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LUIS FERNANDO CARDONA
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ActualidadRodear a la fuerza pública

Rodear a la fuerza pública

La violencia genérica que padece la nación presenta un pico acelerado en el primer semestre como respuesta a los golpes dados por el gobierno a capos, cabecillas y bases de estructuras dedicadas al narcotráfico, secuestro y terrorismo, con lo cual el accionar va contra personas denotativas y otras que han sido remitidas en extradición a los Estados Unidos. No obstante, surgen delincuentes que reemplazan a los ausentes, revestidos de mayor criminalidad para destacarse como modelos de miedo y acatamiento. También infieren analistas que se trata del cambio en el Poder Central y ven como una oportunidad (cierta o dilatoria), la manifestación del presidente Petro de estar dispuesto a ofrecer “paz total” a los grupos irregulares, dividiendo el contexto en negociación con el ELN y sometimiento legal al resto de forajidos. Y es que en cantidad han crecido más que cuando las Farc eran dirigidas por el Secretariado. Un número superior a 12.000 tienen los que integran las tres bandas de calado: disidencias farianas, ELN y Clan del Golfo, pero las cifras se elevan con “los Rastrojos”, “los Caparros”, “los Shottes de Buenaventura”, “la inmaculada de Tuluá”, “los Pelusos” (EPL), “los Mexicanos de Quibdó” y otros subgrupos que delinquen en casi todo el país. Los que han mostrado interés en la “paz total”, connotan el ambiente con daño, asesinando en “plan pistola” a miembros de la policía y el ejército, cuyo aliciente es pagar a delincuentes de distintas pelambres sumas que oscilan entre 5 a 20 millones de pesos para atentar y matar, aún en tiempos de descanso o en sus hogares delante de sus familias; y se dice que ofrecen 2 mil millones si los sacrificados son generales de la República y por el presidente Duque 7 mil millones. ¿Qué están buscando? Que para llegar a la mesa de “paz total”, lo hagan en apariencia fuerte, y ante el temor de la sociedad, puedan sacar beneficios de mejor alternativa por una presunta dejación de armas.

¿Qué pasará después? Si se atiene a lo sucedido en el pasado con las Farc y Pablo Escobar, es muy probable que muchos se queden en la senda de la ilicitud y refuercen sus filas. En un negocio, por fuera de la ley que sea, mientras haya demanda para consumir, como es el caso de los narcóticos, habrá quien satisfaga la apetencia, en paz o en guerra.

Que pesar para Colombia esta maligna situación en que las víctimas propicias para establecer un nido tenebroso que les dé “gabelas” a los victimarios, sean hombres y mujeres jóvenes, servidores del pueblo con la convicción de ofrendar por él su vida, pero sin merecer esta manera inmisericorde de los Agentes Generadores de Violencia (AGV). En los últimos meses seregistraron más de treinta asesinatos a policías y militares, cifra descomunal en cinco años atrás. Esto hace recordar la malhadada época terrorífica de Pablo Escobar. Hoy, junto con líderes sociales y ambientales, policías y soldados son mártires inmediatos de la paga ensangrentada.

Los deseos son infinitos por la iniciativaprogramática del presidente Petro, a sabiendas que los caminos siguen sembrados de minas explosivas, pero bien vale el riesgo de semejante esfuerzo en sus justas proporciones.

COMUNICADO: El Comité Intergremial de Risaralda como parte de la sociedad civil, eleva su voz de protesta y rechazo por los crímenes en serie cometidos con alevosía y a mansalva contra la vida de policiales y militares, actos que repugnan a la ciudadanía sin distinción alguna. Un país no puede gozar de libertad, seguridad y orden, si no se respeta la integridad de sus autoridades que sirven con dignidad y disciplina los intereses de toda la comunidad. Los asesinatos perpetrados buscan arrodillar a las gentes de bien y hacerlas sentir desprotegidas por la acción cobarde de narcoterroristas que buscan desequilibrar las instituciones republicanas, pero que, con la decidida colaboración de todos, los ilegales no pasarán.

El empresariado y sus gremios hacen llegar a los estamentos de la Fuerza Pública y a los familiares de las víctimas, sus sentimientos de solidaridad y de fervor patrio, y piden a las organizaciones internacionales su participación en la defensa de los derechos humanos del personal uniformado.

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