“Revolución cultural”

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Por Francisco Arias Escudero, padre Pacho

Un nuevo lenguaje cultural, empezó a imponerse desde la caída del muro de Berlín, nuevos paradigmas, normas, valores, estilos de vida, métodos educativos; una nueva normatividad que empezaría a regir la cultura del mundo, sin un adecuado discernimiento sobre qué es lo que realmente necesita el ser humano para su desarrollo integral.

Esta revolución cultural, controlada por la figura de la “sociedad civil”, hace su intervención, desde la base, con una nueva jerarquía de valores, donde el placer está por encima del amor, la salud y el bienestar por encima del sagrado don de la vida, los derechos de la mujer por encima de la maternidad, el poder individual por encima de cualquier forma de autoridad legítima, la ética por encima de la moralidad, el derecho a elegir por encima de cualquier ley natural o positiva, lo inmanente por encima de lo trascendente, el hombre por encima de Dios, el mundo por encima del cielo.

Una revolución cultural que estipula que el individuo para ejercer su derecho a elegir debe liberarse de cualquier marco normativo, ya sea en lo semántico (definiciones claras), lo ontológico (el ser), lo político (la soberanía del estado), lo moral (normas trascendentes), lo social (nada es prohibido), lo cultural (liberarse de tradiciones), y lo religioso (dogmas y doctrinas). Una revolución donde todo se permite, donde cada quien interpreta la realidad, llevándonos a seudodefiniciones y ambivalencias; individuos que se convierten en creadores de su propio destino y de un nuevo orden social.

Una ética que se jacta de eliminar jerarquías, con una forma de dominación sobre las conciencias, una dictadura relativista, que ofrece una deconstrucción de nuestra humanidad y sus creencias fundamentales. Una transformación cultural aparentemente inofensiva, pero con una máscara dominante y destructiva. Un enemigo que, con un modelo populista, impone conceptos como “equidad”, “Perspectiva de género”, “El poder de la mujer”, “La salud reproductiva”, “Maternidad sin riesgos”, “la no discriminación”, “El derecho a elegir”.  Una sociedad donde todo vale y es permitido. La experiencia ha demostrado que todas las dictaduras terminan autodestruyéndose, volviéndose insostenibles por sus propias contradicciones.

Hoy no existe una ley natural dada por un creador, cada quien nace libre e igual en dignidad. Cada individuo ejerce su libertad personal, lo que lo exime de cualquier ley llámese natural, positiva o divina. La autonomía como diosa, es la regidora de nuestra conducta y acciones. Una nueva ética que permite elegir frente a realidades que antes eran presentadas como intrínsecamente malas, como el aborto, el homosexualismo, el amor libre, la eutanasia, el suicidio asistido, el rechazo a cualquier forma de autoridad legítima o jerárquica.

Hoy somos gobernados no por los valores universales, que permitieron un orden internacional, sino por aquellos que nacen del consenso, valores ambivalentes, aprehendidos mediante una deconstrucción de la realidad y de la verdad e impuestos para un mundo global. Toda una revolución silenciosa, que ha permeado la empresa, la escuela, la universidad, la familia, la Iglesia, hurgando al interior de las instituciones, sin tocar sus fachadas, sutilmente llevándolas, a un cambio de mentalidad y de conducta, con una propuesta de soluciones efímeras, a todos los paradigmas de la humanidad.

Padre Pacho

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