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LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

ActualidadRapunzel, el Perro y el Brujo

Rapunzel, el Perro y el Brujo

OJO CON EL CINE

El cine colombiano todavía no encuentra una identidad ni una manera concreta de estilo, para contar historias con imágenes en movimiento proyectadas en una pantalla de un teatro.  Es decir, no podemos todavía, a pesar de contar historias muy propias, muy locales, muy autóctonas, la forma de hacerlo sigue siendo a brincos, con aciertos (pocos) y con desaciertos (muchos), pese a que, en técnica, en malicia, en inteligencia y en habilidad para intentarlo, hayamos avanzado en consideración.

Acabamos de ver una de las más recientes producciones, y si se quiere, muy cercana a nuestra región, a la zona cafetera, en donde el olor a potrero, a campo, a humedad y lluvia, a guerrilla, a ejército, a bala, a plomo de bala, a sexo violento, a madrazos y gritos, se torna brusca, coherente a veces, incoherente a veces, llamativa en cuanto a efectos a veces y brusca en lo mismo, en otras oportunidades y si se quiere, clara en algunos momentos, pero también confusa, en otras.

La cinta empieza con una narración en “off” que pareciera advertir qué va a suceder y cuando empieza a desarrollarse, ella misma se enreda porque pareciera que no hay claridad por parte de quienes la escriben y la conciben no tienen muy claro la especificidad de los términos que definen a sus participantes, a sus protagonistas, a sus personajes, reales o imaginarios que van a entrar y entran a escena, pero que no encuentran con claridad una determinación y definición y concreción con nitidez.

En la misma sinopsis que sus jefes de prensa escriben para contarle a los espectadores de qué se trata, confunden todo, diciendo que es una película llena de misterio y que es un thriller y que va a provocar a los que ocuparán una silla en la sala de proyección un susto y folclóricamente, además, colombiano. Como si los sustos fueran propiedad de determinados territorios.

Y dicen: «Wilson Herrera, un soldado profesional colombiano conocido como «»El Perro”, lleva más de 14 años secuestrado bajo el poder de la guerrilla de las FARC. Herrera aprovecha un enfrentamiento entre sus captores y los paramilitares para escapar, en medio de su huida se pierde en la espesa selva de los andes colombianos hasta casi fallecer en el monte. Después de un par de días de agonía es encontrado por Gilberto Echeverry, un campesino de la zona quién lo lleva a su casa para junto a su esposa arrebatárselo a la muerte. Al pasar de los días y en medio de su recuperación, Herrera se entera que Gilberto y su esposa Consuelo perdieron a su hija hace algunos años en mano de los «»Duendes»», pequeños seres mitológicos que se roban a los niños sin bautizar y a los cuales, durante los últimos años, Pedro el hermano mayor de Gilberto, trata de contactar para recuperar a su sobrina. Esta teoría genera un propósito en Herrera y abre la puerta para una verdad tan desgarradora que puede significar la libertad no solo de «»El Perro», sino, de sus nuevos amigos.»

1 COMENTARIO

  1. Definitivamente la prensa si da pesar con este tipo de argumentos, ni hacen ni dejan hacer, este columnista sabe más de maternidad de gallina que de cine

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