Patologías del conductor

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Por JUAN CARLOS PARRA SANABRIA

Los seres humanos tenemos muchas patologías que hacen muy dramática nuestra existencia, las enfermedades mentales hacen sufrir en silencio a la humanidad y acorralan a toda la sociedad porque no somos capaces de comprender el abismo emocional en el que se encuentra el otro y lo que es peor, tampoco sabemos realmente, qué es lo que está pasando con estas personas, por ello, es muy posible que seamos arbitrarios y violentos sin saberlo con estos pacientes.

Una consecuencia de todo esto, es que el estado colombiano ignorando esta cruel realidad, le entrega licencias de conducción a todas las personas que aprueben unos requisitos simples, sencillos, que se han regulado en la ley 769 de 2002 en su artículo 19, donde los aspirantes asisten a centros de enseñanza y superan los procedimientos regulados en la Resolución del ministerio de Transporte 7281 de 2002,nuestro sistema también ha definido la certificación para conducir vehículos de acuerdo a unas categorías, como lo regula la resolución ministerial 1600 de 2005.

El problema es que, muy a pesar de estar regulado el paso a paso para que el ciudadano obtenga el Certificado de aptitud física y mental para conducir, expedido por un médico debidamente registrado ante el Ministerio de Salud, como lo hace la Resolución del Ministerial 1555 de 2005, aun así, son muchas las personas que teniendo enfermedades mentales se les entrega una licencia de conducción poniendo en peligro a todos los usuarios de la vías.

Una manifestación de ese desequilibrio, es que el conductor va excediendo los límites de velocidad en una zona residencial o escolar, sin el menor remordimiento, pero cuando las autoridades lo sorprenden, no presenta arrepentimiento o vergüenza por su acción  contra la ley, muy por el contrario, piensa que las autoridades están abusando de su cargo, que vulneran sus derechos constitucionales y empiezan a jugar un papel mesiánico, donde ellos , con  agresiones a las autoridades , van a reivindicar sus derechos y los de todos los oprimidos en el mundo.

Este curioso ejemplo, se puede aplicar a todos los actores viales, quienes se acostumbran a usar comportamientos de riesgo o por fuera de la ley , que en muchos casos, atentan contra el bienestar de la comunidad, pero ellos lo ven normal, como conducir borracho, donde algunos comentan delante de sus hijos y en las redes sociales, que ellos manejan mejor, cuando han consumido bebidas embriagantes, esto, acuñado con los refranes populares, donde se pueden escuchar desde antaño y sin remordimientos  que:  “ Dios cuida a sus borrachitos”.

El problema toma varios matices, donde la familia construye al infractor de tránsito, lo alimenta, le enseña los hábitos de riesgo, como montar al bebe en moto sin casco; O qué opinan ustedes de los cerebros que suben el niño al carro y lo ponen a conducir sobre el volante sin medir las consecuencias y argumentando que van despacio y sin tener ningún riesgo.

El listado de conductas irresponsables es muy larga, también el amplio vademécum de disculpas salomónicas de los infractores, para buscar evadir la orden de comparendo cuando son sorprendidos cometiendo una infracción de tránsito, pero, cuando el agente de tránsito o el policía cumple su deber, entonces sacan una enciclopedia de insultos y de epítetos para agredir a las autoridades que cumplen a cabalidad su deber.

De nuevo, es importante, llamar la atención de la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV) ,el congreso de la república y al ejecutivo nacional, para que se regule de manera radical, la forma de entregar las licencias de conducción, porque no se puede habilitar a todo el mundo para conducir un vehículo, que puede ser un arma mortal.

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