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LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

Política¿Por qué perdieron muchos de los candidatos en Risaralda?

¿Por qué perdieron muchos de los candidatos en Risaralda?

Los resultados electorales en Risaralda no fueron una sorpresa, salvo la excepción de lo obtenido por los «verdes». Por el contrario, era fácil pronosticar el desenlace de las elecciones. Las curules de Gallo y de Merheg no tenían pierde y los votos alcanzados lo confirman. De igual manera alguien que conozca un poco de los avatares de la política local sabría que las cámaras de Patiño y Hoyos eran también fijas. Y aunque hablar de los perdedores es como «poner el dedo en la llaga» puede afirmarse que su novela es «crónica de una muerte anunciada». Veamos.

Las derrotas de Juan Carlos Rivera y de Sigifredo Salazar, figuras del partido Conservador, la anticipé ocho días antes en el programa de «Política de la Buena» que se transmite los martes por la emisora Ecos 1360. Era muy difícil que la lista azul para la Cámara alcanzara el umbral con solo dos figuras halándola; curtidos en las artes electorales ambos candidatos parecían novatos e ingenuos al renunciar a una plancha completa en la que cuatro nombres la empujaran. Las profundas diferencias que existen al interior de la colectividad exacerbadas por el apoyo de uno de los miembros de la lista a un aspirante al Senado de otro partido desestimularon a muchos electores. Y si a eso le agregamos la ausencia de la tradicional «maquinaria» de la gobernación, trasteada hacia las filas de Víctor Manuel Tamayo y acomodadas en otra lista diferente, no podía esperarse otro resultado. Una verdadera catástrofe pues nunca, en la historia de Risaralda, los godos se habían quedado con las manos vacías en la Cámara.

La pérdida de la curul de Juan Carlos Reinales en la misma corporación y por el partido Liberal también se venía venir. Los afectos del «gallismo», su base electoral en los comicios anteriores, se deterioraron progresivamente con su actuar independiente y solitario. Sus detractores lo involucraron en un escándalo —del que aún no sale— que le hizo gran mella en su campaña y las huestes del «cambio» tuvieron entonces argumentos para trastearse a otra parte.

Las otras derrotas sensibles —por lo que se pronosticaba— fueron las de Giovanny Londoño del partido Mira y de Juliana Ospina de Colombia Justa y Libre. La colectividad del primero venía creciendo electoralmente en Risaralda y en las elecciones anteriores estuvieron muy cerca de alcanzar el umbral. Parecía que un ligero empujón fuera suficiente para lograr la meta de quedarse con una de las cuatro curules del departamento en la Cámara de Representantes y fue precisamente la sobrina del Gobernador de Risaralda la encargada de cumplir esa tarea. El Mira no solo no creció sino que redujo sus votos en casi un 20% mientras que la aspirante santarrosana no aportaba el número de sufragios esperado.

Los pobres resultados de los interesantes proyectos de Lina Arango e Iván Marulanda, aspirantes al Senado de la República, tampoco sorprendieron. La ausencia de equipos avezados con adecuadas estructuras electorales y unas campañas soportadas exclusivamente en votos de opinión son los causantes de sus debacles. A esto hay que añadir que los aspirantes a la Cámara de sus partidos no los acompañaron. Eran como veleros sin vela y en altamar.

A Alejandro Corrales —Senado— y a Gabriel Jaime Vallejo —Cámara— el Centro Democrático los dejó íngrimos. Empujaban solitarios un carro varado mientras los otros aspirantes a la Cámara, el diputado, los concejales de Pereira y los líderes más significativos de la colectividad se fugaban por la ventana tras otros cantos de sirena. Imposible ganar así. Y lo del médico Botero, un descalabro esperado; no merece más comentarios.

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