PENSANDO EN VOZ ALTA. Las interesantes no son nuevas y las nuevas no son interesantes.

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Por JAIME DIEGO BEDOYA

*Cuando escucho las peroratas del presidente, recuerdo un discurso del inteligente, brillante y bien formado cardenal Castrillón quien, en una disertación para rebatir las opiniones de algún contradictor, salió con esta perla: después de escuchar el examen académico de un alumno, el maestro le dijo: has dicho cosas nuevas y cosas interesantes; pero, las interesantes no son nuevas y las nuevas no son interesantes. El alumno se rajó. Veamos, 1° las cosas nuevas que dice el presidente: Acuñó la expresión “paz con legalidad”. Qué charada, pues quién deseará una paz que no esté basada en la ley; nadie, porque sería una paz efímera, generadora de más violencias. Es por lo que los conflictos armados terminan con acuerdos de paz que, como en el caso colombiano el modelo fue reconocido mundialmente, para que los implicados salden sus deudas con el Estado y la sociedad. Y, dicho sea de paso, a él pueden acogerse todos los delincuentes. Nada interesante hay en ese repetido estribillo, señor presidente.

2°, Las cosas interesantes: la droga es el combustible de esta conflagración social. Verdadero, pero no es nuevo. Lo venimos diciendo desde cuando Nixon declaró la guerra fallida contra las drogas, hace más de 50 años. Le faltó añadir que también permeó las instituciones: Fuerzas militares, parlamento, la mayoría de la clase política, la justicia, las iglesias, perdió la juventud y devastó el medio ambiente.

**Bombardeo en Guaviare: Más allá de la discusión sobre si el gobierno sabía que en el campamento había menores de edad -y es muy probable que en todas esas guaridas los haya-, el dedo en la llaga es que los niños, son pasto de las fieras guerrilleras, paramilitares y hasta hace muy poco del establecimiento, que reclutaba por debajo de los 18 años, porque no tienen otro camino dado que carecen de alternativas para realizar su proyecto de vida. (Leer anterior Semana) Entonces aparece el bandido a seducirlos con pajaritos en el aire. Si esa estrategia no les da resultado, viene la conscripción forzada y ya sabemos para qué los necesitan, además de enseñarlos a disparar: los vuelven esclavos sexuales. En todo caso, los niños que mueren en esas acciones son los pobres entre los pobres, porque los bandidos sacan los suyos al extranjero y, triste paradoja, los de quienes azuzan esta horrible guerra, no van al campo de batalla.

***¿Periodista una persona como la Dávila, que no distingue entre un hampón y un rebelde? Enterrará la, hasta hace poco, mejor revista de Colombia.

Jaime Bedoya Medina.

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