Fundado el 9 de febrero de 2020
LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

ActualidadPeores los imbéciles que los malos.

Peores los imbéciles que los malos.

ESCAMPAVÍA

         Es increíble que los alemanes, gente amante de las artes, culta, ilustrada, hubiera dado respaldo a Hitler, a sus tesis racistas, a sus barbaridades, a las masacres, incluida la de un pueblo que en sus territorios habitaba desde tiempos inmemoriales, a la más cruel de las guerras que la humanidad ha sufrido.

 Es inexplicable que personas quienes se consideran gente de bien sigan aceptando y lo peor participando de la locura de las guerras, de la destrucción de vidas, de la naturaleza, de todo lo bueno que el hombre ha construido y peor de lo que ha heredado de quien el mundo creó. El uso de las armas, el secuestro, las bombas y minas, no tiene justificación ni puede ser premiada, ni estimulada, ni cohonestada y lo más increíble es que las armas y sus portadores, los pregoneros del odio, que es peor de los sentimientos humanos, sigan teniendo audiencia y quién lo creyera, están accediendo al poder aquí y allá.

         Bonhoeffer, el pastor luterano quien fuera fusilado por difundir la “Teoría de la Estupidez” aquella que afirma que  “no es más peligroso el más malo, sino el más tonto”, como explicación al éxito de Hitler; otros la describen como la incapacidad de adoptar puntos de vista diferentes a los propios, el estúpido no aceptará nada que difiera de su esquema mental, por evidentes e incontrovertibles sean las pruebas que se le muestren, por el contrario, generalmente responde con agresividad y se atrinchera en sus prejuicios; para abundar en lo dicho  Albert Einstein dijo: “¡Triste época la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio”.

         Los analistas del comportamiento social han repetido, una y otra vez que la gente acepta como cierto todo aquello que se acomoda a sus prejuicios y desecha todo lo contrario, esta realidad es bien usada por los manipuladores sociales, los mesías vendedores de futuro, del vivir sabroso y también por los comerciantes, quienes hacen uso de la big data para llenar de información acorde con lo que su público desea oír.

         Las guerras de hoy, la de Ucrania bombardeada y asolada por el gigante Goliat, la de Palestina en manos de fanáticos cuya meta es exterminar, o las del África alimentadas por los mercenarios rusos y de otras pelambres, la inacabable que nos martiriza, todas ellas se alimentan de la imbecilidad de los que le creen a quienes pregonan tener la varita mágica para convertir en felicidad todo aquello que tocan y que para ello basta con conquistar el poder para los suyos y someter al yugo a los otros.

         Cabe pensar, que los que mandan en Hamás, conocedores de los judíos y de su gobierno, no presupuestaron la respuesta violenta que recibiría su ataque y que ello produciría una guerra tan cruel como la que estamos horrorizados viendo, me atrevo a suponer que si lo sabían y que las víctimas que resultarían de las otras víctimas que ellos causaron, serían apenas mártires, bajas justificables, puesto de que esta manera lograrían desatar una guerra que exterminaría al adversario; quizás lo uno y lo otro era inevitable y consecuencia lejana de aquella paz que firmaron Mohamed Yahir Arafat e Isaac Rabín y también el entonces presidente de Egipto  Anwar El Sadat, acuerdo que les costó la vida y fracasó, entre otras razones, por las balas disparadas por fanáticos a Rabín en noviembre de 1.995, y  a Sadat en octubre de 1.981, y al envenenado a Arafat. Los imbéciles siguen impávidos ante la acción de los malos y como idiotas son, terminan siendo víctimas de su propio invento; “Cuando te mueres, no sabes que estás muerto, no sufres por ello, pero es duro para el resto. Lo mismo pasa cuando eres imbécil”.

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