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PolíticaMiscelánea - La Ley y el Orden ... y el oportunismo.

Miscelánea – La Ley y el Orden … y el oportunismo.

Por JAMES CIFUENTES MALDONADO 

A raíz del operativo adelantado por la Alcaldía de Pereira, para la restitución de unos terrenos de la Nación invadidos en el sector de San Isidro, en Puerto Caldas, la misma noticia tuvo lecturas contrarias. Las autoridades dieron un parte positivo sobre la recuperación de 36 mil metros cuadrados de espacio público, sin los cuales era imposible seguir avanzando en el proyecto ferroviario con el que se pretende conectar la Zona Franca Internacional en Caimalito con el Valle del Cauca y el Puerto de Buenaventura, con todo lo que eso significa en materia de desarrollo comercial e industrial y para la generación de nuevos escenarios de prosperidad para la región y sus habitantes. 

Algunos líderes y terceras personas, muchos de los cuales no tienen arraigo en la zona y que ven en el conflicto social una oportunidad para servir a sus propios intereses, se concentraron en mostrar el drama humano de una manera aislada, haciendo parecer que a los ocupantes de San Isidro los sorprendieron en la madrugada y los desalojaron sin ninguna consideración, cuando ello fue el resultado de un proceso administrativo iniciado y notificado varios años atrás, dando lugar al frenesí noticioso y al revuelo sensacionalista que este tipo de hechos suele generar entre los medios tradicionales pero con mayor intensidad en las redes sociales. 

En Puerto Caldas, así como en otros lugares intervenidos recientemente por la Secretaría de Gobierno, las autoridades han actuado porque tienen que hacerlo o en su defecto asumir las responsabilidades frente a las consecuencias que se deriven de sus omisiones, porque resulta que el gobierno de una ciudad es algo que se ve de una forma cuando se es candidato y de otra muy distinta cuando se ganan las elecciones y hay que lidiar con todo lo bueno y lo malo de gobernar para todos, que incluye la toma de decisiones difíciles e impopulares. 

Los ciudadanos en general tienen derecho a conocer el lado humano y la indiscutible desgracia que representa desalojar y tumbarles el techo a 400 personas y tienen derecho a concluir que eso no debería suceder, pero aquí la pregunta que cabe es ¿Qué es lo que no debería suceder? ¿Las invasiones o los desalojos? 

Las normas por sí solas no construyen el mundo ideal, las leyes y los decretos son apenas unos fríos instrumentos que corresponden al deber ser del orden de la sociedad, pero esas normas no evitan que en la vida real existan desigualdades e injusticias. La Constitución Nacional y todos los actos que la desarrollan proyectan el país que queremos, pero no son garantía para alcanzar el estado de bienestar que todos soñamos y que sabemos no es un imposible, porque existen lugares en la tierra en donde, en menor o mayor medida, ese bienestar sí existe. 

Entonces ¿de qué depende que no exista pobreza, que haya trabajo y oportunidades, para todos, que podamos acceder a la salud, a la vivienda y a la educación?  ¿Cómo hacemos para que no haya personas viviendo en los cordones de miseria, para que no haya criminalidad ni corrupción, para que los impuestos y los recursos públicos sean bien administrados? ¿Cómo hacemos para que no haya personas viviendo bajo los puentes, ocupando los bienes públicos, afectando la propiedad privada o invadiendo las orillas de los ríos, impactando el medio ambiente, en detrimento de su propia integridad y de los derechos colectivos?  

La solución a estos interrogantes no es fácil y pueden ser muchas las respuestas. No es claro lo que debemos hacer para que la injusticia y la pobreza no campeen entre nosotros, pero si es claro lo que no debemos hacer, y entre las cosas que son determinantes para que todo empeore están el fomento y el usufructo que muchas personas hacen de la miseria, empezando por los principales actores de la sociedad: Los políticos. 

En momentos complejos como el vivido recientemente en Puerto Caldas, la solidaridad y la compasión jamás sobrarán, y es un imperativo el deber de asistir a la comunidad con tantas ayudas como sea posible, lo que es insidioso es que esas ayudas, de parte de algunos piadosos, lleguen cuando la situación ha alcanzado el nivel más crítico y no antes como solución de fondo, en un claro oportunismo para congraciarse con la gente más humilde, cuyo mayor valor y atractivo está representado en su voto. 

Con todo y lo meritorio que sea repartir mercados el día de un desalojo, no deja de ser al mismo tiempo una forma de sacar provecho que deslegitima la ley y las instituciones, que, buenas, regulares o malas, son nuestras instituciones y son las mismas gobernando o en campaña. 

1 COMENTARIO

  1. Muy bueno este artículo ,estoy de acuerdo lo que no debiera suceder son las invasiones más en el caso que sucedan hay que desalojar por el bien de los propios imnvasores pues no debemos permitir esos cordones de miseria ya que a la gente con dignidad lucha por tener calidad de vida y si el gobierno es lapso con esta gente oportunista seguimos llenando de miseria el país porque gente con pereza y sin dignidad hay mucha.se apoderan de cualquier espacio vende y sigue invadiendo en otro lugar por eso tenemos esos cordones de miseria.

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