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LUIS FERNANDO CARDONA
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ESCAMPAVIA.

         El 28 de mayo de 1.987, un muchacho alemán de apenas 19 años, el piloto aficionado  Mathias Rust,  aterrizó una pequeña avioneta en la Plaza Roja en Moscú. Esta falla imperdonable, causada a la que se mostraba como la mejor defensa aérea del mundo, causó la renuncia del ministro de la defensa de Gorbachov.

         El primer ministro de Inglaterra, opuesto al retiro de la isla a la Comunidad Económica Europea, una vez perdió la votación convocada para definir la participación en el acuerdo económico y social del viejo continente, de la que llamara Napoleón La Pérfida Albión, presentó su renuncia. Estos son dos actos de responsabilidad política, respuesta honesta que eludió Juan Manuel Santos, al hacerle gambetas al veredicto de las urnas.

         De la responsabilidad política, norma en donde la palabra es oro, pasamos a la novedad jurídica heredada de la doctrina penal alemana, la cláusula Roxin, por medio de la cual se define la responsabilidad en la línea de mando, que ha sido asimilada como la autoría mediata en aparatos organizados de poder de dominio de la voluntad derivada que se resume en  “todos se convierten en anillos de una cadena de condiciones de plural coautoría”

         La responsabilidad de los jefes de las organizaciones del estado por los actos ilegales en los cuales actuaron sus subalternos, ha sido acogida con entusiasmo en nuestros tribunales y por supuesto por la recién creada JEP, y además cobija a civiles, quienes no eran sujetos procesales en la doctrina alemana, en los más sonados casos que involucran a altos dignatarios colombianos.

         Para que se dé la responsabilidad política se requiere honestidad y una democracia que respete las decisiones del elector primario, cosa que, como se ha demostrado, es letra muerta y para que la responsabilidad penal en la cadena de mando sea considerada con justicia alejada de consideraciones ideológicas o de partido, se requiere de jueces y tribunales honestos.

         Dijo el presidente Petro que asumía la responsabilidad de haber ordenado que la fuerza pública no acudiera a rescatar a los policías torturados y asesinados “para evitar una matanza” tesis que entra en total contradicción, con la versión de su premier, quien afirmó que no se trató de un secuestro sino de un “cerco humanitario”, enfrentamiento armado que no se hubiera dado, si los policías estuvieran siendo salvaguardados, ya que quienes acudirían a traerlos de regreso a donde pertenecen, eran sus compañeros y no los irregulares fuertemente armados quienes mataban y humillaban a los inermes y humildes servidores públicos.  

         Como diría el expresidente Gaviria: “ciertamente” los soldados y policías no están viviendo sabroso, como tampoco lo está la inmensa mayoría de los colombianos a quienes el cambio está golpeando; vale la pena entonces hacer la ecuación que compare su situación con la manera como disfruta la novel burocracia, llena de hermanos, parientes, y amigos de los viejos zorros de la política, de los corruptos emergentes, de los nuevos ricos quienes, como hacían los traquetos de ayer, exhiben sus joyas, sus mansiones, y no se cansan de viajar allende nuestras fronteras.

                  Que la familia presidencial, que la señora vicepresidente y los suyos, que la nueva burocracia esté viviendo bueno, entre sedas y olanes, no es de extrañar, no estamos en los tiempos cuando el presidente de la República hipotecaba su estipendio para poder mercar; hoy los gobernantes, como ya es natural, y los políticos deshonestos, quienes no lo merecen, están jugando exitosamente al “quien quiere ser millonario”, porque como dijo un congresista mañoso, la alcaldía de un pueblo renta mejor que un cargamento y qué decir de los políticos que han financiado multimillonarias campañas con dinero sucio y los que venden y los que compran su apoyo y su conciencia, todos ellos convocan a un réquiem por la democracia, la cual está en cuidados intensivos, víctima del saturnismo, que es la enfermedad que causa el plomo y la otra calamidad, la generada por el oro.

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