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LUIS FERNANDO CARDONA
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ActualidadPUNTO Y LA LÍNEA SOBRE EL CINE. Primera parte   

PUNTO Y LA LÍNEA SOBRE EL CINE. Primera parte   

¨Nada es complejo, nada es difícil, nada es pequeño ni feo, todo tiene su perfecta proporción”

James Llanos Gómez

Encima de un plano en blanco existe toda la literatura a través del silencio, de la tela o la página. Puesta en escena que exige a la razón pura un diálogo entre el espíritu y la materia, un pensamiento que no cabe fácilmente en la cabeza de quien lo enfrenta, ni mucho menos de quien lo ve. El plano es una abreviatura del todo, es un área que provoca al pensador. Es una molécula gigante que lleva a los ojos del creador a recorrerlo en tan solo un golpe de vista. Es una zona que no tiene revés ni derecho, ni un arriba, ni un abajo.

El plano es un espacio abstracto sin límite ni medida. Es un territorio creado por el marco; los límites en grados son una coacción de la cámara fotográfica, cinematográfica y del ojo; pocas veces del oído y del mismo cuerpo, empero, a veces, el oído por donde uno escucha mejor (el que se coloca en dirección del sonido que describe la magnitud del todo, entra en ondas por el ojo). Esfera con propiedades e inteligencia que avizora el peligro, atisba la belleza, la fealdad y encuentra los susurros de la imagen, que de manera oblicua ve. Ojo vigilante, sentido visual, sonido, luz y silencio, proporción y medida: líneas, sucesión de puntos que crean un ritmo y configuran las formas, espacios y localizaciones; sosteniendo la arquitectura de la composición para  quienes conocen este lenguaje por imágenes (actores, actrices, los stakeholders acompañados de objetos y entornos), una trillo-nada sucesiva de puntos que conforman fotogramas, cuentan historias y anécdotas que pueden ser de (un) 1 minuto, 180 minutos o hasta de 16 horas, deslizándose en un espacio medido por el tiempo (pietaje),  definido a la vez por un espacio pequeño, grande o diminuto, que  se desborda como una sombra, una ilusión, donde confluyen lo visible y lo invisible en el pensamiento del ser, vislumbrado con tal rapidez, que sólo es posible “entenderlo” en  la  profundidad  y densidad del inconsciente.

Como en Blow-Up, una película italobritánica de 1966, dirigida por Michelangelo Antonioni,  con la actuación principal de David Hemmings. La historia toma como base el relato de Julio Cortázar, ¨Las babas del diablo¨, aparecido en el libro Las armas secretas, a su vez inspirado por un relato del fotógrafo Sergio Larraín. Descriptiva, perfecta, que se queda y luego se precipita sin permiso para poderse ver, desde instantes donde sobresale entre un millón de chispitas neuronales. Leonardo da Vinci afirmó: ¨…El ojo, por la experiencia de su oficio, ha sido, hasta mi propio tiempo, definido por infinitos autores de un modo: pero encuentro, por experiencia, que es otra cosa¨. (Naranjo Mesa, 2009)

Y posteriormente Kandinsky también sostuvo que mientras el punto solo es tensión, la línea es tensión y dirección. Las rectas se caracterizan por una cualidad expresiva de rigor formal.

Al volver sobre estas dos citas, escritas por dos expertos y separadas en las antípodas del tiempo, se complementan de manera decisiva. El primero es el detalle y el segundo la síntesis, pero resaltando lo mismo: la importancia del cómo mirar y de lo que se mira, elementos protagónicos que nos ayudan a entender el tema en cuestión.

En la realización de una película se entrelazan múltiples elementos: La producción, la comunicación, la destreza; además de las acciones, composiciones y signos que cohabitan en un mismo espacio, no sin esfuerzo: dibujos en parajes y estrías sobre un terso suave, realizados y construidos para cada uno de los que participan en él. Todo movimiento es una composición gráfica, continua y efímera. De la misma manera conviven múltiples dramaturgias: el guion, que no es el único discurso. La música, que es un verdadero discurso. La dramaturgia actoral, que indaga sobre esa relación orgánica, emocional del cuerpo con la imagen, con la palabra, con el objeto y con la vida misma, capturando esas relaciones que ubican al actor o actriz de una manera determinada en la escena. “No olvides que el objetivo final es llegar a poseer el secreto escénico, secreto que consiste en crear otra belleza”, postulado este del gran Gordon Craig; ya nadie después de él dejó de pensar en la tridimensionalidad, aportando el concepto de luz y corporeidad escénica; vasos comunicantes de la dramaturgia visual, donde el director de fotografía, propicia el equilibrio y densidad de la imagen, la profundidad y la apertura de la luz, pero ante todo descifra la ecuación en el que se concentran las masas determinantes en puntos, líneas entrecruzadas y trianguladas para consolidar una obra de arte que se compone cada segundo.

Lo anterior lo recuerdo cuando me pasmé al ver con ojo hábil a Betty Blue, la película francesa dirigida por Jean-Jacques Beineix que fue estrenada en 1986 con el título “37°2 Le Matin”, al igual que la novela.

El arte cinematográfico, el teatro y las artes visuales se condensan en el universo de un solo punto: “ese punto es de tanta maravilla (…). Qué profunda necesidad, todas las excepcionales características que participan en el todo, de las causas, son un milagro. La vista en retoñar y recobrar en su extensión; escribe cuánto hay en tu diámetro en las imágenes del ojo y cuánto se separan en el cristalino”. (Naranjo Mesa, 2009)

El recorrido que existe en el espacio mental y luego en el espacio real, sea para el cine o para cualquier área de las artes, es algo que lo determina el ingenio, quien saca a flote los momentos y estados creativos, producto de las experiencias, del estudio, la práctica, la contemplación, tanto del actor, actriz y el director. Todo puede ocurrir en un plano partiendo de un punto, para luego pasar a una línea que construya un determinado escenario y posteriormente, una acción por los protagonistas, que en algún sentido se desplazan en un espacio real, capturado luego por una cámara cinematográfica, llevada, así, a la pantalla gigante, construida desde la configuración tridimensional, es decir, que la observación y la complicidad de la sensibilidad sirven para ver, interpretar, interpelar y reflexionar; esta  habilidad construye el séptimo arte que existe en el tiempo y solo se revive a través de la contemplación.  

Volviendo al genio de Vinci en el siglo XV, este hablaba de 10 propiedades que el ojo y sus características anatómicas tenían, me parece que son definitivas para la conceptualización y consolidación de lenguajes que definen la estética de quien emite y recepta: lo que es bello, espectacular, feo, profundo, visual, trascendental y filosófico, violento o sencillamente tierno o excelso, estas son:

¨…las tinieblas, la luz, la corporeidad y los colores, la figura y la situación, la distancia y la propincuidad, el movimiento y la quietud. De estos oficios del ojo mi pequeña obra será un tejido, que recordará al pintor con qué reglas y de qué modos debe imitar con arte todas estas cosas, qué son obra de natura y qué son ornamento del mundo¨.

 Lo anterior tiene mucho que ver con lo que es cultura sintética y sistemáticamente, la observación como afecto. ¿Y la cultura? La cultura es un estadio del ser humano que permite entender el mundo desde distintas orillas: el saber, la espiritualidad, el arte, el oficio, el horror, la reflexión y fundamentalmente, la sensibilidad, entre otros, a través del cuerpo. Todo pasa por el cuerpo. Esta característica se construye y se nutre desde la visualidad del mundo extenso y sencillo. La serenidad del corazón, sentir-pensar, relación que abre los canales del ser en el entorno y su relación con él, incluyendo animales y plantas, desde la conexión e intuición sin subterfugios.

El tema que nos ocupa, está muy rumiado y desmenuzado por hombres y mujeres que nadan en aguas profundas y dan fe, que esta categoría (cultura) encierra muchas aristas. Ser culto no es aquel que esté desbordado de conceptos, filosofías, métodos de investigar o que tenga una biblioteca de 3000 libros. No, ser culto es una condición corporal, un estado espiritual, una mirada compasiva de admiración y afecto por todas las cosas, formas, colores, acciones o performance y arquitecturas sociales que han desarrollado un mundo de complejidades y a la vez de simplicidades, esto es lo que llamamos diversidad y amplitud del pensamiento en el mundo de las ideas.

Lo anterior incide en los instrumentos plásticos para proponer lenguajes de plano en el plano, para llevar todo al inmenso mundo de las imágenes (fondo-figura, plan moyen – plano medio, gros plan – primer plano, términos que, aplicados a una composiciones, sirven para representar una acción), que limitan con el razonamiento o que simplemente roba una exclamación de admiración y asombro (lo emotivo), esto es la magia del séptimo arte desde lo básico hasta lo complejo: el punto y la línea sobre el cine son los protagonistas. 

Tres cosas han pensado genios y estudiosos de la imagen, que son preponderantes en el mundo del arte y, con perfecta insistencia, en el universo asombroso del cine. El punto, la línea y, ahora, la perspectiva como ley artificiosa enseñada por los expertos en aritmética para entender el mundo de las imágenes dentro de los espacios. Estas son tres, apoyadas en el punto y la línea, en las que me detendré por un instante.

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