Por GABRIEL ÁNGEL ARDILA
El uso de tantas horas de ocio te vuelve malicioso. Entre saqué de mis cajones un puñado de plumas de escritura, bolígrafos o estilográficos, e intenté rayar (nada raro en alguien que gasta sus horas y potencias en la escritura)… Secos.
Tomé un recurso ya muy usado en casa: pasar por la olla del arroz, caliente, para ablandar esas minas e intentar recuperarlas… Cuando soplé con fuerza la primera que había caído accidentalmente en la llama, saltó la parte metálica de la punta y hubo una explosión de tintas en el piso y … en el pantalón. Resumen: rescaté una pluma y sacrifiqué mi pantalón habano, manchado de tintas.
Apliqué rápidamente un parafraseo inútil para manchas, pero efectivo para la paz del escritor: «bien vale perder un habano, por pulir un verso», para no caer en peores sentimientos de cierto desdichado rey del amor: «¡mi trono por una pluma!
Esa abundancia de ocio y de materiales de escritura inspiró otra reflexión sobre artes u oficios que ni por ocio deberían sostenerse. Pensé en oficios y profesiones que deberían desaparecer: la piratería, el trabajo sexual; las mulas, micro traficantes, narcos; usureros, ladrones de cuello blanco, médicos que ejercen como veterinarios caros; prepagos o damas de compañía; ajiceros e instigadores de coimas, traficantes de humanos, esclavistas, proxenetas y celestinas, secuestradores, boleteadores y tira piedras de oficio, ah, y ¡banqueros!.
Algo para no incurrir en pretendida genialidad literaria y de juez doméstico que reparte bendiciones para las meretrices y rasga vestiduras u ornatos, anticipando la beatificación a las que ya andan en edad de jubilación o en vías de eso, o tal vez en trance de santificación en el cumplimiento de pecados convenientes a una sociedad dolida por el moralismo y amante de los aquelarres. Dichosa de nadar en el ocio de la risa. Pero nadie quema el santo propio: solo a los del vecino.
Una macha de tinta no es una obra de arte, ni una elegía y ni siquiera la huella de alguna oración: Pero una pluma vale mucho más que una prenda para abrigar los polvos de una inútil satisfacción. ¡Pero consuela!


