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PolíticaPENSANDO EN VOZ ALTA. Todos los gobiernos repiten lo mismo.

PENSANDO EN VOZ ALTA. Todos los gobiernos repiten lo mismo.

Por JAIME DIEGO BEDOYA

*Cada vez que ocurre una masacre, un secuestro, un ataque a la población, a un convoy militar, a un oleoducto o torre eléctrica, éste y todos los gobiernos en declaración a posteriori repiten lo mismo: No permitiremos que bandidos perturben la tranquilidad de los colombianos. Y, no habrá pasado mucho tiempo cuando de nuevo los criminales vuelven y atacan con resultados favorables a sus intereses. El pueblo recuerda la afirmación anterior y no sabe si reír o llorar.

Conmueven las imágenes de las familias de los soldados caídos en campos minados o en ataques terroristas. Todas viven en miserables tugurios levantados en zonas subnormales de los pueblos y ciudades, sin agua, ni luz, ni gas, ni servicios higiénicos. Las caras de los difuntos revelan su tragedia: Son casi niños curtidos por el sol y demacrados por el hambre que optaron unos, por el servicio militar con la esperanza de salir con libreta de primera para intentar emplearse, al menos, como escoltas; muchas veces llamados por bandidos o delincuentes que los prefieren por la experticia en el manejo de armas. Otros, se van de soldados profesionales que les representa un ingreso digno para sostener a sus familias, generalmente conformada por la mamá y varios hermanitos pequeños. Él tenía un sueño, dice alguien: trabajar duro y juicioso para comprarle una casita a la mamá o para ofrecerle un futuro digno a sus hijos. Ninguno dice que se fue por el amor entrañable a la patria. El Estado llega como plañidera a rendir los homenajes de rigor al cadáver cuyo ataúd va envuelto en la bandera de Colombia y en el cementerio, un soldado lo acompaña con los fúnebres acordes en la trompeta que conmueven más a sus deudos; sonido que nunca olvidarán. Ahí mismo empieza el calvario para la familia porque cobrar la indemnización es un viacrucis.

Esa es la guerra que quieren librar los violentos de este país, pero con hijos ajenos. Por qué no meten el cuerpo en el campo de batalla con su prole consentida. No dizque aman tanto a su patria; sólo así experimentarían el dolor de recibirlos en bolsas negras, como les ocurre a los pobres de Colombia. O, mejor, ¿negociamos un acuerdo con todos los actores, único camino para frenar esta carnicería?

**Sí, señor Uribe, queremos el socialismo liberal. No el sucio y oprobioso colectivismo marxista que, como su derecha, fracasaron en el intento de garantizar vida digna para todos los seres humanos.

Jaime Bedoya Medina

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