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LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

ActualidadMucho más que un piropo

Mucho más que un piropo

Una joven y bella chica, el pasado miércoles, en su sentir se sintió acosada e intimidada por dos hombres empleados del sistema de transporte masivo que, según ellos, le dijeron: “bebé, cómo estás de hermosa”.

Lo que algunos entienden como un piropo y otros no lo consideran así porque minimiza el maltrato y el acoso, de hecho, desató una tormenta de denuncias y amenazas de fuerte calibre.

La joven que denunció el acoso, quien en Facebook tiene unos 70 mil seguidores, a su turno, afirma que no es influencer porque no genera contenidos. Simplemente publica sus fotos personales, hecho que se repite en las redes con miles de jóvenes mujeres.

En estricto análisis, ya porque se haya tratado de feminismo a ultranza, de falta de respeto, de ausencia de empatía, de indelicadeza o patanería parte de quienes quisieron halagar a la chica, o ya porque ella “se delicó” extremadamente, o peor si realmente se trata de acoso sexual, sea cual fuera el origen del problema, el caso es digno de ser destacado como algo que no debió ocurrir, sencillamente, porque los tiempos han cambiado.

Todo indica que al paso vamos, los piropos y galanterías quedaron restringidos al espacio de la intimidad y a la previa aceptación. Los tiempos de fina coquetería quedaron atrapados en los círculos y en los afectos cercanos. 

Prueba de ello es que está caminando un proyecto de Ley en el Congreso para “tipificar como delito penal el acoso sexual en lugares públicos a la vez que ordena la creación de programas de concientización sobre ese tipo de violencia contra la mujer, buscando prevenir estas conductas”.

En la justificación del proyecto, la entonces parlamentaria Katherine Miranda y otras congresistas anotaron que “el acoso sexual callejero es ejercido por personas desconocidas, carece de consentimiento y reciprocidad y es expresado en palabras, sonidos, frases que menoscaban, roces o contactos corporales y abuso físico tienen efectos específicos negativos sobre el modo de vivir la seguridad en la calle”.

Y tienen razón, pues los casos de feminicidios y ultrajes contra la mujer desdicen de la verdadera hombría, pues a una mujer, como bien se dice desde los tiempos de Upa, no se le debe lastimar ni con el pétalo de una rosa.

Y no hay excusa que valga cuando se esgrimen argumentos pueriles como la provocación por la ropa que usan y otras pretextos similares, bien por el ejercicio del libre desarrollo de la personalidad o cualquiera otra razón. Es un hecho fáctico que estamos viviendo los tiempos del consentimiento en su máxima expresión.

En el caso ocurrido en Pereira, de un día para otro, el problema se creció cuando la diputada Juliana Enciso, quien asume en la Asamblea Departamental como defensora de la causa femenina contra el maltrato, hizo la denuncia como un caso de intimidación por parte de los empleados de la empresa de transporte urbano señalados de acoso sexual en lugares públicos.

Al día siguiente la diputada denunció en plena Asamblea Departamental, que también ella estaba siendo objeto de maltrato al ser señalada de “sapa” y de paso amenazada en su integridad física, intimidaciones que en las redes también se repitieron contra los conductores del sistema, a quienes les notificaron multas o comparendos. A su vez, ellos anuncian denuncias en la Fiscalía contra la joven presuntamente acosada.

El nudo gordiano fue más allá. Otro empleado del sistema que pasó por casualidad por el lugar del presunto acoso, quedó en las cámaras de vigilancia y al conocerse por las redes sociales, su hija fue objeto de burlas en el colegio, al tiempo que su esposa le pidió explicaciones sobre su conducta. 

Este es un caso típico de convivencia ciudadana, tan sensible como las agresiones verbales, riñas y demás conflictos y excesos que a diario ocurren de diferentes sectores de la ciudad.

No basta con que, como en el caso de Megabús y sus empresas asociadas para la prestación del servicio, tengan protocolos en manuales de interacción con los usuarios donde el respeto es la premisa. Es letra muerta si desde las áreas de gestión humana no se hacen recordatorios y ejercicios, pues los servidores públicos tienen el deber de predicar con el ejemplo. 

De tiempo atrás hemos requerido la atención a las autoridades municipales para que los pereiranos no perdamos el rumbo del buen comportamiento que por fortuna nos distingue y que debemos cultivar de manera permanente con una política pública de cultura ciudadana.

Veremos qué dicen al respecto los candidatos a concejos y alcaldías, ya que desde la alcaldía de Juan Manuel Arango (2004-2007), la ciudad no volvió a tener un programa de cultura ciudadana. La verdad sea dicha.

Pregonamos con legítimo orgullo que Pereira es el mejor vividero de Colombia. Ese es un patrimonio intangible que debemos proteger logrando que problemas menores de convivencia ciudadana, desencadenen hechos bochornosos que, en el peor de los casos, pueden terminar en tragedias. Casos se han visto.

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