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ActualidadPolítica: convicciones y conveniencias

Política: convicciones y conveniencias

Por culpa de la descomposición de los partidos políticos y las trampas de las redes sociales, el electorado extravió el norte de las convicciones partidistas mientras los políticos de oficio se acomodan a conveniencia.

El clima político es hoy tan cambiante como el clima de Pereira al punto que los jefes políticos en lugar de paraguas usan paracaídas.

Es lo que hay a pocos días de la segunda vuelta presidencial: una peligrosa atmósfera contaminada de miedo, incertidumbre y desestabilización emocional. La cultura política también está en el trancón.

Bauman, el filósofo de “la modernidad líquida” (todo fluye y es transitorio), se debió inspirar en el caso de la política colombiana donde la expresión “la política es dinámica”, traduce, acomodarse a conveniencia, igual que agua en recipiente.

La historia también enseña que la política es líquida desde tiempos remotos dejando evidencias de la dinámica fragilidad existente entre la convicción y la conveniencia.

Un caso famoso es el de Enrique de Navarra, quien, habiendo sido español bautizado católico, después se pasó al calvinismo protestante, pero a la muerte de Carlos IX rey de Francia y asesinado el heredero Enrique III, tuvo derecho de sucesión al trono, pero el papado y las castas católicas francesas se opusieron, ante lo cual, se deslizó al catolicismo para asumir en 1593, en tremenda misa, como Enrique IV de Francia.

De allí nació la leyenda según la cual, el nuevo rey de Francia habría dicho: “París bien vale una misa”, lo que traduce que, en política y en negocios, por encima de las convicciones, están las conveniencias. Excepto las excepciones que confirman la regla.

Otro famoso de la historia fue Joseph Fouché, quien se paseó a conveniencia de la Revolución Francesa a la república y luego al retorno de la monarquía. Nunca tomaba una decisión mientras no supiera dónde estaban las mayorías.

La memoria política del pueblo es frágil. Sólo reacciona si le tocan el bolsillo y el estómago. La de los políticos es hábil y ágil. Se mueven y deciden en consecuencia y a conveniencia. Son políticos con adaptabilidad al sistema y si no ven la razón para reformarlo, mucho menos para cambiarlo.

La convicción genera serenidad y certeza, no importa si se pierde o se gana. Quien vota con convicción está tranquilo consigo mismo. Se siente un demócrata completo. Al ir a las urnas, confía que quien gane, tiene un mandato de representación que no es para siempre y que, al ser elegido, deja de ser un guerrero de la política (populista, demagogo o lo que quiera) pero asumir el mandato, el rol debe ser el de un estadista en el sentido pleno de la expresión.

Al final, el elector pone y el elector quita y castiga. Y el gobernante que no ejerza como estadista, termina como un payaso en el circo de la política. La historia no perdona.

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1 COMENTARIO

  1. Felicitaciones, excelente columna de la realidad nuestra.
    Allí hay una descripción perfecta de los políticos pereiranos.

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