Muerte, penuria y vacuna

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Por JAIME CORTÉS DÍAZ

A un año de la crisis desatada en razón de la pandemia hubo necesidad de tomar decisiones aterradoras pero necesarias para ganar tiempo preciado en la organización de la logística ante la sorpresiva invasión de un patógeno desconocido, ansioso por causar muerte y desazón a los mercados, cual engendro recién salido del túnel de los sustos. Una de ellas fue un largo y exigente confinamiento traducido en amurar la vida y, otra, paralizando  las actividades económicas llevándose de palmo el empleo, la oferta de bienes y servicios, provocando además un aumento inédito en el gasto público que rompió la Regla Fiscal para atender las calamidades sociales urgentes, como la desigualdad que, ¡horror!, se agigantó con su secuela de inequidad, pobreza e ineducación. En síntesis, la desolación ha sido mucha y la capacidad de aguante todavía aflora, como náufrago asido a una tabla en medio de un mar que en la lejanía apenas muestra un rescoldo de playa. Y a propósito del inmenso desajuste en las cuentas oficiales, hay que cubrirlo pero no ya de modo impositivo con una reforma tributaria que sin ser estructural, de lejos ahora no es conveniente por que la tabla al agua, se vuelve astillas y entonces  el remedio ahoga más.

Desde un principio se dijo que el endeudamiento era el camino para  paliar las necesidades y llegará el duro instante de atender las acreencias respectivas. Las empresas cargan el 70% de impuestos y a sus directivas les piden de manera prioritaria crear empleos, pero por más voluntad solidaria que tengan, resultaría nugatoria la petición porque el medio no posee suficiente circulación monetaria. Este contexto se observa en un espacio preelectoral en el cual el contagio se convierte en instrumento de lucha, especialmente en trazos de errores o desaciertos que no faltan; en frustraciones, resentimientos, en ataques populistas que pretenden el acceso al poder atraídos por el descontento de los hogares que se verían desproveídos y cambiando de estrato en sus ambiciones. Es el momento para proteger el camino de la reapertura, no destrozándolo con fardos insostenibles que dejan en el suelo un reguero de ceniza y humo.

Por culpa del encierro, la contracción del PIB según el Dane, fue de -6.8%, cómo nunca se había sufrido, incluso menor a -7.5% que entidades financieras mundiales preveían para Colombia, gracias al asomo controlado en los últimos meses pero que también se ha visto afectado y que persiste aún, con las consignas de parar, arrancar; volver a detenerse… lo que conlleva mayores gastos y despidos laborales. Claro está que esto se debe a la vergüenza de la indisciplina comunitaria que no guarda un ápice de respeto por la vida y la confraternidad.

Si las conductas no se corrigen, este año estará de nuevo en incertidumbre a sabiendas de la vacunación que se ha presentado como esperanza, pero ella sola no significa siempre alivio completo. Y por el contrario puede tornarse en resultado cruel si no se ajusta y amplia el aparato productivo.

Es menestercreer en la inmunización en cuanto a la contención inyectable del virus. El avance científico con las experiencias de muchos años atrás, ha servido de punto de partida para aminorar tiempos en la investigación. Se trata de un biológico precautelativo que tendrá alta incidencia en la normalización de distintos proyectos de vida, incluyendo las relaciones de intercambio social y económico. Por ser algo congruente al respeto humano, tiene que estar ausente de todo arrebato la ideología partidista o de regateos perversos por conquistar el mando. Es indispensable velar por el cumplimiento de los turnos en cada fase; se esperan dosis suficientes según los cronogramas previstos para alcanzar a inyectar a 35 millones de habitantes entre este tiempo y primeros meses del entrante, No es nada fácil y urge estar atentos para denunciar irregularidades, actos de corrupción, desviaciones, falsificación del producto como práctica malvada de “meter gato por liebre”. Solo se debe recurrir a los puestos debidamente autorizados y controlados, garantizando así certeza y tranquilidad. La vacuna es un recurso de todos.

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