Fundado el 9 de febrero de 2020
LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

Actualidad Responsables somos cuando creemos por creer

 Responsables somos cuando creemos por creer

Siempre he querido conocer la historia del Cementerio Civil localizado en la avenida 30 de agosto a la altura de la calle 27 de Pereira.

Por fin se me dio la oportunidad de ir hasta allá y fue, precisamente, cuando el sepulturero abría una de las bóvedas u osarios para dos personas que esperaban su contenido.

Mientras esperaba, en la puerta de reja negra, vi que la primera tumba, entrando a la izquierda tiene el nombre de Santiago Londoño Londoño, 1878-1950.

Nunca pasé de la puerta. Mientras esperaba, llegó un señor vendedor de golosinas y cigarrillos en su cochecito y desde afuera saludó al sepulturero “Hola Arnobis”. El sepulturero lo miró con esa mirada agradecida por el saludo, pero no le contestó nada más y siguió en su labor.

El vendedor de golosinas y cigarrillos se acercó a mí con el ánimo de “ponerme conversa” y solo dijo: “Eh, lo que es la vida, no”. Inmediatamente pensé que se trataba de aquellos diálogos fúnebres en los que termina uno mirando al suelo, con el entrecejo fruncido y diciendo: no somos nada. Y para acelerar el diálogo atiné a decirle: No, no, todo normal.

Enseguida el vendedor de golosinas y cigarrillos me dijo que los científicos ya habían descubierto el infierno “Sí, ya lo descubrieron” manifestó con cierto entusiasmo, y más cuando notó que lo miré sorprendido. Y continuó: Hicieron un hueco y bajaron y bajaron y allá vieron cómo era eso por allá y hasta trajeron sonidos de personas llorando y todo eso, ya vieron que hay infierno.

En este punto, le dije. Eso hay que comprobarlo. Y el señor dijo: Ya, ya se sabe, ya los científicos lo saben y como le parece que después de eso, esos científicos se convirtieron. Lo interrumpí y le pregunté ¿Se convirtieron en qué? Y me dijo: No, pues, dejaron de ser ateos y se arrepintieron y (Y dijo algo más que no recuerdo con exactitud, porque yo estaba más empeñado en recalcarle que había que comprobar, tarea que a veces parece inútil, por demás).

Al señor vendedor de golosinas y cigarrillos, al que no pretendo ridiculizar en ningún sentido, le insistí en que eso había que comprobarlo., porque lo que sí han dicho los científicos es que el núcleo de la tierra registra mucho calor. Y, obviamente, el señor muy decente, pero obcecado en su creencia defendía su idea.

En resumen, qué le dije: Hay que comprobar qué científicos son los que usted menciona. Hay que comprobar en dónde está el hueco. (Debe ser de un diámetro en kilómetros) Hay que escuchar los sonidos que usted dice que grabaron. Cómo soportaron el calor del núcleo de la tierra. Qué es eso de que se convirtieron. En fin, cuando yo iba “embalado” con mis interrogantes, el caballero se fue alejando y diciendo que eso ya estaba comprobado y cerrando la conversación le contesté “todo eso hay que comprobarlo”.

A los que promueven estas falacias y fantasías hay qué decirles que están endeudados con todos aquellos a los que les infundieron esas creencias equivocadas. Son culpables, es la sentencia.

Pero, también nos asiste responsabilidad a quienes nos dejamos engrupir tales despropósitos. Y nos los dejamos engrupir por miedo. Porque nos infundieron miedo a ese fantasioso infierno y miedo a la venganza de ese dios que me iba a castigar si no creía en lo que me decían esos planteamientos dogmáticos de esa religión.

En conclusión, salir del huevo, romper la cáscara, sacar la cabeza para ver nuevas cosas, escudriñar, comparar, analizar, inducir, deducir, cambiar el contenido de mi odre viejo, darme la oportunidad de ganar rica y valiosa experiencia en otros ámbitos para seguir en el proceso de analizar, deducir y sacar conclusiones en un ejercicio razonativo continuo, es lo que nos ha faltado.

Ahí les quedo con mi mensaje. Soy de los que piensan que para uno demostrar que es buena persona no necesita de ninguna religión. Soy de los que piensan que somos espíritus encarnados en esta materia y que esta no es la única existencia como espíritus encarnados, sino que son miles e infinitas porque todo es vida. Soy de los que piensan que somos hijos de un creador de la vida que es la suma de todo bien, pero que no lo imagino como un ser humano que tiene barba y se muestra supremático en un trono, sino como el éter que en todo está. Estoy, simplemente, cultivando una idea razonada del creador y sigo buscando sin la intención de idolatrar cuando obtenga esa idea razonada de mi creador.

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