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LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

ActualidadMheo; el humor y A un lado del camino

Mheo; el humor y A un lado del camino

Hay un fragmento en la canción A un lado del camino, de Fito Páez, que dice: “En tiempos donde nadie escucha a nadie/ en tiempos donde todos contra todos/ en tiempos egoístas y mezquinos /en tiempos donde siempre estamos solos/ habrá que declararse incompetente/ en todas las materias del mercado/ habrá que declararse un inocente/ o habrá que ser abyecto y desalmado”.

Son los tiempos ideales para los caricaturistas, esos iconoclastas irredimibles, esos solitarios exploradores del humor satírico y mordaz. Humor agudo, como la punta de todas las espinas. Esos son los caricaturistas, esos  trasgresores inoxidables que parecen salmones nadando contra la corriente de agua dulce de los ríos para poder sentirse plenos creciendo y madurando en el agua salada de los océanos.

Todos, y en especial sus amigos, apreciamos la obra del buen pereirano y excelente caricaturista que es Mario Hernando Orozco, Mheo, ganador en días recientes por séptima vez, del Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar. Como un poste de cemento en una tormenta, Mheo soporta imbatible, la descarga eléctrica del éxito con la serenidad de siempre, como suele ocurrir en los seres virtuosos. 

Por casi tres décadas he sido testigo cercano de su descomunal disciplina de estudio, de su aguda inteligencia y su mirada corrosiva, crítica y a la vez agudamente analizadora de la cotidianidad, aun en aspectos aparentemente irrelevantes.

Mheo es un intelectual. Un diseñador estupendo. Se nota que la lectura le ha dado músculo a su imaginación. Y me gusta que, sin dejar de ser universal, es un lugareño que juega desde su propia cancha pereirana. Es grande su capacidad para repentizar los hechos nacionales e internacionales sin perder de vista su sensible observación del microcosmos que habita y ama tanto como a Pilar su esposa y a su hija Isabela.

Igual que hace más de un siglo el genial Ricardo Rendón y en nuestros días Vladdo, Matador y Mheo, entre otros magistrales del trazo irónico y corrosivo -ellos ven, como los retrovisores- el perverso punto ciego que traducen al humor, porque lo patético y lo trágico, no carece de humor.

Edward de Bono elogia el humor y nos revela que, “Con mucho, es el fenómeno más significativo de la mente humana. Afirma que los filósofos clásicos, psicólogos y teóricos de la información, no han podido comprender el humor”.

De Bono estudia el humor en el cerebro y las maneras del ser humano. Afirma que “Incluso en términos de comportamiento, el humor nos advierte que tengamos cuidado con los dogmatismos absolutos porque, de pronto, algo puede ser considerado de una manera nueva”.

Con la ayuda de De Bono entendemos más y mejor el humor y a los caricaturistas cuyas obras están en la otra orilla de la lógica y a la razón. Su brillo está en la percepción desarrollada en la agudeza, el ridículo del poderoso y la ironía que la historia del poder carga a todas partes. Es virtud del caricaturista en su soledad sin fronteras, como en una revelación metafísica, ser capaz de ver con humor y hacer con el trazo, la sátira que se arde en la hoguera del suceso.

Algún día los periódicos -que ahora son digitales- abrirán página con caricaturas, porque ellas están en el corazón infantil de la gente, como cuando éramos niños y a  casa llegaba el periódico y lo primero que buscábamos eran “las tiras cómicas”.

Personalmente me llama poderosamente la atención el hecho de que difícilmente después de una caricatura el curso de un suceso cambie de ruta. Lo profundiza. Generalmente una caricatura es el colofón de la noticia. Y casi siempre, es la síntesis y no pocas veces el mejor editorial, razón por la que a muchos directores no gustan de los caricaturistas de contrapoder.

Justo como la caricatura que le mereció el premio periodístico a Mheo, (con ella ilustramos esta columna), y en la que nos revela con el hambriento trapo rojo de esta prolongada pandemia que, evidentemente, el que la hace no la paga, porque vivimos en tiempos egoístas y mezquinos, donde nadie escucha a nadie, donde en la “impunidá”, se roban, incluso, el dinero para la comida y el acceso a internet de los niños más pobres.

Como Fito Páez con música,  Mheo, con humor cáustico, nos muestra las cosas de una manera nueva y en el trasfondo, nos revela que vivimos en tiempos de todos contra todos.

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