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LUIS FERNANDO CARDONA
Director Fundador

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Sanar Desde El Origen

En este mes de las madres, escribo no a las madres sino a los hijos, no a los que aman profunda, sana e incondicionalmente a sus madres, sino a aquellos que llevan a cuestas la vergüenza de tener un amor tibio por ellas, quienes no comprendieron su forma de relacionarse y comunicarse.

Porque sus madres, tratando de entregarles elementos para que sus hijos pudieran desempeñarse de forma óptima en la vida, en medio de situaciones sociales, económicas, políticas, culturales limitantes y complejas, parecían duras. Al punto que el simbolismo de la chancla y la correa, fueron lo más cercano a toda una cultura de esfuerzos, métodos e intentos contradictorios por construir disciplina, espíritu de esfuerzo, respeto y amor.

Para muchas personas ese pasado les ha marcado de forma permanente dejándoles resentimiento, tristeza y desamor, otras agradecen porque a través de esos controvertidos métodos lograron hacer conciencia y transformar comportamientos, pensamientos y emociones que les conducían a la infelicidad; porque no para todos sirven los mismos métodos.

Ahora, pasada esa historia, sea bien asumida o no, es necesario sanar para poder crecer, al no hacerlo, los seres humanos terminamos odiando una parte de nosotros mismos. Esto no aplica para todas las personas, pero sí para una gran mayoría, quienes inconsciente o conscientemente han odiado a sus antepasados y a su propia historia, debilitando su identidad.

Si una parte de su interior no está en paz, el resentimiento se convierte en maltrato a otros o autocastigo. Por tales motivos este texto busca protegernos de nosotros mismos, abandonar las celdas del pasado, ampliar la conciencia, asumir el deber de sanar y olvidar la idea de aguantar, disimular u ocultar lo que no nos gusta.

Pero sanar puede ser fácil si te lo propones, aunque requiere del deseo y compromiso genuinos.

Todos como madres y padres cometemos errores, algunos de ellos obedecen a vacíos o situaciones generacionales que nacen de los paradigmas predominantes en un momento de la historia, así que, si culpas a tus antepasados de tu historia, piénsalo muy bien porque quizás sus errores no fueron de ellos sino de toda una generación

También es cierto que no siempre lo que queremos es lo que necesitamos, si culpas a tus antepasados de tu historia tal vez ellos te dieron lo que necesitabas, mientras tú pedías algo diferente. Quizás querías tener lo que no te convenía, la mujer más hermosa o el hombre más apuesto, pero no querías el mejor o la mejor. Querías dormir hasta tarde, pero tenías que levantarte a estudiar, querías ganarte las cosas en un chasquido de dedos y necesitabas aprender a valorar lo que tenías y a ganar lo que querías

Si, aun así, no encuentras argumentos para dejar de culpar a tus antepasados de tu historia, piensa que todos los recursos que ahora tienes deben ser puestos a la orden de la mejora continua de tu carácter.

No tendría sentido estar en este mundo, si no fuese para aprender cosas que nuestro ser no sabía. Un ser puro, con una vida perfecta y sin defectos, tal vez sea el más incapaz de resolver un problema, porque no conoce las dificultades ¿Cómo va a saber la forma de enfrentarlas si nunca lo ha hecho? Así que tu madre y tu padre hicieron lo mejor posible y ahora están en ti.

Tú tienes la conciencia y el deber de terminar de criar y llevar a la madurez en todas las dimensiones a ese ser que está en tus manos y que eres tú mismo.

Respeta y si es del caso, perdona a tu madre, que representa al ser sagrado que produce vida desde sus entrañas, se ha especializado en cuidar, ha asumido una tarea más dura que cualquier otro ser humano.

Si muestras tu gratitud y amor hacia tu madre, quizás por el solo ejemplo, tus menores harán lo mismo pero lo más importante, es que tu conciencia estará liviana y podrás gobernar tu propia vida.

Ama y respeta a tu madre y a tu padre porque ellos no siempre estarán en presencia, pero su esencia está en ti y perdonándolos a ellos, te perdonas a ti, comprendiéndolos a ellos, te comprendes a ti y amándolos a ellos, te amas a ti.

Esa es la sanidad que tu alma y tu mente necesitan.

5 COMENTARIOS

    • Es una pregunta tan simple como compleja, yo diría que nuestra alma tiene tanta plasticidad como nuestro cerebro. Pero hay dos cosas que no ayudan mucho, la memoria y el ego, porque en realidad tenemos la posibilidad de olvidar, sinembargo la memoria mantiene no solo las imágenes sino las emociones intactas, al tiempo que el ego se apega a esos recuerdos como un melancólico arabalero que desea escuchar de nuevo esa canción que le recuerda las heridas, revictimizando en cada instante su pobre alma adolorida, el ego es un mal consejero que nos hace creer que somos los mismos a lo largo del tiempo y a pesar de las experiencias, es el que se siente derrotado hasta no lograr la revancha y aún después de tener revancha una y otra vez nunca sacia su deseo de reafirmarse e imponerse, pero tú alma a pesar de las heridas vuelve a sanar si logras desplazar el ego durante un breve tiempo mientras limpias en tu vida la emoción hiriente que cargan los recuerdos del pasado, así el alma se repara.

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