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LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

ActualidadPara «cabezas de chorlito»

Para «cabezas de chorlito»

No son muchos los macroproyectos que tiene y requiere Colombia y sorprende la pasividad con que los políticos y las instituciones los enfrentan. Un expresidente afirmaba recientemente que «nos hemos vuelto pequeños para las cosas grandes y grandes para las cosas pequeñas». Nada más cierto. El país se ahoga en una contienda política que lo distrae de los grandes retos y problemas que afronta. Una «vaca», una asamblea constituyente, reformas a la salud y pensional, un supuesto reordenamiento territorial y temas fracasados como el de las reformas política y laboral copan la agenda y el esfuerzo intelectual de nuestros dirigentes. Nadie podría afirmar que éstos no son temas relevantes y de suma importancia que deben debatirse y aprobarse, pero en un escenario polarizado y enfrentado como el nuestro es difícil y casi imposible suponer que haya resultados positivos a la vista.

Mientras tanto, temas de muy profundo calado y cruciales para el futuro de la nación están archivados en los anaqueles del intelecto. En los últimos veinte años los grandes esfuerzos económicos e institucionales se han concentrado en las nuevas vías 4G que están en pleno desarrollo y en el Metro de Bogotá. Es fácil suponer que todos ellos se concluirán más temprano que tarde y que es hora de retomar y poner sobre la mesa aquellos proyectos que son trascendentales para nuestro desarrollo económico de las próximas décadas. Colombia requiere que sus políticos no se enfrasquen solamente en discusiones sobre temas cuatrienales o que corresponden a los planes y propósitos cortoplacistas de cada gobierno y vuelvan sobre temas fundamentales.

¿Cuáles son algunos de esos proyectos? La comunicación interoceánica entre Urabá y Chocó, los nuevos ferrocarriles nacionales, la comunicación este-oeste (desde Venezuela y hasta el océano Pacífico), un nuevo puerto sobre el Pacífico y la recuperación de la navegabilidad del río Magdalena y del canal del Dique. Seguramente habrá otros más que omito inintencionalmente.

Las actuales circunstancias mundiales ameritan que reavivemos al primero de ellos: la comunicación entre el Atlántico y el Pacífico. El Canal de Panamá atraviesa una crisis hídrica histórica que ha limitado el número de buques que lo cruzan. De un total de 38 buques diarios se está permitiendo solamente el paso de 20 y la cifra podría bajar hasta 18 en las próximas semanas. La Autoridad del Canal ha informado que las pérdidas en 2024 estarán entre 500 y 700 millones de dólares. Todo esto a causa del clima. El canal no tiene agua suficiente por efectos del «fenómeno del niño» y el problema parece endémico. Por otro lado, graves conflictos políticos también afectan al canal de Suez y al transporte de carga a nivel mundial. Es oportuno y urgente revivir entonces el proyecto del tren interoceánico o canal seco que uniría al Urabá con el Chocó y que supliría y reforzaría al canal de Panamá. Incluso hay que pensar también en el tramo férreo entre Cartagena y Urabá y en la recuperación del canal del Dique que reforzaría el papel del río Magdalena como eje del transporte de carga al interior del país.

El tema de rehabilitar la red férrea nacional parece un sofisma de distracción; se han dado algunos pasos pero paquidérmicos. Después de muchos gobiernos el proyecto es aún incierto. No hay una voluntad clara —incluso con el utópico tren entre Buenaventura y Barranquilla— y no se avizoran resultados tangibles ni en el largo plazo.

Recuperar al río Magdalena como vía principal del transporte de carga y de pasajeros es otra urgencia inaplazable a la que los políticos no parecen o no quieren pararle bolas. ¿Sabían ustedes que ya están llegando a Leticia y desde Europa grandes buques de turismo por el río Amazonas?

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