Nuestros tesoros perdidos.

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Por DANILO SALAZAR

Desde los comienzos de nuestra vida republicana hemos sido proclives a amar lo extranjero y despreciar lo propio, de manera que por esa vía hemos terminado perdiendo objetos materiales que son parte de nuestro legado arqueológico, sin tener realmente conciencia del significado de su pérdida y las consecuencias que ello nos ocasiona.

El primer gran tesoro perdido es el “tesoro Quimbaya”, compuesto por 122 objetos de oro, encontrados en dos tumbas en el municipio de Filandia, Quindío, obsequiadas a la reina María Cristina de España, como muestra de gratitud debido a que esa nación sirvió como juez en un pleito fronterizo entre  Colombia y Venezuela, el laudo arbitral  se dio a conocer en 1891 aunque su estudio se inició en 1883.  Carlos Holguín, en ese entonces mandatario colombiano, había adquirido el tesoro para exhibirlo  en la exposición Histórico- Americana en Madrid, llevada a cabo con motivo del cuarto centenario del descubrimiento de América. Esta fue la primera exposición que se hacía en España para dar a conocer las sociedades antiguas de nuestro continente ,y luego se lo donó la soberana española, quien entregó el regalo al Museo Arqueológico de Madrid, hoy en día se encuentra en el Museo de América en la misma ciudad.

El donante sí sabía del valor inapreciable de su regalo y aun así, lo  entregó sin tomar opinión de nadie, lástima que en ese laudo, pagado tan caro, no se hubiera solucionado el pleito del  “Golfo de  Venezuela” donde se ubican los islotes de los Monjes y del que alegremente se apoderaron los venezolanos,  cuando se supo, o se creyó, que había una gran riqueza petrolera, sin tener en cuenta nuestros derechos allí. El domingo 6 de Abril de 2003, en la página 3-1 “El Tiempo” destaca que por solicitud de su presidente, Jaime Lopera Gutiérrez, la Academia de Historia del Quindío, intenta recuperar el tesoro Quimbaya, e inició los trámites ante el gobierno de España, usando como antecedente la devolución del sable corvo del general San Martín a Argentina por parte de Francia. Para 2016, “El Espectador”  del domingo 23 de Octubre, da a conocer  que el caso estaba abierto en la corte constitucional,  por tutela presentada por el abogado Felipe Rincón, que  busca recuperar el tesoro Quimbaya.

Patrimonio

En la gran expedición botánica realizada por José Celestino mutis y un grupo de criollos que trabajaron con él, se hicieron 6.318 láminas, Mutis expresó su deseo de dejar un ejemplar de las láminas en la biblioteca pública de Bogotá, y en su testamento manifestó que las obras deberían permanecer  en el Museo de Historia Natural en Bogotá, con la reconquista española, pablo Morillo, se llevó las obras, que fueron recibidas en España en 1817 con la presencia de Fernando VII. Estas láminas reposan en el jardín Botánico de Madrid. Igualmente se enviaron a España la cartografía de Francisco José de Caldas y los cuadros de mestizaje, no se sabe de ellas. En Colombia se quedaron las láminas de zoología entregadas a Jorge Tadeo Lozano, se  encuentran extraviadas. El gobierno colombiano nunca ha solicitado oficialmente la devolución de éste patrimonio nacional.

La balsa de Siecha , que al parecer demuestra la forma en que el cacique hacia ofrendas de oro a los dioses y  que  parece inspiró la leyenda del dorado, según  se cree, fue sacada de la laguna de Siecha  en 1856 por dos personas de identidades desconocidas, y fue vendida en 1880 al banquero Salomón Koppel, descendiente de alemanes quién la donó al Museo Etnográfico de Berlín ,que  buscaba piezas de gran interés histórico, se dice que dicha pieza llegó a Bremen y desapareció en un incendio.

En el diario ”El Tiempo” del domingo  20 de Julio de1997, página 24 A, se da cuenta de tres estatuas  indígenas de San Agustín ,encontradas en Francia en poder  de un ciudadano de ese país, que vivió en Colombia y las tenía como decoración en su jardín, posteriormente el mismo diario , el domingo 11 de Julio  de1999 página 13 A, denuncia que en un catálogo de la galería  Brunn  Rasmussen de Dinamarca, se ofrecían estatuas, vasijas y otras piezas arqueológicas de culturas prehispánicas colombianas, ” solo una de las 16 piezas que se ofrecían de las culturas Calima, Muisca, Quimbaya, Tairona, Tumaco y San Agustín, había sido registrada en el país”, las otras eran desconocidas por nuestros arqueólogos que supieron de ellas por el catálogo, la única registrada era una estatua de piedra de San  Agustín ,se pidió parar la subasta, pero las piezas pasaron a manos de coleccionistas privados, solo se pudo decomisar la estatua,   por suerte se  pudieron recuperar las  piezas que tenía en su poder el francés reseñado  en el artículo ya citado, de Julio de 1997. En el diario  “El Tiempo” del   5 de Mayo del 2002 en la página 2-2, el señor Víctor González, del Instituto colombiano de Antropología e Historia ICANH, dice que hasta ese momento se habían robado doce estatuas de San  Agustín , Huila, una de esas piezas estaba  buscando repatriarse al ser descubierta en Dinamarca, donde se pretendía subastarla, había sido hurtada en Diciembre de 1998, el museo privado que la tenía buscaba, que  nuestro país demostrara que esa estatua pertenece al patrimonio  nacional, afortunadamente está identificada en un libro  publicado en 1987. El diario  “E l Tiempo” del domingo 17 de  Agosto de  2003, en la página  1-6, da la grata noticia que ese día serían repatriadas cuarenta y nueve (no leyó mal, si  cuarenta y nueve) estatuas de piedra del parque arqueológico de San Agustín, algunas de éstas piezas ni siquiera eran conocidas por el ICANH. 

La Corona de los Andes, es una pieza colonial, realizada en oro y decorada con esmeraldas , su propietaria era la Diócesis de Popayán, fue vendida a comienzos del siglo XX, cuando aún no había leyes nacionales o  internacionales que prohibieran la venta del patrimonio, por lo que salió legalmente del país, se vendió para construir un asilo, que a la postre no se pudo hacer porque el dinero no alcanzaba, se supo que la galería Cristie´s la  sacó a subasta, pero al parecer no se pudo vender por cara, al salir legalmente del país, no se puede reclamar y habría que comprarla, hay dos problemas, no se sabe quién es su dueño, y con la pandemia rondándonos no vale la pena traerla de nuevo, y no podemos gastar los 300 millones de dólares del préstamo que Avianca no quiso usar en algo que no sea indispensable y urgente, por ejemplo reactivar la economía.

Otro gran tesoro que seguramente se perderá es “El galeón San José” y la gran cantidad de oro y plata que se dice llevaba en sus bodegas,  en el diario “El Colombiano”  del domingo 25 de Agosto de 1996 página 1D, se dice  que fue convocado el más importante consejo de ministros, por el presidente Belisario Betancur, para tratar el tema del galeón  ya nombrado, eso habría ocurrido el  17 de Marzo de 1983, en esa reunión el secretario privado de la presidencia, Alfonso Ospina manifestó que  “me informan que de Nueva Orleans  salieron tres embarcaciones que venían en busca del San José”, según el artículo, “ los nuevos filibusteros venían en busca de los dos mil millones de dólares que aguardan en la barriga maravillosa del viejo buque de madera, en forma de monedas, piezas de ocho, anillos, pinas de plata, incensarios, vajillas doradas, relicarios , bandejas y copas”. “El Espectador”    del domingo 26 de febrero de 2012, página 26, titula “ Así  perdió  Colombia el tesoro de  La  Mercedes” en un  recuadro en esa página, cuentan como la firma de cazatesoros Odyssey, localizó en el archivo de indias ,documentos que le permitieron encontrar  el sitio del naufragio  de la fragata Nuestra Señora de las Mercedes ,sacó el tesoro y lo llevó hasta la florida, denunciando allí el hallazgo, buscando la recompensa  prevista por la ley del mar, de naciones unidas.  No estoy al tanto de lo sucedido finalmente con el San José, pero temo que el desenlace de la  historia será similar al de la fragata nombrada, y que se  robarán de una u otra manera el tesoro, no importa que el  ladrón sea  España, los caza tesoros gringos o los políticos nuestros.  Sospecho que ese dinero se perdió.

Hablando del diferendo por el golfo de Venezuela, al que nosotros como colombianos llamábamos golfo de Coquibacoa,  Venezuela no acepta llevar el litigio a una corte internacional, argumentando que un funcionario dijo que Colombia no tenía interés en el islote de los monjes,  a sabiendas de que para tratados de límites se necesita negociación y aprobación de los congresos de las dos naciones; se vuelve a enojar uno de saber que Colombia se dejó demandar de Nicaragua, y aceptó la competencia de la corte para revisar nuestras fronteras con el aludido país, El argumento de Nicaragua, era que ese tratado entre los dos países se firmó por presión gringa, pues Nicaragua estaba bajo ocupación norteamericana,¿ por qué nosotros no reclamamos a panamá ? perdido  por presión norteamericana, nación que pérfidamente  orquestó la independencia del istmo, aprovechando la guerra de los mil días, para construir,  sin que Colombia pudiera impedirlo el canal interoceánico que ellos querían. Lastimosamente  otro gran tesoro perdido es el mar que le arrebató Nicaragua a San  Andrés y Providencia y ocurrió en el gobierno del “salvador de la patria”,  ¡qué tal eso!  Perdimos como 70.000 kilómetros cuadrados.

Nuestro último gran tesoro perdido es nuestra biodiversidad, pero ese es un tema que habrá que abordar en otro escrito.

 En síntesis ni conocemos ni apreciamos nuestros tesoros,  por eso, todos  los que si los valoran se apoderan de ellos, y algunos de esos tesoros, solo será posible  guardarlos en la memoria. ¡Un gran reto para un país de  amnésicos e ignorantes ¡

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