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LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

Actualidad¿Prolongar o finalizar la vida?

¿Prolongar o finalizar la vida?

En Colombia existe una legislación, que reglamenta el derecho a morir dignamente en pacientes terminales, que padezcan un sufrimiento inaguantable. Esta solicitud debe ser presentada y juramentada, en un acto libre y voluntario, por el paciente que, en pleno uso de sus facultades mentales lo requiera. Pensamos que el acto legislativo tiene sus ambigüedades, cuando con él, se quiere garantizar un derecho individual, del que no somos dueños absolutos.

¿Cuándo una enfermedad terminal, o condición patología se determina como grave? ¿Quién determina el tiempo que queda de vida o la irreversibilidad del proceso de muerte? ¿Qué diferencia hay entre enfermedad terminal y enfermedad en fase terminal? ¿Podemos determinar el tiempo de vida de las personas?

Cuando la resolución habla de una situación extrema de dolor, ¿a qué se refiere? ¿se puede establecer qué tipo de sufrimientos son insoportables, cundo sabemos que cada organismo y paciente es distinto? ¿Cuándo hablamos de dolor nos referimos a lo físico o a lo emocional? ¿Quién puede medir el dolor o es algo subjetivo? En los menores de edad, quien decide, ¿ellos mismos o sus progenitores?

Alguien argumentaba que se debe desterrar la manía de querer arreglar y controlar la existencia de los otros; que cada quien resuelva el modo de existir que quiera elegir, y de rematar como quiera su existencia. Argumento un tanto falaz, ya que se coloca a la voluntad de la persona como la fuente de lo que está bien o mal, convirtiéndonos en poseedores de la bondad o maldad del acto humano.

La bioética tiene claro que, toda terapia tiene valor si es para rehabilitar o restituir las funciones esenciales y vitales, y no para garantizar una vida vegetativa. La tarea del profesional de la salud es curar a su paciente y proporcionarle los medios para aliviar su dolor, pero no necesariamente recurriendo a tratamientos extraordinarios que posterguen su muerte. Una cosa es dejar morir y otra muy distinta hacer morir.

Si la muerte pertenece a la vida misma y la vida a la eternidad, como realización plena de la vida, somos responsables del comienzo de la vida y del fin de ella. El hombre no vive para morir, sino para vivir más y mejor, ello no implica que sea licito acabar con la propia vida, porque ella acarrea algún tipo de sufrimiento.

Padre Pacho

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