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PolíticaMiscelánea - La sociedad al extremo

Miscelánea – La sociedad al extremo

Por JAMES CIFUENTES MALDONADO 

Carlos Maya ha sido el gobernante local que con más determinación ha enfrentado la pandemia, incluso yendo en contra de los lineamientos nacionales, muchos de ellos por la vía fácil del encierro. Por ello encontré injustas las protestas del gremio de la noche, discotecas y similares, que antes del estallido del 28 de abril ya habían vuelto un caos la movilidad de Pereira. Maya rompió el molde y propuso el plan piloto para bares y restaurantes, que no fue la gran solución, pero era algo, y, cuando la situación se hizo más compleja, en el tercer pico, con las UCI llenas, se atrevió a proponer al gobierno central un plan para reactivar el comercio y la economía, y se lo aprobaron y por ello la ciudad seguirá peleando con el virus, debatiéndose entre la vida y la muerte, pero produciendo, porque así lo exigen el 47% de la población que vive en la informalidad y los pequeños comercios que, si paran un solo día, igual mueren. ¿Cómo lo hizo Maya?, léanse la parte considerativa del Decreto Municipal 303 de 2021, toda una compilación científica que demuestra que el mayor riesgo del contagio no está en la calle, que el toque de queda es un absurdo, que la mayor vulnerabilidad la tenemos en los espacios cerrados y que ese riesgo se mitiga con distancia personal, con un tapabocas y un lavado de manos. Simple. 

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A un par de amigos, que me reclamaron por mis posturas contra el uso de la fuerza desproporcionada frente al vandalismo, preguntándome qué propondría o qué haría yo, bajo el supuesto de que las agresiones fueran a mi familia o a mi patrimonio, les respondí que si yo fuera atacado y mi negocio o mi casa fueran vandalizados, mi reacción sería insospechada, que naturalmente sentiría dolor y rabia, y sabe Dios hasta dónde llegaría; pero también les dije que siempre que estuviera en calma, con la cabeza fría, seguiría pensando igual; que el Estado no se puede rebajar al nivel de los delincuentes, porque dejaría de ser el Estado y retrocederíamos siglos, a la barbarie, a la ley de la selva y a la ley del talión, y, si hemos de vivir así, pues entonces descolguemos el aviso de la República de Colombia y no paguemos más impuestos y no sigamos presumiendo de demócratas, si la idea de Estado se devalúa y se agota ante mi sola desgracia y no ante la tragedia de toda una nación. 

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Luego de 20 años de mano fuerte y corazón grande, Álvaro Uribe nos deja un país más desigual, con las calificaciones económicas más bajas y, lo más grave, sin paz, porque por su política de seguridad la bota militar arreció sin haberla logrado y, cuando hubo una oportunidad de reconciliación, simplemente los uribistas se atravesaron. Esa es parte de la realidad que inspira la actual sin razón y la ira en las calles. Los tres huevitos hicieron eclosión, pero los pollitos se apestaron, y al final el país no avanzó más en seguridad y retrocedió en confianza inversionista y, de la cohesión social, ni se diga, basta escuchar las arengas y los reclamos en el paro. De eso nadie quiere más, ni el propio Uribe, que trata de reencauchar su causa sacrificando a Duque. ¿Que la culpa es de la pandemia?, ¡no señor!, la crisis sanitaria ha sido mundial y hay gobiernos que la han gestionado de mejor manera. 

2 COMENTARIOS

    • En el papel… sólo en el papel. En la realidad nunca ha salido. Es posible que se jubile ahora en esta coyuntura social.

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