Presuntos desinteresados

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Por GABRIEL ÁNGEL ARDILA

Quedamos en que un autor es amo y señor de la barca… La que le dé su gana airear. Y quedamos en que muchos que soplan con vientos anoréxicos podrían estar a disgusto con su propio derecho a respirar y por lo tanto … ¿Qué mejor callen!

Cuando alguien no tiene algo para aportar en la construcción de así fuere el sueño más pendejo, mejor haría en callarse. Y si algo de su vomitivo no le seduce, ni por sus propias arcadas, es porque ya está muerto.

La creatividad es mero relativismo, de lo lúdico que es intentar pensar o llegarlo a lograr: ¡pensar! Por eso nos ilusiona que se puede construir un discurso proclive a la sensación creativa de abordar algo, para llegar a alguna parte, así de eso no se pudiere evaluar o revaluar nada de lo ahí contenido.

Cuando un demonio de las muchas corrientes de esas didácticas jactanciosas decía a una ninfa nuestra que para crear o para demostrar inspiración «Hay que soyarse», aullamos muy duro y sin cerrar en temperatura tan extrema que la desmollejara; apenas logramos despertarla de ese malévolo consejo. Y empezábamos apenas nuestra ruta de una didáctica útil. Enseñamos por varios lustros a aprendices de diseño gráfico, de expresión oral de locución y comunicaciones que un profesional de cualquiera de estas especialidades, jamás debería actuar por simple «Inspiración». Dejensela toda a los poetas, a nosotros los profetas y a los poseídos de alguna divinidad… jajaja…

Producir hoy para inundar de tanta mentira estas redes y los medios ultramodernos de estas nubes, ya no necesita otro insumo que la voluntad para mentir. Y eso es tan fácil: basta no tener nada que demostrar o sustentar o autenticar. El palabreo libre en su absoluto, deja que cualquier tontería quepa. Resulta insólito que esa insulsez abra caminos y permita entendimientos. Pero eso es lo que les define: Anorexígenos como la fentermina, la anfetamina y la benzfetamina. Broncodilatadores como la efedrina y la pseudoefedrina. Antidepresivos como el bupropión y la venlafaxina. Aberrantes silogismos de su propia receta. Amén.

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