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LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

ActualidadPlataforma para próximo cuatrienio

Plataforma para próximo cuatrienio

Ya lo decíamos: Los años y esfuerzos perdidos en «La Patria Boba» no dejaron lección, ni promesa de avance. Hoy todo en este país conduce a que configuraron el más resbaloso de los sistemas donde pasa de todo pero no pasa nada: Es La Patria Babosa: la melancolía de los poderosos, en el juego de toma-dame que conjugan más el miti – miti, que el juicio, señores, juicio con el patrimonio de los colombianos.

A los actos de criminalidad se responde con agüitas tibias y paños fríos, pero se saca pecho pregonando que hay mucho dinero para entregar recompensas a los ilusos que denuncien… Paralizan ciudades y el sistema productivo, la economía, y se sientan a discutir con los alevosos las medidas que a su medida resuelvan las incomodidades. Ya no son los camioneros quienes hacen colapsar vías, sino los «moteros»… El sistema de salud se ahoga entre la alevosía de los abusadores de todo (de drogas, de armas, de vicios en su educación) y la inercia burocrática de ese Estado que no es capaz de controlar, ni menos de proveer…

La educación no tiene horizonte, los más calificados académicamente (porque se les brindó oportunidades) son los mayores encausados en la inane investigación exhaustiva de todas las tropelías contra el dinero público. ¿Se pelearían un ranquin de las universidades que compiten y sobresalen en corrupción ejercida por sus graduados? Eso necesita un objetivo, un propósito que no consista apenas en hacer felices a los desadaptados y más vagos. Malos educadores, apenas versados en teorías y sin ninguna práctica, sin untar ninguna región de su vago conocimiento con las realidades de la calle, ganan dos y tres pensiones por no haber hecho nada. O, peor, mucho peor, haber dilapidado esa opción de aportar y malgastar el dinero tirado en ellos y en eso.

Aquí falta ejercer autoridad, cuando dignidad ganen los que cobran por ejercerla. Falta seso y carecemos de justicia. Temple, para no derretirse ante cualquier patán de vereda; criterio para no mojar los pantalones cuando vienen los tales «defensores» de esos y que financiados por oscuras fuerzas, están dispuesto a enredar con sus interpretaciones torticeras cualquier norma. Hay que tener derecho, para vencer a los torcidos.

La virtud es cambiar de bando y rotar, como las arepas, para dorarse parejito. Así ya no sos blanco, ni amarillo, sino tosta’o como cualquier otro asoleado en este paraíso de los remates, las recompensas y los oportunismos.

Del círculo virtuoso a la mayor (nada virtual) estupidez: que use un reconocido delincuente a la Justicia (la que sea) para enlodar nombres y personas y luego todos (los medios) asumiendo el barro como verdad, exijan a los enlodados limpiar su propia honra así manoseada. Trueque del principio de inocencia por el de «verdad sabida» y firmada con sangre o más delitos del denunciante interesado en despistes así. Por su solo beneficio.

Sin entender del alto lenguaje (jeringonza) legalista, se rompe el debido proceso. Distraen la eficacia de una investigación penal y se otorga ventajas al que así se defiende en cualquier estrado. Por principio, eso debería estar en total secreto hasta obtener pruebas de los nuevos mencionados y estar reservado únicamente a los propósitos investigadores. Sigilo o la máxima reserva del sumario. Y más seso, para marcar el futuro.

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