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Política¿Qué seguirá?

¿Qué seguirá?

Por JAIME CORTÉS DÍAZ

Claro fue el agotamiento que comenzó a percibirse en las marchas por varios motivos, entre ellos, los de un largo tiempo de protestas (más de 45 días) sin que los que asumieron la dirección del llamado Comité Nacional del Paro (CNP), no teniendo pleno reconocimiento general, no entraron en la almendra de negociar los contenidos del denominado Pliego de Emergencia, con el distractor de una previa exigencia de 32 puntos como requisito para entablar la causa de fondo. Como veían presuntamente debilitada la entereza gubernamental, sus integrantes no se movieron un ápice al no condenar bloqueos, vandalismo, maniobras contra la integridad de las personas, los bienes públicos, privados y del comercio, replegándose a cada momento en eufemismos, distorsiones y culpaciones con lo cual pasaban las jornadas y cómo decía un locutor de fútbol “… y de aquello nada”. Pero en ese transcurrir sin ningún ánimo efectivo, desaprovecharon el reconocimiento de personería que en la práctica les otorgó el Gobierno para llegar a acuerdos, a pesar de su frágil representatividad, la misma que no supieron usar en el instante justo, lo que consecuencialmente trajo angustia en diferentes  sectores, incluyendo a los que también recibían los golpes del desempleo, el desabastecimiento, la carestía y los daños ocasionados por agentes de la perturbación permanente. De ahí los pronunciamientos descalificatorios que efectuaron organizaciones sindicales, productivas y comunitarias.  Más de once billones y medio  han costado hasta ahora los desafueros y tres y medio billones en el agro, perjudicando al campesinado con la pérdida de sus productos y cosechas. Entonces las contradicciones comenzaron a aflorar dentro de los sesenta miembros del CNP. La juventud que se ha constituido en el símbolo y motor del movimiento, no aceptó depender de esa organización y así el líder de Fecode lo reafirmó, dando además línea de combate “a largo aliento” para ir tras el poder en condición partidista.

El supradicho mando ante el desfallecimiento motivacional reflejado en la languidez de las últimas convocaciones, las ha congelado, pasando ahora la responsabilidad al Congreso de la República para que legisle sobre las materias intencionales, muchas en las que el gobierno ha señalado interés y viabilidad. ¡Ver para creer! Pero todo no es calma; interesados en los disturbios para distraer la presión militar en la lucha frente a estructuras narcoterroristas en el suroccidente y oriente del país, seguirán con desenfrenos tal como lo ocurrido esta semana en el atentado dinamitero en las instalaciones de la Brigada 30 en Cúcuta y las quemas de vehículos en carreteras y ciudades.

Previo al nuevo giro dado por el CNP, el candidato a la presidencia que antes alentaba desorden y bloqueos, sabedor de lo que se anunciaría poco después, manifestó que las movilizaciones y concentraciones no eran metodologías aconsejables. Aún el CNP no ha condenado de manera clara y firme estás acciones malintencionadas. La ciudadanía espera reconstruir pacíficamente entre todos un nuevo rumbo de la nación, teniendo en cuenta las voces que claman equidad, empleo, educación, confianza y oportunidades.

En el reto de cerrar brechas, heridas y odios, el sustrato de la pandemia debe tenerse presente. Parte del relajamiento en las inmensas demostraciones se palpa con el aumento de muertes y contagios que viene afectando a población de distintas edades, inclusive jóvenes de modo creciente, colapsando todo ello el sistema de salud. Este es el llamado de supervivencia que debe destacarse y acatarse con las medidas biosanitarias y la vacunación, a la par de promover la economía, el estudio y el trabajo, sin que se aumenten las desgracias por propagación del patógeno.

Colombia tiene una oportunidad increíble en levantar vuelo y las perspectivas dentro de Latinoamérica son de gran expectativa en inversión y crecimiento como lo han declarado los organismos financieros internacionales. No se puede desaprovechar esta prospectiva para crear condiciones de bienestar sostenible y cumplir con la deuda social.

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