Mi Sueño Americano

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Por CATALINA RUIZ

Es un lunes lluvioso de Octubre, conduzco sin prisa, pero emocionada, doy la tercera vuelta en círculo al parqueadero de la biblioteca pública y por fin encuentro dónde estacionar. Llevo viviendo en Estados Unidos 2 décadas y esta es la primera vez que voy a votar en las elecciones presidenciales.

La fila de electores le da la vuelta al edificio, en medio de la mortal pandemia todos los votantes usan tapabocas y guardan respetuosa distancia social de 6 pies en la metódica línea que va a las urnas. Aunque el día oficial de elecciones es el primer martes de noviembre cada 4 años, hoy es el primer día de voto anticipado en el estado de la Florida, un servicio ofrecido para asegurar la inclusión y participación de los ciudadanos que tengan otras obligaciones el martes 3 de noviembre.

Calculo que hay unas 200 personas delante de mí, veo hombres y mujeres, jóvenes y viejos, con pieles de todos los tonos que, en la fila silenciosa, celebran calladamente la diversidad de este de crisol de culturas.

Trato de encontrarme con otras miradas, hallar otros ojos apenas asomados sobre las mascarillas, juego a adivinar de qué partido son, a qué candidato apoyan. La fila se mueve lento, la llovizna es casi imperceptible, han pasado casi dos horas y me aproximo a la entrada del edificio, una rotunda mujer morena voluntaria me da la bienvenida y me sonríe solo con sus ojos. -Gracias por hacer la fila por 2 horas! ¡Ya llegaste! ¿Estas emocionada? Le respondí: ¡Emocionadísima, no tiene ni idea!

Entro al recinto, sobrecogida por la emoción, me siento agradecida, tengo la inocente certeza de que mi voz será oída, y que puedo darle voz a los que todavía no la tienen.

Creo en esta esperanza.

Catalina Ruiz

Wellington, Florida. USA

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