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LUIS FERNANDO CARDONA
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Punto de Quiebre

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Los momentos bisagra, la vuelta de la esquina, clave para la acción o momento de la verdad, son términos que se refieren a lo mismo. Un punto en nuestras vidas que se caracteriza por la transición entre las tendencias de una época de la historia y una nueva realidad. El término bisagra es acuñado por Will MacAskill y múltiples filósofos, politólogos y financistas que consideran que la humanidad se encuentra en un momento crucial que determinará su futuro o no futuro.

Cada generación en la historia ha considerado algunos instantes como únicos, porque suponen sucesos que han transformado totalmente sus vidas y que nunca más acontecerán. Sin embargo, a lo largo del tiempo vemos repeticiones de fenómenos similares, la vida es cíclica, por ejemplo las crisis financieras, como el “crack” (1929) y la gran depresión (1873) debida a la segunda revolución industrial y el final de la guerra civil de Estados Unidos;  Holocaustos como el Armenio (entre 1915 y 1918) y el Holocausto Nazi, Pandemias como la del sarampión de la que se dice tiene más de 3000 años en el planeta,  la viruela, la peste negra o bubónica (siglo XIV), la gripe española  (1918 a 1920), el VIH o SIDA iniciada en 1981 en África hasta hoy en día con el COVID 19 originado en China. Paradójicamente, pese a que el ser humano como individuo tiene un curso de vida similar al de sus semejantes, cuenta con escenarios contextuales y de recursos con aspectos diferenciales y por tanto sus resultados son tan únicos como una huella dactilar (AMC 2022).

Si consiguiéramos precisar los factores que transforman nuestra vida y pudiésemos aprovecharlos en favor de la construcción de nuestro ser y de nuestra sociedad en su conjunto, en el momento preciso en que estamos maduros para tomar una decisión y si al mismo tiempo, el colectivo de influencia lograra estar preparado para que florezca un proyecto, aprovecharíamos los momentos claves para transformar nuestras historias de una forma natural, fluida y justa.

Sin embargo, eso no sucede de forma natural porque depende del nivel de conocimiento, fe e intuición que se haya logrado construir en ese preciso momento de la historia. El hecho de  no contar con una formación eficiente que haya nutrido el intelecto de manera integral, sumado a un desarrollo espiritual limitado por la inconsciencia sobre las fuerzas superiores o desviado por intereses mezquinos del mismo hombre y unos valores corrompidos por el maniqueísmo adiestrado con el miedo y la injusticia, derivan en un ser humano poco empoderado que se niega a construir su propio futuro y añora las cadenas y grilletes que le ofrecen la seguridad de no enfrentarse a la incertidumbre de su propia libertad, y mucho menos al peso de la toma de decisiones y a la lucha contra sus impulsos desenfrenados. Vidas que son como vehículos sofisticados con conductores poco entrenados para manejar sus pensamientos, emociones, sentimientos y acciones.

No obstante, el mundo se transforma con nosotros o a expensas nuestras, con nuestra conciencia o desde nuestra inconsciencia, las fuerzas inerciales residuales de todas aquellas fuerzas que se mueven en el universo de arriba hacia abajo, de forma horizontal y de abajo hacia arriba, generan tal impulso que transforma de manera constante nuestro contexto, ya verá la mente humana en qué momento hace conciencia de lo oportuno, lo bueno, lo malo, lo positivo y lo negativo de cada transformación, momento y decisión; si lográramos colocar nuestras fuerzas en el punto exacto de alineación con las fuerzas existentes, ya presentes en el entorno, quizás conseguiríamos un impulso mayor en el flujo de las transformaciones y de las decisiones. La clave no estará en la plena conciencia o el pleno conocimiento de todo lo que sucede, ya que naturalmente es imposible ocuparse de cada noticia, proceso y momento.

Siempre habrá algo que escapa a nuestro pensamiento, pero nuestra ética estará a paz y salvo cuando lo que llega a nuestra conciencia, es utilizado para convertirnos en mejores personas que el día anterior, si permitimos que nos convierta en peores personas nos carga con sentimientos que hacen daño, que corroen los espíritus. Cuando el equipaje se ha llenado de culpas por errores reiterativos no corregidos, miedos a perder la imagen frente a los demás, a perder la vida, a lo desconocido, a perder los bienes materiales o a la soledad.

Si estos miedos nos han convertido en personas defensivas, aisladas, castradas, agresivas, el potencial humano de crecimiento se evidencia mermado, entonces esos momentos estelares, críticos de nuestra vida no han sido aprovechados para crecer sino para dejar de vivir plenamente; si se han borrado de nuestras mentes los bonitos recuerdos de cumpleaños, saludos, regalos, sonrisas, el compartir de este colorido y hermoso mundo que se reemplaza artificialmente por el dolor del pasado o el deseo de venganza que se apodera de un lugar amplio y especial de nuestra mente para albergar allí al verdugo mismo, quien se aprovechó, al infame a quien voluntariamente le donamos parte de nuestra energía e incluso de nuestra salud, como un parásito que habita en el cerebro y absorbe parte de nuestra vitalidad, aunque ya no esté presente en nuestras vidas. Si esto sucede, quiere decir que esos momentos difíciles vividos aún no han servido para crecer sino para reducirnos en intelecto y conciencia a la memoria de aquel, que tal vez ni siquiera recuerda lo que marcó para siempre nuestra existencia y que sigue presente en nuestras mentes y corazones, segregando el veneno gota a gota de un pasado oprobioso.

Es difícil el perdón y más aún la reconciliación, pero estos no son ejercicios para beneficiar a un victimario, sino para recuperar la paz interior y favorecer la construcción de un nuevo yo, una nueva identidad y libertad a través de un momento bisagra que dobló nuestra realidad, punto de quiebre que modificó nuestra historia.

En este momento tu vida está afrontando un punto de quiebre originado en el micro, meso o macro contexto, afectando una o varias dimensiones de tu ser: económica, cultural, mental, afectiva, emocional, espiritual, política, ambiental y/o social. Esta es la oportunidad para crecer, no la desaproveches. Así mismo, nuestra amada Colombia se encuentra en un punto de quiebre que exige la construcción de una nueva historia fundamentada en conciencias que se actualizan en las nuevas realidades.

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