No repetiremos otra Venezuela

0
17

Por ALBERTO ZULUAGA TRUJILLO

No cabe duda. La Colombia pos Acuerdos de la Habana, dista mucho de la Colombia actual. El surgimiento de plataformas tecnológicas sirvió en bandeja de plata la polarización a los enemigos del proceso de paz que no han cesado en denunciar una excesiva actitud generosa del Estado tendiente a cubrir de impunidad los execrables crímenes cometidos por todos los actores de esta atroz guerra llámense Farc, Eln, paramilitares y Bacrim, en asocio en muchas ocasiones con fuerzas regulares del Estado. Exacerbar los ánimos ha sido una constante de grupos políticos guerreristas tan culpables como la misma izquierda representada por Petro, que hoy se frota las manos ante el pírrico triunfo obtenido en desarrollo del Paro Nacional. Y decimos pírrico porque ese triunfo, si así podemos llamarlo, fue obtenido con más daño para el mismo Petro que para el país.  Y nos nos referimos al daño material que de por sí es alto y preocupante. Los destrozos ocasionados a las sedes bancarias, almacenes, comercio en general, infraestructura urbana, red de transporte, vehículos, personal de las fuerzas del orden y ciudadanos participantes, a más de la parálisis general que genera grandes pérdidas, es deplorable y doloroso. Pero no nos equivoquemos. La imagen del líder dañino y mal intencionado se creció. Decir que el ganador ha sido la izquierda es la forma simplista de entender este malestar creciente que está desbordando los canales de la paciencia y la resignación. A diferencia de otros paros alimentados solo por  políticas  sociales y económicas, este de ahora, a más de rechazar  la Reforma Tributaria, le advierte al Gobierno sobre las graves implicaciones de alterar los mecanismos acordados por su antecesor para el logro de la anhelada paz cuya fragilidad se desprende del poco o nulo interés que Duque le ha prestado. Que lo diga la tragedia que vive el Cauca,  departamento donde el Gobierno ha sido incapaz de garantizar la vida e integridad de los pueblos que lo habitan. Lo que allí ocurre se multiplica en otras regiones como Antioquia, Chocó, Norte de Santander, Nariño y Caquetá que se han convertido en campos de guerra y cementerio de líderes sociales. Con la misma lógica simplista el Gobierno reduce lo que está sucediendo al problema de las drogas que, desde luego, tiene una cuota altísima de responsabilidad, pero desconocer la ausencia histórica del Estado y la falta de políticas sociales integrales, es la razón fundamental del deterioro de la paz. Dicho de otra manera, este paro no ha sido contra la Reforma Tributaria. Ha sido contra un Gobierno  incapaz  de cumplir sus promesas de campaña, empezando por aquella de  “subiré los salarios y bajaré los impuestos”. Todo este malestar sin duda le hará creer a Petro que ya tiene el poder “a tiro de escopeta”. No, si bien reina la inconformidad, los desmanes violentos de esta marcha y las anteriores, le están abriendo los ojos al país para darse cuenta que esta Colombia que Petro quiere no es la que la inmensa mayoría de colombianos queremos. Queremos una Colombia en paz, una Colombia productiva generando empleo y riqueza para corregir nuestras desigualdades. Una Colombia donde quepamos todos y en donde movidos por el deseo de superarnos y por el miedo de repetir una nueva Venezuela, exijamos la seriedad y la sensatez de nuestros dirigentes para escoger un solo candidato, uno solo, para enfrentar el peligro latente.

Alberto Zuluaga Trujillo                                                                     alzutru45@hotmail.com

Deja tu comentario

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí