Sobre violencia e inseguridad y principio de autoridad

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Por LUIS FERNANDO CARDONA

Hace pocos días hicimos conocer nuestra preocupación por la inseguridad que campea en los centros urbanos del país y que se ha acentuado a causa de la pandemia cuando las prioridades de los gobernantes se han centrado en el control de la mortal enfermedad y la implementación del sistema de vacunación, restando importancia a otras preocupaciones tan delicadas como la seguridad ciudadana.

El vergonzoso espectáculo que nos mostró la televisión nacional, de hordas enfrentadas a las autoridades a sangre y fuego para impedir operativos policiales en un barrio de Bogotá, o el acecho de asaltantes al ciudadano inerme en cualquier calle de Pereira, Armenia o Manizales, rompe los esquemas hasta ahora conocidos, de protección a la vida, bienes e integridad ciudadana. 

En ese sentido, nos da la razón nuestra columnista Adriana Vallejo de la Pava cuando –citando los resultados de la más reciente encuesta de Pereira Cómo Vamos- manifiesta que: “La percepción de los pereiranos no ha mejorado frente a diferentes temas relacionados con la calidad de vida. Hay más pesimismo y mayor percepción de inseguridad, lo cual termina afectando la imagen favorable de la Alcaldía”, y agrega que los mismos “reflejan un deterioro frente a la anterior medición”.

En similar sentido se pronuncia el también columnista Alberto Villegas Agudelo en la edición del viernes 26 de marzo de El Opinadero titulado “Principio de autoridad vs. Violencia” (a quien, a propósito, le damos la bienvenida a este medio de comunicación donde le deseamos grandes logros).

No solamente por nuestra condición de líderes de opinión, sino además como padres de familia y simples ciudadanos estamos en el deber y el derecho de exigirles a nuestras autoridades municipales ejercer el principio de autoridad que les compete para controlar esos desbordamientos sociales que se evidencian, cada vez con mayor fuerza, donde los sujetos se comportan “sin dios ni ley”.

Comportamientos como los antes enunciados tienen sus orígenes en el desconocimiento de leyes y las normas que prometimos acatar, pero que muchos desconocen o pretenden ignorar en detrimento de los demás.

Es bien sabido que la educación nace en el hogar mas no en la escuela, pues es de los padres de quienes se recibe el ejemplo que construye caracteres y enseña valores y principios.  Y que las autoridades en este caso obran como los padres, ejerciendo su poder desde la racionalidad y no desde la emocionalidad, controlando los desmanes y señalando los caminos.

Se suma a nuestra preocupación el comportamiento de algunos visitantes a quienes situaciones extremas los llevaron a abandonar sus patrias de origen y emigrar hacia la nuestra en procura de hacer realidad nuevos sueños.  En este caso, parece necesario recordarles que las leyes rigen para todos.  Que en nuestra patria el desconocimiento de la norma no excusa su incumplimiento y que la vida y la integridad del ser humano son sagradas –en nuestra sociedad y en todas las naciones civilizadas-.  Nuestra solidaridad con aquellos que son víctimas del destierro y la miseria, pero nuestra advertencia en el sentido de que nuestra bienvenida está condicionada a un comportamiento similar al que esperan recibir de sus anfitriones.

1 COMENTARIO

  1. Respetado Director: importante denuncia que hace sobre la inseguridad imperante en el país.
    Cabe destacar la ausencia del estado en :
    >Los territorios dejados por parte de los integrantes de la guerrilla, luego de los acuerdos de paz.
    >En consecuencia territorios tomados por los actores residuales, desde el paramilitarismo, la guerrilla las bandas delicuenciales.
    > El imperio de los terratenientes en territorios donde circulan con el narcotráfico, la tala de árboles (para construir imperios hoteleros).
    > La pobreza generalizada , en el sector rural y urbano.
    >Desconocimiento por parte del desgobierno del subpresidente Duque del desplazamiento forzado de comunidades ancestrales, campesinos, raizales entre otras.
    >La llegada de la pandemia permite ocultar los flagelos anteriores y otros de índole educativo, en salud y demás.
    Se visibiliza el más deplorable: La corrupción, que atraviesa los poderes del estado: locales y nacionales.
    Es allí donde se produce el incumplimiento de la ley, de la norma, que trasgreden entre ellos para sostenerse en el poder, para eternizar su tiranía .
    SON los funcionarios corruptos los primeros generadores de inseguridad e influencia negativa para la sociedad, quiénes » suponen » que es la lógica con la cual debe funcionar el estado.
    Bueno sería que la autoridad local, nacional , se rija por preceptos morales, para dar ejemplo a quiénes gobiernan.
    Como planteó Inmanuel Kant :
    «Obra siempre como si la máxima de tu acción tuviera que ser erigida en ley universal de la naturaleza.»

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