En varias oportunidades he traído a esta columna algunas remembranzas sobre la Pereira de los años sesenta y setenta y aludí a sus instituciones cívicas y culturales que han ido desapareciendo y también a sus sitios de esparcimiento. «Recordar es vivir», un pensamiento que invita a volver sobre nuestro pasado.
Evocaré algunos de los establecimientos y negocios que marcaron aquella época, engalanaron nuestras vías principales y fueron lugares de aglutinación o de visita obligada, pero que el tiempo desaparecieron físicamente.
¡Vamos pues! Recién desaparecido el tranvía eléctrico que atravesaba la ciudad por las carreras séptima y octava, éstas se vieron atiborradas de coloridos buses urbanos (de transporte público) que con los años se convirtieron en «cafeteras ambulantes» que humeaban y contaminaban todo a su paso, especialmente el traje que llevábamos puesto quienes nos atrevíamos a montarnos en esos vejestorios atestados de gente. Era preferible pedir un taxi por teléfono a la Empresa India o a Tax Central que monopolizaban este servicio. Con el tiempo los buses fueron obligados a las carreras sexta y novena y después a la quinta y a la cuarta.
El teléfono era un aliado inseparable de las amas de casa. Todo se pedía a domicilio, especialmente el mercado que era despachado velozmente desde un puesto de la galería central (el componente de las verduras y frutas) o desde el granero (si eran los demás alimentos) en zorras, carretillas o simplemente en canastos que un viejo repartidor cargaba sobre su espalda soportándolo con una traílla que adhería a su frente. Las medicinas y los brebajes se pedían a las droguerías Noreña o 91-92 (ese era su número de teléfono).
En aquella Pereira de mediados del siglo XX las calles eran menos apetecidas que las carreras para los negocios comerciales. Recordemos algunos: en la calle 18, antes de ser convertida en vía peatonal, había varios sitios icónicos: la Cabaña del Disco, el Café Anarkos —con sus billares—, los bancos Industrial Colombiano y Comercial Antioqueño, el bar Ticunha (que con Tony Best y Munka Munka inauguraron en la ciudad el concepto de «discoteca») y el almacén de la octava donde vendían los sombreros Barbisio y Stetson que eran los más costosos y apetecidos; a su lado el teatro Caldas (el único de la ciudad con palcos privados). En la calle 19 estaba la Kodak —el almacén de Donato García donde llevábamos los rollos de fotografía para ser revelados—, el Banco Central Hipotecario, el entonces moderno palacio municipal, el «eterno» Gran Hotel y la vieja edificación de La Lucerna.
Sobre la carrera Séptima estaban las pastelerías Real y Apolo, los teatros Karká, Pereira y Centenario —todos de cine continuo—, el almacén La Marca (mezcla de papelería con trofeos), la Catedral, las fuentes de soda (nombre fariseo para los bares y cantinas) Bolívar y Fuente Azul, el hotel Colonial y el lujoso Soratama, el Club Rialto (en sus tres versiones) y la heladería Tropical (con sus helados del Trópico) parada previa a los giros obligados y al plan «de conquista» en el parque El Lago
Sobre la carrera octava el café Continental, los almacenes Singer (con sus máquinas de coser —oficio que era un lujo en los estratos altos y un oficio en los bajos—), Juan Antonio Mejía con sus telas, el Submarino con sus empanadas, el Ley, el Malca y el Jotagómez que lideraron las grandes tiendas, Ropa El Roble y Van Ric que marcaban la moda en prendas de vestir y el Carrusel (un bar en un sótano sórdido donde el baile con chicas «contentonas» era obligado)
Mis contemporáneos me ayudarán categóricamente —estoy seguro— para las próximas entregas.



Quien recuerda el almacen real y el fortuna la pasteleria centenario mora hermanos el pasaje pulgarin la cancha de futbol del barrio centenario la cancha de la marranera la cancha de los tanques la pista ventorrillo la zona de tolerancia en la cumbre la fabrica de calzado confort vestidos gales quieren mas
El génesis de las discotecas fue con caballo loco en la vía a Cerritos y faltaron el tempo y Toby best
Ernesto, también hay que recordar El Zarape , una discoteca larga en la calle 18, entre 8a. y 9a., diagonal a la Cabaña del Disco y debajo de la Voz de Pereira.
Hubo una curiosa taberna en la calle 15 entre 7a. Y 8a., si no recuerdo mal se llamó Jet Bar a Mexico y su disposición interior semejaba la de un avión.
El dueño de La Marca fue Evelio Arango, un hermano suyo, cuyo nombre no recuerdo arreglaba los balones y otro, Mario Arango, “Marangoa” encuadernaba libros y archivos de contabilidad en la calle 21 entre 8a. y 9.
La pequeña ciudad de entonces nos parecía inmensa y hoy nos sigue pareciendo un Cielo, a pesar de muchas cosas.
Desafortunadamente, casi 50 años de ausencia no dejan sino vestigios . Los nombres de los lugares no me vienen a la memoria, recuerdo un poco las localizaciones pero se me van los nombres de cafés y droguerías (como la de la esquina de la séptima con calle 18). Recuerdo el restaurante Toy San entre La Viña y el teatro Pereira y el almacén de electrodomésticos en la esquina de la plaza de Bolivar, pero puedo aún imaginar todos los sitios, la plaza de mercado, etc. El tiempo nos deja muchos huecos para llenar. Sobre los taxis no hay que olvidar la Flota Consota.
Qué buen recorrido por lugares y momentos de la historia reciente de nuestra ciudad: algunos porque los conocí; otros, porque supe de ellos. Qué evocación la que se despierta al leer tus palabras.
Hay algo que añoro de manera extraña: el tranvía. Me despierta un romanticismo de la época que hubiera querido experimentar.
Lastima no poder leer este tan importante artículo con los ojos cerrados, para recorrer a través de las letras, esa bella y hermosa ciudad de añoranza.
Nuestra hermosa zona rural, el gran evento los domingos, cuando jugábamos el campeonato interveredal de fútbol, la copa Silvio González Mora.
Recuerdo las tardes en el lago y la ruta 8 para ir a la U.
Hablando de «…el almacén La Marca (mezcla de papelería con trofeos)…», recientemente alguien de El Fuete Periódico preguntaba si todavía había en Pereira quién cosiera balones de fútbol, aquellos de cuero, pitón y ruana.
Un hermano del propietario de La Marca era el indicado. ¿Recuerda Ernesto el nombre de esos hermanos?