Fundado el 9 de febrero de 2020
LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

ActualidadQuería que murieras

Quería que murieras

Dejé de alimentarte para que, de a poco te  disecaras, quise que murieras sufriendo de inanición, para verte en los huesos y sonreír, mientras disfrutaba como te consumías y te postrabas en tierra. Quise asesinarte, no lo niego, tu compañía se hizo insoportable, ruidosa, dramática y desgastante, y por elección dejé de darte de comer. Lentamente te tornaste dócil y complaciente, te robé el vigor, te quité el poder. Ya no participabas en las conversaciones de quienes  iban a visitarnos, no salías a saludar, te quedaste en el cuarto en el que te condené al exilio. Quitarte valor me hizo sentir poderosa y toda la energía que perdiste, yo la recuperé. Ufana me asomé al espejo, pero no pude encontrar mi propio reflejo. Te estabas yendo y la imagen de mí, contigo; Eras el lado mas oscuro de mi realidad, la verdad mas ácida, la palabra más cruel, el momento mas triste y, sin embargo, verte morir, no me causaba felicidad.

Mientras agonizabas en cautiverio, fingí mi libertad sin ti; te dejé bajo llave para que nadie pudiera ayudarte. Había ganado la partida, tu moribundo y yo airosa, tu suplicando Y yo burlándome de ti. No volví a abrir la puerta del cuarto que te apresaba; aunque intentaras aferrarte con todas tus fuerzas, para mí, ya estabas muerto. No volví a mirarme en el espejo, pero otros me hicieron ver que me faltabas. Empecé a pensar que lo poco era mucho, y al final terminé conformándome con nada;  Escuché tu voz como  un susurro que me halagaba por lo hermosa que estaba, que elogiaba mis sueños y mi inteligencia admiraba.  Me olvidé de mi, e incluso olvidé la fuerza que por dentro me acompañaba, perdí mis anhelos y mis esperanzas.

Sí, yo quería que murieras, pero al cometer el delito, supe que estaba equivocada, así que fui corriendo a casa y abrí aquel cuarto en que te ocultaba; sentí tu respiración tenue, estabas esperando que yo regresara, me senté a tu lado y te besé en la frente, no hubo necesidad de pronunciar palabra. Ven, toma fuerte mi mano y párate de la cama, báñate y ponte ropa limpia, quiero que camines a mi lado, ya no quiero que te vayas. Vuelve a la vida querido Ego, que sin ti perdí yo la mía  fingiéndome abnegada.

Déjame hacer un pacto contigo, quiero que regreses a mi vida, que compartamos el camino. Déjame observarte cuando aflore mi soberbia o mis molestas formas de suficiencia disfrazadas. Prometo corregirte sin tacto y recordarte lo que fue vivir en el rincón y con la luz apagada. A cambio, dejo que me mires en cada nuevo dia y me hables de mis victorias y mi valentía. Necesito que permanezcas cerca para que cuando me sienta minúscula me regales vigor con tu sonrisa; Y luego, cuando elevada vea todo desde arriba, entenderé que es momento de soltarte. Así viviremos, en el cielo y en el infierno, en la luz y en la oscuridad. Siéndolo todo sin ser nada.

 

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