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ActualidadPandemia aumentó trabajo infantil

Pandemia aumentó trabajo infantil

Por GABRIEL ÁNGEL ARDILA

Irracional ese debate y el actuar frente al trabajo de niños: sobreprotegen la pereza, activan limosneros y satanizan el trabajo. Aprender a trabajar (cuando es posible aprender de todo) debería ser derecho inalienable. Que todos los seres humanos en potencialidad de crecer y participar en la vida económica no apenas como consumidores, sino como usuarios y aportantes pareciera estar fuera de toda discusión.

Una persona humana, con su mera dignidad de ser creativo y aportante, puede alcanzar la plenitud de todas sus potencialidades, por medio del trabajo. Con su propio poder hacedor de milagros cotidianos, corrientes tocados de disciplina. Aprendimos que es la mejor y más directa vía a la santificación y no es otra cosa que la meta de perfeccionamiento humano.

En el júbilo de sus realizaciones, médicos y científicos en el área que eligieren, sirven a su propia especie en grado supremo, defendiendo la vida de otros y ayudándose para dignificar la propia, obteniendo de su ejercicio lo necesario para vivir honradamente… Como cualquier profesional.

¡Pero ya no se trata de eso!

Puede ser tarde y lo es, que un joven apenas sepa del aprendizaje a lo disciplinar y productivo, después de su adolescencia y cuando ya se haya perdido todo el potencial de la niñez para aprender. Con ventaja y facilidad, sobre cualquier actividad.

La persistente ocupación de menores en distintas actividades, incluidas las más peligrosas de las diferentes versiones de guerra que vive el mundo, es demostrativa de lo inútil: seguir invirtiendo tantos presupuestos en propagandas y campañas satanizando el trabajo infantil. Nueve millones de niños participarán en trabajos durante el próximo año (2022) según cifras de Unicef y la OIT. Está aumentando en 20% el trabajo infantil en el mundo por la Pandemia y aún siguen en esa ciega tontina los que van contra la razón y la corriente.

El argumento más ingenuo y corriente, es que el menor con ingresos se crece, se vuelve nuevo rico y mangonea: que ordena y gasta sin criterio y se enemista con el estudio. De ahí que a quienes gastan como manirrotos les dicen que actúan como niños. Falso.

Los legados maternos nos curaron a Obed Jaramillo y a mi de esos males y a pesar de estar ganando dinero por nuestro trabajo de menor, nos quedó brío para abordar él la Normal de Varones y yo continuar mi bachillerato, ¡trabajando, tal como cuenta mi compañero de pupitre y de mensajería Guillermo Romero Salamanca! No fuimos pocos, pero parecemos locos.

Entonces, ¡que la estupidez no nos gane!

2 COMENTARIOS

  1. Respetado Columnista: leo con detenimiento su columna .
    Me quedan unos interrogantes, me puede centrar su posición.
    < ¿ El trabajo infantil es un riesgo que deben correr las sociedades para forjarse como emprendedoras?
    < ¿ El trabajo infantil permite al adulto en potencia ser menos vulnerable a la agresividad del entorno socio- económico ?
    < ¿ Se debe potenciar el trabajo infantil como un modo de vida?
    Quedo atenta, Gracias.

    • Con mucho gusto: Gracias por su atención. Los niños que trabajamos forjamos y salimos adelante, quizá cuando faltaron algunos respaldos necesarios en familia. Las sociedades no deben abortar tempranamente talentos y formas de hacer, que nacen de necesidades generalmente, o de meras oportunidades de quien crea, aporta y hace. Y quienes aprendimos desde muy chicos a obtenerlos, podemos con seguridad ¡Cosechar nuestros propios besos! Volveré sobre el tema. Gracias

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