Nuestra peste del olvido

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Por: Vigía Cívica (James Fonseca)

En “Cien años de soledad”, el Maestro Gabo, describe la peste del insomnio, que los Buendía creyeron pasajera: “Pero la india les explicó que lo más temible de la enfermedad del insomnio no era la imposibilidad de dormir, pues el cuerpo no sentía cansancio alguno, sino su inexorable evolución hacia una manifestación más crítica: el olvido.”

Reconocimos un síntoma semejante en el discurso del alcalde de Pereira, Carlos Maya, durante la reinauguración del Aeropuerto Matecaña. Donde el concurso de la sociedad civil apenas se mencionó, olvidando que hubo ocasiones en las que las administraciones municipales y los pereiranos tuvieron intereses contrapuestos en el asunto y que, sin la posición irreductible de estos, Matecaña habría desaparecido.

En 2006, el alcalde, Juan Manuel Arango, informó que Pereira trasladaría su operación aérea a Cartago y “para el 2010 el aeropuerto Matecaña de Pereira deberá estar fuera de operación”, porque un estudio de la firma “Aeropuertos de Paris” concluía que pronto estaría saturado y sin posibilidades de ampliación.

Entonces los ingenieros Samuel Eduardo Salazar y Armando Ramírez, de la Asociación de Ingenieros de Risaralda, se empeñaron en encontrar soluciones que permitieran la renovación del Matecaña. Sin ningún costo para la ciudad, elaboraron una proyección de las obras indispensables para ampliar la pista, incluyendo lo necesario para aviones que, en esa época, estaban en proyecto y las “Zonas Resa”, que la Aerocivil no había exigido a ningún otro aeropuerto de Colombia.

Sobre ese documento, Fernando Agudelo Velasco, como presidente del Comité Intergremial de Risaralda, contrató un estudio sobre las posibilidades futuras del Aeropuerto Matecaña, que pagó con aportes de los empresarios privados de Pereira.

Usando el documento de “Aeropuertos de Paris” para probar que nuestro aeropuerto cerraría, en Manizales se lanzaron a construir “Aeropalestina” para reemplazarlo. El alcalde de Pereira, Israel Londoño, guardo silencio al conocer ese proyecto y, junto al alcalde de Cartago, en 2008, pidieron al gobierno nacional la construcción de una carretera desde Pereira al Aeropuerto de Santa Ana. Seguramente, tampoco creía en la supervivencia de Matecaña.

A pesar de que el proyecto del Comité Intergremial mostraba otras posibilidades, el alcalde siguiente, Enrique Vásques, aceptó que se construyera la nueva terminal aérea mediante una Asociación Público Privada, APP.

Vino a continuación el alcalde Gallo, que encontró la APP en un estado en el que no podía sustraerse de firmar el contrato, pues vulneraría derechos adquiridos por las empresas ya calificadas. Su sucesor, el alcalde Maya, que ha hecho el control al desarrollo de la APP, también olvidó reconocer que la firma concesionaria cumplió, al entregar la obra domingo pasado, a pesar de la falta de ingresos operativos del Aeropuerto, durante el último semestre.

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