Fundado el 9 de febrero de 2020
LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

ActualidadOjalá ayer nos fuera bien.

Ojalá ayer nos fuera bien.

ESCAMPAVIA

Ayer los colombianos votamos, así que esta columna más que anticipar o abogar, pretende mirar cómo ha evolucionado la política, iluminados por la campaña que estamos viviendo, por los candidatos y por aquellos quienes los acompañan.

Vale la pena comparar el valor de la palabra de entonces con la actual; entonces no se requería firmar en una notaría para dar fe de que se haría algo, pero esto es algo que ahora hacen los que sostienen que “París bien vale una misa”; se hace monótono el “yo no dije eso”, trivializado de cuenta de la importación de huevos desde no los hay para despacho, mientras que el vaivén de las propuestas y contra propuestas, con alto contenido social y económico llegan y se van como las golondrinas; cómo ha evolucionado la política; hoy ni lo escrito en piedra se respeta, en el presente la palabra es algo relativo al tiempo, a la conveniencia, a la estructura mental de quien de ella hace uso, es relativa como la verdad, según así piensan que sostienen que la realidad solo existe en los ojos y a través de la lente que la ideología le indique ; raro es encontrar a alguien con quien se pueda jugar al cara y sello por teléfono.

La palabra es poderosa, puede trasformar lo bello en feo, lo positivo en negativo, cambia valores y conductas, dolorosamente una gran mayoría de los colombianos somos víctimas de: vendedores: de sueños, de falsificadores de billetes y de diplomas, de los que canjean vidas a cambio de dinero, de los que ocultan miles de millones en sus apartamentos, en sus maletas, en bolsas o en  turbantes, tanto hemos cambiado que la palabra empeñada, convertida en ley, no se cumplió.

         Los judíos esperaron 2.000 años a un redentor y lo siguen esperando, dicen que en la República de El Salvador no pasa nada desde que Colón les dijo que nada hicieran hasta que él regresara; ahora en Colombia hemos cambiado, a los dos mil años les recortamos un cero y ahora solo son doscientos años; hace lo que hemos debido esperar para que llegara el salvador, el mesías quien tiene todas las respuestas , los remedios y las fórmulas para superar esa pesadilla en lo que la nueva palabra ha convertido a la tierra que nos vio nacer.

         Hoy todos tenemos derechos en abundancia, cosa que es innegable:  a la salud, al trabajo, a la honra, a los bienes, al pan, a la felicidad, a no ser atracado y muerto por portar un teléfono o una bandera, tenemos derecho a una justicia pronta, equilibrada e impoluta, a una educación de la mejor calidad, a los alimentos y al techo.

Cómo hemos cambiado, las elecciones y particularmente el día de los sufragios eran una fiesta, desfilaban por las principales calles, corregimientos  y veredas, multitudes; unos portaban propaganda y el color de su partido, otros hasta las mascotas sacaban a la calle; se escuchaban papayeras y el conteo de los votos era en plena calle; hoy, cómo hemos cambiado, se habla de jurados de votación, quienes actúan como notarios, como jueces de la voluntad popular, votando dos veces; muchas cosas más que nos hacen añorar tiempos viejos, cómo nos cambian los tiempos, ojalá el día de las elecciones termine bien, que se respete el veredicto de las urnas, que no haya ni trampas ni quienes reclamen faltas tirándose al suelo sin causa justa, Dios guarde a quienes en él creen, a Colombia, y también a los ateos.

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