Fundado el 9 de febrero de 2020
LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

ActualidadMemorias de mi paseo a la Pastora  

Memorias de mi paseo a la Pastora  

Miscelánea  ´

Para llegar al Cedral, en esta oportunidad decidí no hacerlo en mi propio vehículo, porque la última vez, por el estado de la carretera, mi cacharro sufrió mucho entre rocas y huecos descomunales; por tal motivo mi familia y yo nos entregamos a la aventura de viajar en chiva, y no es que no lo hayamos hecho antes, sino que nunca hacia un destino tan extremo.  

Cuando la dichosa chiva llegó al paradero de la Plaza Victoria, en Pereira, la mayor parte de sus bancas ya iban ocupadas y en el andén estábamos apostadas unas 40 personas más que aspirábamos a subirnos en ese bus, a como diera lugar.  Es increíble la transfiguración que sufrimos los seres humanos cuando estamos frente a una situación de disputa de algún recurso, en este caso un puesto en la chiva.  

Entre empujones y codazos mi hermana, mis hijos y demás parientes y amigos lograron acomodarse en el interior del vehículo, mientras yo me quedé mirando cómo se había llenado el capacete.  El capacete es la parte de arriba del vehículo donde los más arriesgados viajan a la intemperie, sin cinturones, sin medidas de seguridad, abrigados por el sol y templados por la lluvia. Como se imaginarán, en ese lugar privilegiado para los aventureros, en su mayor parte muchachos, obviamente, el paseo es más intenso en términos del jolgorio, que además se ve animado por la quema de ciertas yerbas muy aromáticas de esas que dan risa.  

En estas circunstancias, sin puesto en las bancas ni en el capacete, me tocó irme en la tabla de atrás, para colmo de males al lado del dichoso exhosto, de tal suerte que, entre el humo de la gasolina y de la marihuana, finalmente viajé relajado. A mi lado iba un señor de facciones orientales, del cual no supe el nombre, pero que para efectos de este relato lo llamaré John Lee, con el que parlé el poco inglés que me sé, estableciendo que venía de Miami, que estaba de turismo desde hace 3 semanas en Colombia y que, luego de visitar la Finca Buenos Aires, iría para Manizales.  

Dicen que son 6 kilómetros la distancia que hay desde El Cedral hasta la Cabaña de la Pastora; para quienes no transitamos mucho por esos parajes se nos hace toda una eternidad. Al terminarse la carretera, al cruzar el puente, se asoma un sendero sembrado de piedras, bien incómodas que no dejan caminar con fluidez, que nos miden el aceite y el entusiasmo; vencidos esos escollos, luego de dos horas y media, agotada la ruta a través del monte, de caños, de más piedras y mucho pantano, gozamos la recompensa del paisaje imponente del verde de las montañas y la naturaleza de la cuenca de nuestro río ancestral, el Rio Otún.  

No les voy a contar más sobre la experiencia en el pie de monte de nuestra fábrica de agua, y lo hago adrede, para que quienes no gustan del turismo ecológico se intimiden con las penurias que les he relatado y jamás se les ocurra ir por allá, porque aquellos que sí disfrutan de estos placeres, que por suerte y para bien del ecosistema son pocos, saben bien de lo que estoy hablando.  

Adenda. Carita triste, para todos los que suben a la Pastora y no ven inconveniente alguno en arrojar basuras por el camino, especialmente para los que se les quebró el termo anaranjado y lo dejaron de decoración en un árbol.   

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