Pensando en voz alta – Una salvajada

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Cortesía La Opinión

Por: Jaime Bedoya Medina

*El Concurso Nacional de Belleza, se celebra en La Heroica desde el año 1934 y la primera beldad fue la cartagenera Yolanda Emiliani Román, hermana del autor de los Puentes Emiliani, que tanto avivan el turismo en Colombia.

Este evento concitaba la atracción nacional y la gente comentaba, apostaba, sacaba favoritas y vivía pendiente de la televisión que hacía su papel en el camino al día D. del concurso nacional.

Desde hace años, el certamen ha perdido audiencia e importancia, incluso para los mismos cartageneros, que se cansaron de programación para las élites y, sobre todo, por la cooptación que el narcotráfico hizo de ese evento durante muchos años.

Hoy, salvo en el jet set, nadie sabía quién es la Señorita Colombia hasta el año pasado cuando el jurado escogió a la representante del Quindío.

A pesar de todo, el concurso tenía su encanto pues la soberana era automáticamente delegada de Colombia al más importante certamen mundial de belleza, Miss Universo, en el cual hemos sacado dos reinas: Luz Marina Zuluaga y Paulina Vega y varias virreinas.

En realidad, a Miss Colombia, con raras excepciones, van niñas cabezas-huecas. Y si no lo creen, consulten las caricaturas que Osuna publica en El Espectador, sobre tales personalidades. La más famosa para mí, “La Bella y la Bestia”, de hace varios años.

Pero, Oh sorpresa, se les creció el enano, como señala el adagio popular. Pues, el año pasado, ganó en franca lid una hermosísima muchacha que salió a dar contundentes declaraciones a la prensa sobre la grave situación política, el paro indefinido, la muerte de los líderes sociales y la falta de liderazgo del presidente y de buena parte de la clase dirigente para superar la crisis.

¿Qué? Esta mocosa, nos está desafiando; ¡no puede ser! Su papel es el de ir glamurosa a todos los desfiles de beneficencia y comprometerse con la niñez y los ancianos desamparados; defender la ecología para salvar la tierra, etc., etc., pero no más de palabra.

Entonces, aunque esta hermosura tiene todas las posibilidades de ganarse Miss Universo, no podemos premiar a quien desafió los cánones del reinado. Y de sobremesa, allá dirá verdades sobre el país y nuestro presidente, que no convienen.

¿Qué hacer, entonces? Salgamos con el embuchado que no tenemos la franquicia para enviarla y, santo remedio.

Ven cómo se desmontan Raimundo Ángulo y sus secuaces. Colombianos, esa y no otra, por más que intenten convencernos, es la verdad verdadera del veto a esta belleza quindiana, la señorita María Fernanda Aristizábal Urrea. Pero, ella es y será la más grande reina que Colombia ha tenido.

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