto, debemos saber si tenemos un problema, si desde Houston, como cuando fuimos a la Luna, hay una recepción para poderlos resolver, pues un hecho poco protagónico es la ausencia de debates. Cuando en discusiones e interacciones podrían generarse mecanismos, que de hecho resultan por la autonomía de los académicos.

Estando en el eje de educación y sociedad, me parece apenas oportuno, mencionar que otra misión es lo colectivo, es decir, además de la preservación de la especie, la necesidad de organizarnos, de tejernos. Y la educación nos ha de invitar a buscar las laderas de un compartir para mantenernos en búsquedas y resistencias, proposiciones y realizaciones desde lo social y lo político, los cultural y lo filosófico.

Nos cercaron y ahora, lo que se llama bigdata, biopolítica, confinamiento, es lo que predomina, de modo que la educación ha de mostrar rutas de volvernos a encontrar, porque lo que media, la tecnología en manos de autocracias, es necesario ponerlo en evidencia y continuar por esos senderos donde los interrogantes claves, no se aplacen ¿es esta la sociedad que deseamos? ¿necesitamos otra? qué proponer para forjar unos seres humanos dignos? ¿dejaremos en manos de la tecnología que siga edificando los individuos y sociedades que a ellos se les antoje?

Hemos vuelto a lo ontológico, educación es alimentar, guiar, prever, de modo que esa es nuestra necesidad de lo social.

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