No se metan con Carolina

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Editorial

Al promediar la presente semana, de manera subrepticia desconocidos hicieron llegar a manos de la ex concejal y ex candidata a la alcaldía de Pereira Carolina Giraldo Botero, una amenaza de muerte en su contra.  El panfleto, encabezado con una cruz negra, iba dirigido a la familia Botero Mejía, conformada por distinguidas personas que a lo largo de los años han mostrado su amor y compromiso con las nobles causas que tradicionalmente destacaron a Pereira como “ciudad cívica por excelencia”.

Es una nota burda y deliberadamente mal escrita, que profana el nombre de Dios para amenazar la vida de una dama valerosa, con expresiones denigrantes e intimidatorias como “al que está quieto se deja quieto” o “si Carolina nos quiere joder vamos a ver quién puede más”.  Va dirigida contra una mujer, pero no contra cualquiera, contra una líder social que encarna nuestros mejores valores. 

Carolina es una joven y destacada figura de la política; profesional en Historia y Ciencias Políticas de la Universidad de los Andes, con maestría y doctorado en Rutgers University, que se ha desempeñado en la docencia universitaria y ha ocupado con lujo de competencias una dirección técnica en Planeación Distrital en la capital de la república.

A su paso por el concejo municipal dejó la percepción de mujer íntegra, capaz, inteligente y amorosa, apasionada en la defensa de lo público, que no conoce de componendas ni traiciones.

Aspiró a la Alcaldía y encaró su responsabilidad sin complejos, porque no sabe de cálculos políticos sino de sueños y esperanzas, pero no alcanzó finalmente la nominación de su Partido.

Carolina ha denunciado tantas irregularidades, vigilado tantos proyectos, señalado tantos errores y reclamado por tantas infracciones, que a nosotros- simples notarios del diario acontecer- se nos hace imposible identificar quién o quiénes pueden ser los cobardes detrás de las amenazas en su contra.

Preocupa eso sí y de gran manera, porque en Colombia se amenaza y se mata impunemente a nuestros líderes y nadie impide que los graves hechos se repitan.  

Según la organización Somos Defensores, entre enero y marzo de 2020, 47 líderes sociales fueron asesinados, en tanto que en el mismo periodo del año pasado la cifra iba en 25 casos, lo que representa un aumento del 88% en los asesinatos a líderes y defensores (El Espectador, País, jun. 2020). Esa misma organización revela que en los primeros tres meses de 2020 se registraron en total 197 agresiones contra esa población, en su mayoría amenazas.

Amenazas como esta deben ser tomadas muy en serio, porque constituyen una flagrante violación de los Derechos Humanos y un atentado directo contra la libertad de expresión, máxima garante de la democracia.

1 COMENTARIO

  1. Poner en manos de la ciudadanía, denunciar, actos de esta índole , como la amenaza sistemática a diferentes líderes sociales, es un acto de valentía, en el país donde cualquier asomo de critica, al sistema es un blanco de amenaza.
    Incertidumbre, impotencia, temor, en el país del gobierno dictatorial, corrupto, que no soporta la denuncia por sus acciones obscuras.

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