Fundado el 9 de febrero de 2020
LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

Actualidad¡Que viva Pasto, carajo!

¡Que viva Pasto, carajo!

La plaza se llama Plaza de Nariño, en consideración de un patriota que fue derrotado en Pasto, pero que no fue fusilado por el pueblo de Pasto.

Pasadas las batallas del pantano de Vargas y del puente de Boyacá, donde los patriotas vencieron a los realistas en 1819, Bolívar y Santander pensaron que, con este triunfo, la patria quedaba completamente pacificada y libre de realistas alzados en armas. Pero no; la realidad es que aún quedaba una región al sur del país que continuaba en manos de los españoles: San Juan de Pasto. De ahí que el general Bolívar enviara en una cruzada al mariscal Sucre para que “convenciera” a las autoridades civiles y militares españolas de un sometimiento lo menos violento posible, dado que la población en general no era la más seguidora del bando patriota. Mejor aún, se sentían conformes con la presencia del gobierno español, quienes le permitieron continuar como propietarios de los resguardos a cambio de serles fieles a la corona española.

Este propósito de que indígenas y criollos pudieran ser genuinos propietarios de tierras, los convirtió en fuertes aliados del rey. La contrapartida era la lealtad, la que cumplieron a cabalidad. Esta posición de las gentes de Pasto la conocía muy bien Bolívar quien ya había sufrido una derrota militar ocasionada por los indígenas realistas en cabeza del general Agustín Agualongo, razón por la cual el mariscal Antonio José de Sucre, bien tenía en cuenta para completar la campaña libertaria. En relación con la actitud y la forma en que el mariscal Sucre cumplió la misión de pacificar la ciudad de Pasto, ningún escritor y/o historiador avala la forma dantesca en que procedió este mariscal para lograr el sometimiento de la ciudad. Todo lo contrario, todos hablan y la describen como la masacre del 24 de diciembre de 1822, ocurrida en Pasto, y conocida como la navidad negra.

La navidad negra

Pasto aún sigue recordando ese macabro 24 de diciembre de 1822, cuando más de 400 personas fueron asesinadas, y más de 1000 fueron reclutadas a la fuerza, aprovechando que la ciudad se encontraba militarmente desprotegida y en condiciones de haber pactado una rendición menos traumática. Pero no, la orden era la de sentar un precedente que se conociera en toda Suramérica, como una medida para desalentar aquellos que aún fueran afines al rey de España. Al respecto escribió el historiador Felipe Arias: “Se trata de un episodio de violencia que no ocurrió en ninguna otra parte de Nueva Granada y por eso quedó dentro de la identidad cultural del pueblo pastuso. Pasto no es singular por haber sido realista, porque también lo fueron otras poblaciones. Lo que hace singular su caso es que lo sucedido hace parte importante de la memoria histórica de la ciudad”. La masacre del pueblo pastuso empezó el día antes de navidad cuando todo el mundo católico esperaba la llegada del niño Dios, para celebrar tan magno acontecimiento.

Antecedentes de la navidad negra

El historiador Jairo Gutiérrez, en su libro “los indios de Pasto contra la república”, expone los motivos que indujeron a los indígenas de Pasto a oponerse al establecimiento del régimen republicano en su territorio y proponer la posibilidad de explicar su alineación con los seguidores de la monarquía, no por ignorancia o fanatismo, sino como una defensa de sus instituciones comunales, amenazadas por la instauración del nuevo orden promovido por las luchas independentistas. Uno de estos indígenas insurgentes y enemigo de las causas independentistas, fue Agustín Agualongo (1760-1824) considerado una verdadera pesadilla por el general Bolívar. Fue Agualongo un mestizo que ascendió por méritos propios de soldado a general brigadier del ejército español, en defensa -como el mismo lo dice- de la fe católica y el rey. Fueron muchas las derrotas que Agualongo le propinó a los ejércitos patriotas, incluido el mismo general Bolívar y el mariscal Sucre. En consecuencia el mariscal Sucre, que a mediados de 1822 fue derrotado por el general Agualongo, no dudó en atender órdenes del general Bolívar para proceder con sevicia y sin ninguna clemencia a masacrar a la población pastusa que se hallaba concentrada en la iglesia San Francisco la noche del 24 de diciembre de 1822,  y  que  hoy  se  conoce  ese  hecho  como  “La  navidad  negra”. El orgullo militar del mariscal Antonio José de Sucre se encontraba sediento de venganza contra los pastusos pues en noviembre antes de la masacre, el pastuso general brigadier Agustín Agualongo, lo derrotó en Taindalá cerca de Pasto. Con este precedente Bolívar, ordenó a Sucre, que al mando del batallón Rifles, “sometiera beligerantemente la ciudad sin ninguna clemencia». Esta patente de corso fue la que condujo a Sucre a llevar su venganza irrumpiendo en el templo de San Francisco y masacrar algo más de 400 civiles, la mayoría mujeres y niños.

Reflexiones sobre la “navidad negra”

El mariscal Sucre logró con una gran masacre de civiles pacificar el último bastión realista, pero que aún hoy el pueblo de Pasto no acepta esta forma violenta con que fueran sometidos sus habitantes innecesariamente, y los que ese día no tuvieron ninguna oportunidad de expresar su rendición, evitando así una masacre ordenada y ejecutada por dos generales de la república: Bolívar y Sucre.

Las retaliaciones y sus respuestas siempre serán desproporcionadas sin importar el lugar geográfico donde ocurran. Para Bolívar, el sueño de ver cinco países unificados bajo una misma bandera centralizada, se veía opacado y retrasado por no tener el control completo del sur del país al no contar con la sumisión del pueblo de Pasto, en la medida en que sus habitantes se sentían conformes con el gobierno español quienes les respetaban sus tierras, bienes y costumbres, que eran el propósito de sus vidas. Nada nuevo o mejor ofrecían del otro lado Bolívar y Santander. Siendo las retaliaciones ejecutadas por dirigentes que después de sufrir grandes derrotas, buscan (para resarcir su nombre, fama y prestigio) motivos para dar golpes certeros a sus rivales sin importar qué tanto daño pueda causarles, así se trate de masacrar la población civil, como en efecto ocurrió en San Juan de Pasto, el 24 de diciembre de 1822, aunque uno de los objetivos principales era la cabeza del general brigadier indígena Agustín Agualongo, quién logró sobrevivir a semejante holocausto.

Siendo del todo innecesaria esa masacre, la historia del honor y gloria, que traían en ascenso el general Bolívar y el mariscal Sucre, se vio empañada por ser los autores de ese acto de barbarie. Uno no alcanza a comprender hasta dónde puede llegar el odio y las ganas de triunfo, sin importar las consecuencias que se desprenden cuando el orgullo se resiente. En Pasto estos dos nombres que pudieron ser símbolos de paz, no son bien recordados a pesar de que los hechos sucedieron hace más de 200 años. Tal vez otra sería la historia,

Cuando nos preguntamos por qué la plaza de Pasto no se llama “Plaza de Bolívar”, la respuesta hay que rastrearla hasta el 24 de diciembre de 1822, donde con seguridad ningún pastuso querría ese nombre, por no ser el general de grato recuerdo en esta ciudad. La plaza se llama Plaza de Nariño, en consideración de un patriota que fue derrotado en Pasto, pero que no fue fusilado por el pueblo de Pasto. Hay quienes consideran que el nombre ideal de la plaza debió ser: “Plaza Agualongo”, aunque ningún gobierno local o nacional haya propuesto su nombre para exaltar la figura del único indígena que en las guerras independentistas fuera exaltado al rango de general brigadier. Esta es una discusión que completó 200 años y que con toda seguridad ganó Antonio Nariño, pues su estatua permaneció vigilante y erguida en la plaza de Pasto, hasta el 1 de mayo de 2021 en que fue derribada en protestas contra el gobierno de Iván Duque, pero su nombre Plaza de Nariño sigue en pie. ¡Que viva Pasto, carajo!

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí

Más articulos