Fundado el 9 de febrero de 2020
LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

ActualidadRíos, puertos, navegantes: historias y violencias de nuestra geografía.

Ríos, puertos, navegantes: historias y violencias de nuestra geografía.

Por la pérdida de la navegación en los ríos del país y la desaparición de los ferrocarriles que permitían transportar mercancías en grandes volúmenes y bajos costos, abundan los vehículos de carga; vías terrestres que permiten corrupción y coimas como la “ruta del sol”; peajes caros que en teoría dizque son cada 100 kilómetros, pero que en casos como el de Santágueda y los de Chinchiná, evidentemente “no se cumple la norma”.

Evoco en estas crónicas, el dolor y violencia vividas en muchas regiones de nuestra patria, con el silencio cómplice de los grandes beneficiados: partidos políticos, narcotraficantes, grupos armados, grandes empresarios y grandes medios de comunicación.

-Un joven peruano se enlista en la armada de su país y tras 20 años de recorrer los puertos del Pacífico y navegar ríos del interior, se pensiona y compra a “Milagritos” un barco de madera, con el que empezó a navegar por el río donde había patrullado cuando era militar, se dedicó a pescar paiches, bocachicos y bagres y era feliz vendiéndolos en Iquitos; en uno de esos viajes  cuando cargaba 800 bloques de hielo, sus días de aventuras terminaron en un recodo del Amazonas, cerca a Colombia su embarcación tropezó con unos palos escondidos en las oscuras aguas, rompiendo el casco de su barco de 25 metros, que empezó  a  hundirse velozmente; él y sus cuatro tripulantes subieron a una canoa que llevaban y miraron al caudaloso río tragarse el barco; estos náufragos, remando llegaron el mismo día a Santa Rosa, isla peruana de un kilómetro cuadrado, que flota frente a Tabatinga.

El poblado, tenía 300 habitantes que los acogieron y escucharon su historia; Víctor y sus tripulantes siguieron pescando en su canoa, con el dinero obtenido ellos regresaron a sus casas, él se negó a seguirlos; anclado en Santa Rosa y con el dinero atesorado pescando, hizo casa a la orilla del rio, montó una tienda que llamó  “Milagritos”: “le puse así para que el barco siguiera existiendo en tierra”, compró planta eléctrica para ver televisión, escuchar cumbias y enfriar cervezas de los tres países, que vendía especialmente sábados y domingos atendiendo turistas de las tres nacionalidades, su última esposa residenciada en Iquitos lo visitaba y surtía de mercancías para vender.

“Ya la isla creció y tiene unos mil habitantes. Unos van en el día a estudiar en Colombia y a trabajar a Brasil, pero vuelven en la tarde a su pequeño trozo de Perú, donde no hay ni una moto ni una cicla, pero sí una cancha de fútbol en tierra, donde se dan el lujo de jugar partidos internacionales” (El naufragio de milagritos, Luis Alberto Miño “El Tiempo”, viernes 25 de agosto de 2006, página 15-A). Chávez (Foto 1), en esa fecha tenía 55 años y llevaba 7 años en la isla, vivía de “Milagritos” esperando algún día comprar un nuevo barco, y volver a zarpar por el Amazonas.

-El primero de abril de 2001, el capitán Humberto Alvarino (Foto 2), hizo sonar la sirena del carguero Medellín y zarpó a su último viaje por el río Magdalena, nostálgico porque a sus 70 años había pasado la mitad de su vida navegando esas oscuras aguas, conocía sus afluentes y caños como a las líneas de sus manos. Dejó atrás la refinería de Barranca arrastrando con el remolcador las últimas cinco mil toneladas de combustibles de su vida; por el río ya no pasaban los vapores que en 1946 cambiaron su existencia.

En ese año, los barcos estaban atracados en todos los puertos del río Magdalena, una huelga tenía paralizado al país, pues el rio era el principal medio de comunicación para ir de la Costa Caribe al interior. En el puerto de el Banco, población del Magdalena sin luz, Alvarino recién salido del colegio a sus 16 años, era secretario de la inspección fluvial y escuchaba historias de los marinos anclados; desde niño iba al puerto para ver los vapores que echaban humo y traían orquestas; admiraba el traje blanco de Célimo Londoño, capitán del David Arango, un vapor con sala de cine, pista de baile y billares. La protesta terminó al mes y en 1949, después de la muerte de Gaitán, Alvarino dejo su escritorio y se lanzó a navegar en una lanchita con un motor de carro adaptado llevando maíz desde su pueblo a Puerto Berrio.

Eran buenos tiempos, las aguas permitían la navegación de grandes naves hasta La Dorada y Honda, por donde entraban a Bogotá desde perfumes hasta cervezas, pianos alemanes,  porcelana china,  y cristalería de Bohemia; más arriba en la ruta recogían café, quina, tabaco de Ambalema reputado como el mejor del mundo; pasaban remolcadores de dos pisos con hasta 2.000 reses de la costa para el centro del país; de puerto en puerto llevando maíz,  Alvarino se acostumbró a dormir en camarotes y no celebrar las fiestas que se cruzaran con su trabajo.

En sus 41 años en embarcaciones, comprobó que eran ciertas las leyendas de mujeres hermosas, baile y trago que escuchó siendo secretario; se deslumbró con la calle Colombia en Puerto Berrio “No había ni cinco ni seis bares, eran decenas que se iluminaban por todos lados. Había cantinas hasta con 30 o 40 putas en un mismo lugar”. “También conoció Barranca. A lado y lado de los rieles, por donde todas las tardes un tren traía de los pozos petroleros a los trabajadores de la Tropical Oíl Company se extendía una fila de cantinas y bares donde los clientes esperaban a las prostitutas francesas que habían llegado con la bonanza petrolera. Esa era la zona rosa” (El último viaje del capitán Alvarino, Luis Alberto Miño, “El Tiempo” domingo 8 de abril de 2001, página 2-3).

En los años 50, la violencia se extendió por los pueblos de las riberas, grupos de hombres paraban las embarcaciones en las orillas decapitando a los del partido contrario; a partir de los 60 al rio le cayeron todas las plagas: “El tren y las carreteras habían logrado reducir en horas los viajes entre la costa y el interior. Los motores Diesel hundieron a los vapores. El río murió. Vendieron muchas embarcaciones. El último vapor que intentó sobrevivir fue el David Arango Uribe, pero se le incendió una caldera y se quemó” (El último viaje del capitán Alvarino, Luis Alberto Miño, “El Tiempo” domingo 8 de abril de 2001, página 2-3).

La vida cambió, cerraron los bares, las damiselas se quedaron sin clientela, los capitanes que quedaron transportaban pasajeros a pueblos sin carreteras como Magangué y Mompox; Alvarino obtuvo licencia de capitán de primera y guio a muchos marineros a ser capitanes.

-Toñito, fue el último niño bautizado por los curas franciscanos que cada año pasaban bautizando recién nacidos y casando a sus padres en la región del Atrato, quienes no volvieron cuando esa región se llenó de paisas dedicados a comerciar maderas y al narcotráfico; no fue a la escuela porque no había y a nadie le interesaba aprender a leer habiendo radio, los viejos sabían sumar y restar para saber cuánto les debían los aserríos de Riosucio, tres días abajo, donde vendían sus maderas.

Le gustaba mirar los barcos grandes que pasaban por el Atrato; cuando acompaño a su tío a Riosucio, allá los barcos eran grandes como las casas, tenían techo, estufa y televisión y hasta criaban gallinas “Uno puede vivir allí toda la vida sin bajarse porque a que se baja si todo anda con uno; van hasta Cartagena jalando madera y vuelven trayendo remesa, duran hasta los días en llegar y los días en volver. Mi tío me decía que había barcos más grandes que esos en el mar, pero yo no le creía” (El barco turco, Alfredo Molano, Lecturas Dominicales “El Tiempo” 15 de julio 2001, páginas 6 y 7).

Su tío era muy recorrido, conocía Quibdó, Istmina, donde los ríos corren al revés y van a otro mar; había trabajado en el aserradero en la boca del Rio León, que recogía la madera de todos los ríos,   disgustó por un dinero que le debían los patrones, al irse a las malas mató a un hombre, huyó y no volvió a salir, había aprendido el precio que pagaban por las maderas y se lo contó a los aserradores del rio Curvaradó, por eso lo mandaron matar.

Un día pasaron guerrilleros con dos heridos que murieron pese a recibir ayuda, esa que nunca negaron a quienes llegaban al poblado; las  gentes del rio Curvaradó aguantaron tres años comiendo mal para no regalar sus maderas, hasta que llegaron otros paisas cargados de dinero y les pintaron el negocio de la coca, al principio todo fue bien, pero un día llegaron armados y les rebajaron el precio de compra, cuando reclamaron porque el trato no era ese, los increparon: “Uds.  Tienen tratos con la guerrilla, cosa que no permitiremos más”, pagaron lo que quisieron, y se fueron sin despedirse; regresaron en la madrugada a quemar los ranchos, sacaron a los mayores los amarraron, balearon y asesinaron a casi a todos; Toñito se salvó porque su abuelo lo había escondido y advertido de no salir, cuando pudo escaparse, las balas lo siguieron silbando cerca de él.

Tres historias de nostalgia; dos con el telón de fondo de las violencias que nos agobian, que no se resuelven, que siempre causan tragedias en las regiones más apartadas, entre las personas más humildes y excluidas por el abandono  cómplice del estado, caso de la martirizada región pacífica, en especial en Nariño, Cauca y Chocó.        

4 COMENTARIOS

  1. Saludos Danilo.

    Mientras las grandes potencias utilizan los ferrocarriles y los rìos para su progreso, acà en
    Colombia se hace todo lo contrario. Polìtcos asquerosos que no miden la gravedad de sus
    decisiones, afectando el desarrollo y progreso de una naciòn, demostrando un amor por la
    pobreza y miseria de los demàs.

    Yo viaje en tren desde Cartago hasta Buga y en Autoferro(Tren de dos vagones), espectacular ese viaje, porque era muy ràpido por ir en linea recta y con un paisaje espectacular.

    Respecto a los rios no me tocò ver nada con relaciòn a la navegaciòn pero los rìos se han prestado para
    mucha violencia. Me contaba un padre de familia que por los lados de Girardot, en la desembocadura del rìo Bogotà con el Magdalena desaparecìan las personas por medio de un Caimàn. Tenaz historia y por estos lados el rio Cauca, un verdadero tobogàn de la muerte. En fin, este es nuestro paìs, con luces y oscuridades, pero lo ùnico cierto es el retraso econòmico al no aprovechar tanto los rìos como los ferrocarriles.

    Muchas gracias y feliz dìa Danilo.

    • Hola Isdaen,.mil saludo para UD y familiares: los ríos son vías naturales de comunicación, la violencia en Colombia los ha convertido hasta en cementerios, vivo ilusionado de que reconstruyan las vías férreas, para dar un paseo y disfrutar. Mil bendiciones .

  2. Mil gracias por su gentil comentario Don Néstor: épocas inolvidables y una violencia que ni para, ni desaparece porque de ella se benefician grandes capitalistas. Mil saludos y bendiciones.

  3. Muchas gracias Don José Danilo,por compartirme sus tan acertados comentarios, con los cuales nos transporta a esas épocas en que el progreso del país, ingresó por nuestros ríos, y también nos recuerdan los tiempos desafortunados de la cruel violencia que ha castigado a nuestra sociedad.

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