Semana de pasión

3
186

Por ERNESTO ZULUAGA RAMÍREZ

Esta época será para los colombianos una verdadera semana de pasión. Pero no me refiero a la tradicional celebración del viacrucis de Jesús. Esta semana será aterradora para mis compatriotas y no podrán evitar sentirse como el cazador que, sin municiones, tiene un encuentro sorpresivo con un felino en medio de la selva. Todo está perdido. Encomendarse a Dios es tal vez su último pensamiento si es que el pánico lo deja pensar. Si el animal se detiene un momento, nuestro personaje reflexiona: «Diosito, gracias por hacer que esta fiera no tenga hambre y se haya apiadado de mi». El pobre ingenuo no sabe que lo que la bestia está pensando es: «Diosito, bendice este alimento que voy a recibir». Así estamos los colombianos frente a la llamada «Reforma Social», otro eufemismo al que nos tiene acostumbrados este gobierno y que cree sirve para anestesiar el dolor que nos produce la palabra «tributaria».

Al analizar los pormenores de la propuesta, que por cierto la va soltando poco a poco como si así doliera menos, cualquier ciudadano no puede menos que sentir el mismo espanto que vive la esposa de Jack Torrance (Jack Nicholson) en la mejor película de terror de todos los tiempos — El resplandor— cuando su desquiciado marido destroza con un hacha la puerta del baño donde ella se encuentra escondida. ¡Sabe que será destripada!

La clase media colombiana es un grupo cada vez menor de compatriotas que sirven de tiro al blanco en cada reforma fiscal. Todo lo soportan, nadie los defiende, eligen pero no tienen dolientes, de manera estoica aguantan y aguantan y al final simplemente terminan por dejar su estrato y engrosar el creciente grupo de la «pobreza extrema». Esto es lo que llaman «empobrecimiento ilícito» y se castiga con más impuestos. Tienen güevo quienes creen que subirle el IVA a los huevos, al chocolate, a la leche, al arroz y a la energía (entre otros) es castigar a los ricos para darle a los pobres. Robin Hood Carrasquilla es un tecnócrata que seguramente desayuna con pancakes y cereales y que jamás hará política porque la odia y le parece mezquina. Ninguna de las medidas que propone para la reforma tributaria afecta su bolsillo y ahora sí que no tengo dudas: Alberto debe ser un banquero colombiano de esos que nunca pagan impuestos.

En esta Semana Santa incluiré a los pensionados en mis oraciones. Bienaventurados sean porque de ellos es el déficit fiscal. Por culpa de una minoritaria élite corrupta que se pensionó con regímenes de excepción en los que jamás cotizaron lo suficiente para merecer el valor de sus mesadas, los pensionados honestos de Colombia tendrán que asumir la solución a la crisis de la nación. A mis hijos los animo diciéndoles que no se preocupen por envejecer porque cada vez serán más importantes y el Estado nunca los olvidará. Por cierto, se me acaba de ocurrir que quizás por eso no tengo nietos. Mi Diosito sabe cómo hace sus cosas.

Aunque este sea el país del Sagrado Corazón no creo que lo que están proponiendo sea verdad. Debe ser una estrategia. En un año de refriega electoral una propuesta como esta es un suicidio que conduce inexorablemente al abismo y uno no sabe que es mejor, si dar un valeroso paso al frente o irse a vivir a Venezuela. Solo atino a pensar que la reforma social no es más que una estratagema y que en pascua el «Gran Colombiano» saldrá energúmeno y dirá que esta reforma es un atentado a los colombianos y que hay que negarla. Fungirá de «Salvador» y todos aplaudiremos al verdugo.

3 COMENTARIOS

  1. Completamente de acuerdo, total a salirle al paso a esa reforma y a cambiar totalmente el congreso y Presidente en los procesos que se avecinan, el pueblo y la clase media no aguantan mas

  2. Completamente de acuerdo, DR. Zuluaga: ese eufemismo de «reforma social» reafirma el engaño recurrente, al cual somete este gobierno al pueblo colombiano. Es triste pero es real: qué gobierno tan horrible el que nos tocó soportar en este cuatrenio.

Deja tu comentario

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí