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LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

ActualidadPetro es bruto o se hace el pendejo

Petro es bruto o se hace el pendejo

Imagino con dolor la agonía de la Magistrada de la Corte Suprema Fanny González Franco durante la toma del M-19 al Palacio de Justicia en Bogotá en noviembre de 1985, episodio llamado por los historiadores “holocausto judicial” y por el que nunca se ha disculpado Gustavo Petro, pese a que formó parte de la agrupación guerrillera.

No participó porque estaba en prisión, eso está claro; sería errado e injusto acusarlo en lo personal por un hecho en el cual ni siquiera intervino. Su inocencia es indiscutible. Sin embargo, militaba en la organización hoy desmovilizada y ahora, como Jefe de Estado que representa a todos los ciudadanos sin importar la ideología de cada uno y en cuyo nombre lidera un proceso llamado “paz total” podría demostrar nobleza expresando un poco de respeto y solidaridad hacia los difuntos olvidados.

Por desgracia, al parecer le tienen sin cuidado quienes sean ajenos a su forma de pensar. Lo acaba de probar ante la humanidad con su fría e indiferente reacción por el ataque despiadado del grupo Hamás a Israel, donde la indefensa población civil fue sorprendida con sofisticados y muy bien planeados bombardeos y operativos homicidas ejecutados por tierra. Son más de mil los muertos, y el conteo sigue en aumento. Entre las múltiples escenas de violencia llama la atención la felicidad de centenares de jóvenes que amanecieron bailando en un concierto, enamorados del milagro de la vida, pero cerraron la jornada convertidos en cadáveres envueltos en bolsas plásticas; cadáveres que se suman a los testimonios de la barbarie de los extremistas.

A pesar de las crueles imágenes transmitidas a lo largo y ancho del planeta, nuestro gobernante hizo una de sus rutinarias salidas en falso y calificó de neonazis a los israelíes, pese a su condición de víctimas de la repugnante acción terrorista y del exterminio de judíos en diversos momentos de la historia. Me pregunto si Petro es bruto o se hace el pendejo.

Sería grandioso que en un instante de humildad el hombre que habla por Colombia ante el mundo rindiera homenaje público de desagravio a las familias de quienes yacen en los cementerios o siguen cayendo bajo las armas, sin discriminar por ser de derecha, de izquierda, del centro o de arriba o de abajo. No obstante, se atreve a exigirles a los demás que pidan perdón por sus crímenes.

Fanny González Franco era una erudita con formación internacional en una época en que las mujeres todavía tenían que ganarse las oportunidades a los codazos para ascender en un entorno dominado por el género masculino. Aún así, ayudó a despejar el camino de sus congéneres. Fue la primera mujer egresada como abogada de la Universidad Pontificia Bolivariana, la primera mujer magistrada del Tribunal Superior de Pereira y del Tribunal Superior de Manizales y, finalmente, la primera dama que alcanzó la investidura de Magistrada de la alta Corte a donde llegó ilusionada, con la convicción de que dejaría un legado de jurisprudencia y buen ejemplo para las futuras generaciones.

Recuerdo su mirada feliz y orgullosa cuando nos compartió la “buena nueva” de su designación para la Sala de Casación Laboral a sus entonces muy jóvenes sobrinos que por casualidad la visitamos en Manizales justo en los días en que recibió la noticia. No sospechaba que estaba dando su primer y definitivo paso hacia la sepultura. Su futuro y sus sueños fueron masacrados sin compasión. Le negaron cualquier otra opción: era morir o morir.

En contraste, hoy existen garantías en las que se amparan Petro y sus súbditos cada vez que los cuestionan y en respuesta se limitan a ponerle la queja como niños regañados a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (C.I.D.H) con sede en Washington y a la Corte Interamericana de Derechos Humanos asentada en Costa Rica. Para el señor Gustavo solo valen la Constitución y las leyes cuando las normas benefician sus propósitos; de lo contrario, las menosprecia y se escuda tras la cómoda jurisdicción extranjera.

Mi tía estaba sola en su Despacho, como sus restantes colegas asesinados en el mismo asalto guerrillero; en el resto del edificio fallecían otros inocentes en ese oscuro capítulo del pasado reciente. En el instante en que sintió que los verdugos golpeaban en la puerta de su oficina se refugió en una breve llamada telefónica con uno de sus hermanos, a quien dijo estas que serían sus últimas palabras: “Dios está conmigo y me ayudará a conservar mi dignidad de magistrada. Si es designio de Dios que yo muera para que se conserven inmaculadas las instituciones jurídicas y vuelva la paz a Colombia, entonces que Dios, el Presidente y las Fuerzas Armadas salven la Patria. Muero, pero no me doblego”.

A Fanny le sobró la grandeza que hoy día le falta a Petro. Me siento muy orgulloso de mi tía, la víctima.

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2 COMENTARIOS

  1. Pues el bruto y perdemos es usted. Desconoce cuántas veces el ya inexistente M19 reconoció su horror. Y los horrores de parte de los militares en la retoma.
    Esparce usted la mentira creada por Semana sobre lo expresado por Petro acerca de la situación en Palestina.

  2. Doctor González usted como sobrino y nosotras como mujeres sentimos el cruel asesinato de tan grandioso ser humano y en cuanto a su pregunta es ambos, bruto y pendejo

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