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LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

ActualidadNuestra vida es (como) una película

Nuestra vida es (como) una película

Ojo CON EL CINE

“Miramos el mundo una única vez, en la infancia. El resto es memoria”.

  •                                                             Louise Glück

La ganadora del premio Nobel 2020, poeta (se me están atravesando los poetas por todas partes) y del Premio Pulitzer; quien no hace mucho había cumplido 80 años (no creo que lleguemos hasta allá), y que falleciera hace pocas horas, dijo de manera extraordinariamente fulminante alguna vez eso que acabamos de poner en mi columna de hoy como epígrafe que me cayó “de perlas”, para reincidir en lo que he pensado acerca del cine, de su papel, de lo que es, puede ser y significa en la vida real, pues me recordó un personaje que miró este mundo desde niño y hasta siempre, a través del visor de una cámara tomavistas, pues a los cuatro años, sin tener todavía eso que llaman “uso de la razón”, sus padres, en la fiesta de cumpleaños le regalaron una pequeña filmadora como juguete, con el que jugó hasta su muerte, haciendo la más larga de las películas que se pueda uno imaginar. Entiéndase: su filmografía, no es más que cortometrajes que editados de manera inteligente, mezclados en el orden que él soñaría, conjuntamente con las demás cosas que pasaron frente a sus ojos escondidos detrás de todas esas cámaras, videograbadoras, celulares y/o dispositivos de todo tipo que capturan lo que se mueve, entre luces y sombras, con música de fondo o en silencio, con luz o en plena oscuridad (recuerden que en su “Barry Lyndon” en 1975, se ideó unos lentes especiales para capturar imágenes a la luz de una vela en interiores), con la complicidad de quienes estaban frente a él o a sus espaldas, como los infieles con sus amantes propias, con historias suyas ya vividas o inventadas, como lo hacen los inteligentes (esos de mentes brillantes), o de otros, sus amigos, sus familiares, sus cercanos o distantes, etc, etc, y que se dio el lujo de poner en duda con su trabajo cinematográfico el viaje a la luna (y valga decirlo ahora, mi madre, Doña Aliria, una sencilla ama de casa, nunca creyó que tres gringos pisaran el piso lunar, porque le parecía imposible), nos puso y ha puesto a pensar (perdón, a mí no más), con su extraordinario “documental” sobre EL HOMBRE EN LA LUNA de la veracidad de ese acontecimiento que hace parte de los archivos secretos de los mafiosos de la NASA.

Es decir, toda su filmografía, es sencillamente una sola película. Muy buena película. Extraordinaria película que cuenta de manera muy astuta, qué somos y qué papel jugamos todos los que jugamos en esta cosa que llaman vida.

Todos somos unos actores, buenos o malos pero somos unos actores que, fingimos amar, querer hasta la muerte, ser indiferentes, ser guapos, aparentar no tener miedo, demostrar que somos temerosos cuando nos conviene, dar la vida por el otro o la otra también cuando nos conviene, montar en algunas naves que uno le hace creer a los que le rodean que son peligrosas, pero que sabemos son lo más seguro del mundo porque ya lo hemos conversado con los que las tripulan, conducen, manejan, dirigen, etc. etc. etc.

Estamos haciendo parte de una película que está dirigiendo un poderoso realizador de cine que muy probablemente, es mejor que Stanley Kubrick, pero que muy tarde, nos estamos dando plena cuenta de ello. Para eso sirven los talleres de apreciación cinematográfica que los expertos imparten a todas horas en muchas partes del mundo.

Gracias don Kubrick por todo.      

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