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LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

ActualidadNuestro estado interior

Nuestro estado interior

La felicidad es un estado de ánimo, es decir, es un estado del alma, un estado interior indefinible, a cuya sensación contribuyen numerosos factores externos a nosotros.

No hay duda de que lo que finalmente predomina para definir el estado habitual del ánimo es lo que cuenta, es ese algo que podernos modificar con nuestros pensamientos, es ese misterioso crisol de donde todo fluye, de donde sentimos manar esa íntima vivencia de bienestar o de malestar, que es nuestro estado interior.

Cuando hablamos de la felicidad no nos estamos refiriendo a los instantes, días, períodos o épocas de alegría y bienestar que nos dan cuando confluyen favorablemente una serie de circunstancias externas de la ilusión de un viaje, la emoción de un paseo, el olvidarse de todo en una reunión.

Nos estamos refiriendo al estado interior habitual, al que fluye tenue y constantemente a lo largo de meses, días o años, al que como vivencia entrañable experimentamos en plena soledad. En otras palabras, nos referimos a la igualdad de ánimo durante toda la vida, aún en presencia de las adversidades que nos salgan al paso o de las dificultades que nos rodean.

Los factores ambientales, que pueden darnos de por sí felicidad o sufrimiento, son aquellos en los cuales estamos totalmente inmersos, y lo queramos o no, se han distribuido en las llamadas esferas de la constelación existencial.

Estas esferas son las siguientes:

1- Esfera de la seguridad física.

2- Esfera de la seguridad económica.

3- Esfera de la seguridad afectivo familiar.

4- Esfera de la seguridad afectiva sexual.

5- Esfera de la seguridad afectiva ocupacional.

6- Esfera de la seguridad afectiva social.

7- Esfera de la seguridad afectivo metafísica.

En cualquier edad, y en cualquiera de estas áreas, se nos puede dar la adversidad y el sufrimiento, y de hecho, se nos dan muchas veces en la vida porque el sufrimiento hace parte de nuestra formación.

Pero el estado interior en sus desarrollos ideales, es ese algo que tiende a la igualdad en tiempos de adversidad o de alegría, que se opone a que nos entreguemos indefinidamente al sufrimiento o al dolor.

Nuestro estado interior discurre silencioso de una manera inequívoca de malestar o bienestar, principalmente en los momentos de soledad y el mejorar ese estado interior haciéndolo más constante, obteniendo que se convierta en un fluir de bienestar, es el más importante logro que podemos alcanzar en el proceso de nuestro perfeccionamiento y, desde luego, el más difícil de todos.

Sin embargo, de la paz interior, de la serenidad, de la calma contemplativa, del bienestar interior que experimentemos, depende casi todo lo bueno que podamos hacer por nosotros mismos y por los demás. Porque si en nuestro interior hay infelicidad, si existen malestar, sufrimiento, intranquilidad y tristeza allá en el fondo de nuestro propio yo, será bien difícil que logremos ocuparnos con placer en el bienestar de los demás.

Todo lo que podremos lograr es cumplir con los deberes correspondientes a nuestro estado y simular, como el comediante en el tablado, la cordialidad, el buen humor y la adecuada disposición que no sentimos.

En el fondo, todos los esfuerzos que desarrollemos, todos los propósitos que nos hagamos, todo el edificio de nuestros logros y de nuestro perfeccionamiento tienden a percibir esa vivencia de bienestar que tanto se parece a la felicidad, sin serlo exactamente. Somos un completo misterio para los demás y los demás lo son también para nosotros.

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