PENSANDO EN VOZ ALTA.

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Por JAIME BEDOYA MEDINA

El primero de marzo de 1991, ya treinta años, el EPL (Ejército Popular de Liberación) un calco del maoísta que liberó la China, dejó las armas que un puñado de dirigentes, casi todos salidos de las FARC habían empuñado en los sesenta. El evento ocurrió en varios puntos de la geografía nacional. En Risaralda, tuvo lugar en Villa Claret, corregimiento de Pueblo Rico.

Yo estuve presente por gentil invitación del profesor Fernando Toro, miembro del comité promotor de la reinserción. Llegamos en la noche previa y nos dirigimos a la caseta de Acción Comunal, donde velaban una niña guerrillera que había muerto esa tarde en un trágico accidente. Nunca había visto un guerrillero ni armado ni desarmado. Por lo mismo, me llamó la atención ver tanta gente levantada contra el Estado. Más tarde y, en misión oficial del Consejo Departamental de Paz, en tiempo del gobierno de Andrés Pastrana, fui a El Caguán, donde francamente cualquiera quedaba pasmado con la cantidad de tropa subversiva.

A la mañana siguiente, asistimos a misa que celebró el padre Miguel Velásquez, por entonces párroco del lugar y conversé con lugareños que se lamentaban de la salida de “los muchachos”, como les decían coloquialmente, pues al irse perdían las esperanzas de redención social para sus aplazadas aspiraciones de una vida digna. Y, así sucedió porque el Estado los abandonó a su suerte como pasa con todas las zonas dejadas por las guerrillas. Luego empezaron a llegar las autoridades que presidirían el gran suceso: Gobernador del departamento, el doctor Ernesto Zuluaga, un verdadero liberal recibido con respeto por los guerrilleros y habitantes de villorrio. El alcalde de Pueblo Rico, Sigifredo Salazar, compañero en la facultad de derecho. Germán Toro, constituyente con varios compañeros más. El Alto Comisionado de paz, el doctor Jesús Antonio Bejarano, más tarde asesinado por LAS FARC, que nunca frenaron el fusil contra las personalidades democráticas del país.

Había una excelente relación entre las tropas y los dos comandantes del frente Oscar William Calvo, los señores Marino Alzate y Carlos Mario Franco, hoy integrantes de la sociedad civil y constructores de una nueva Colombia desde la legalidad. La mayoría de los reinsertados siguen fieles al compromiso firmado con el presidente Gaviria y son misioneros de paz. Su empresa emblemática, Colectivos del Café es modelo para la reincorporación de futuras guerrillas. Un tributo de respeto a gente comprometida.

Jaime Bedoya Medina.

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